Rosario otra vez es noticia como lo es Buenos Aires. La energía eléctrica en crisis. El verano intenso, agresivo, cruel. Rosario arde. Los reclamos se suceden, las medidas heroicas no llegan. Los responsables no existen, se han volatilizado. ¿Dónde están? Tal vez disfrutando de las tan imprescindibles vacaciones en literales paraísos (léase: La Florida, no). Se lo merecen, trabajaron en exceso. Los que están, los que estuvieron, no pensaron que Rosario iba creciendo paulatinamente. Pasaron varios gobiernos, como mínimo dos signos políticos diferentes. Ellos se fueron, el viejo sistema de distribución de energía quedó. El aumento poblacional creció de manera singular a través de los nuevos emprendimientos inmobiliarios. Todo se moderniza. De tecnología ni hablemos. Pero la EPE ya parece un elemento de colección. Alguien de mente superobtusa dijo sin ruborizarse: “Y el intenso calor, el uso masivo de acondicionadores”. Un funcionario del Ministerio de Transporte de la Nación tuvo expresiones desafortunadas cuando el accidente en Estación Once: “Si el siniestro hubiese ocurrido en día domingo, las víctimas serían mucho menos”. Pero claro, tal vez en pleno invierno, el consumo sea mucho menor. El verano está instalado; los estrategas, bien gracias. Muchos de los que ya no están han formulado el juramento de rigor “qué Dios y la patria se lo demanden”, se fueron, mejor dicho, muchos de los que contribuyeron con su miopía mental han cambiado de lugar. Cambiar para no cambiar nada. ¿Alguien se los demandó? Ni un fiscal en nombre de la patria se los ha demandado. Incumplimiento de los deberes de funcionario público: una verdad de Perogrullo. Aspiro a un puesto, total no pasa nada, el sufragante pierde la memoria. Amparado por un eufemismo aberrante sigue apoyando con su voto a personajes que, muchos de los que no están, perciben jubilaciones de privilegio. ¿Un premio a la indolencia? Por cuestiones de familia tuve que hacer un viaje a Europa, a una de las siete islas de España. Me imaginaba Argentina Año Verde, como una parodia de un país de maravilla de un viejo programa cómico televisivo. El dinero estuvo y está, pero bien aprovechado. Eso de que en todos los lugares es lo mismo es una falacia de aquellos que desconocen la realidad y que no saben admitir que la corrupción a raudales es una verdadera piraña que todo lo consume. Desprecio absoluto, ya sea por incapacidad, por ignorar al soberano, se aprovechan de la idiosincrasia de un pueblo al cual ven con la pluma en la frente, como se supone que tenían en los tiempos de la Conquista. Argentina padece un mal endémico: la tolerancia y la burla de que se postulan, aún a sabiendas de que su actuación pasará sin pena ni gloria. A no gobernar pensando en el pasado reciente. No hay retorno, miremos hacia el futuro pero tocante a la energía eléctrica.


























