Como persona nacida en la ciudad de Añatuya, provincia de Santiago del Estero, no pude evitar mi sorpresa con motivo de la noticia titulada "La realidad de Añatuya", aparecida en este diario el martes pasado. Citando a la Fundación Adoptar, La Capital denuncia el "supuesto" tráfico de 30.000 bebés en los últimos 30 años. Ni siquiera en el caso de que toda la población de mi ciudad natal se dedicara a traficar bebés se podría llegar a cubrir la cifra livianamente consignada. Tan absurda resulta la información vertida que en Añatuya no existiría el natural recambio generacional por la trata de personas o de bebés. Lo expuesto en modo alguno implica desconocer las evidentes situaciones de precariedad, abandono y miseria que sufren muchos de mis coterráneos, pero no puedo dejar de señalar la equivocada información vertida a instancias de personajes cuyas veladas intenciones ignoramos y que desde hace más de cinco años a esta parte se han convertido en denunciantes patológicos con finalidades desconocidas. Denuncias como las consignadas llevaron incluso a la literal "remoción y excavación" del Hospital de Añatuya bajo el argumento de que allí se encontrarían bebés enterrados, aunque hasta la fecha no se ha encontrado un solo cuerpo. Igualmente, llama poderosamente la atención que habiendo transcurrido más de 30 años del denominado "tráfico de bebés", hasta la fecha ninguno de los "traficados" haya siquiera intentado indagar sobre su identidad.





























