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La educación de nuestros hijos

Señor lector: si usted tuviera un negocio y sus empleados tomaran decisiones que perjudicaran sus intereses, sin consultarlo a usted ¿qué decisión tomaría sobre ellos?

Martes 23 de Septiembre de 2014

Señor lector: si usted tuviera un negocio y sus empleados tomaran decisiones que perjudicaran sus intereses, sin consultarlo a usted ¿qué decisión tomaría sobre ellos? Ni más ni menos, esto es lo que la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires realiza al aprobarse una resolución por la que los alumnos de las escuelas primarias públicas y privadas puedan pasar de grado a pesar de tener algunas materias desaprobadas; al eliminarse las notas 1, 2 y 3, entre cuarto y sexto grado; al establecer que se podrá pasar de año con materias previas; al convertir el boletín de calificaciones en Libreta de trayectoria; y al evaluar a los alumnos con “Muy bueno”, “Bueno”, “Regular” ofreciéndoles nuevas posibilidades para que aprueben. Señor papá, señora mamá, yo les pregunto: ¿Creen ustedes que estas decisiones son convenientes para sus hijos, para ustedes padres y para el resto de la comunidad? Si cree que esto no debería ser así, alce su voz, proteste, hágase sentir. Usted es el que manda, es el soberano en un gobierno democrático. Considere que está en juego el futuro de sus hijos, el nuestro y el de nuestra Nación en este tipo de decisiones. Porque cuanto más precariedad tengan los chicos en la base de la educación adquirida, menos posibilidades tendrán de salir airosos cuando alcancen un nivel superior, de donde serán literalmente cepillados. Y, a partir de allí, errarán buscando opciones de estudio que no existirán, o trabajo que mucho menos conseguirán. Si usted como padre o madre, acepta para su hijo el facilismo que le ofrece el gobierno en la educación de sus hijos, se equivoca fatalmente. Porque estas decisiones conllevan a un vaciamiento intelectual y una limpieza sutil de estudiantes para las universidades de los tiempos venideros. Tenga en cuenta lo que dice Dios: es mejor entrar por la puerta angosta que por la ancha. Las cosas fáciles (que no requieren demasiado esfuerzo), no suelen tener buen término.

Daniel E. Chavez / DNI 12.161.930

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