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La compañía porteña Cas Qú! muestra la magia de vivir los sueños

Mostrar una nueva generación de circo, impregnada de los clásicos condimentos pero renovada por la frescura juvenil es la propuesta de la compañía conformada por artistas de circo callejero y de teatro.

Viernes 12 de Septiembre de 2014

Mostrar una nueva generación de circo, impregnada de los clásicos condimentos pero renovada por la frescura juvenil es la propuesta del Circo Cas Qú!, una compañía conformada por artistas de circo callejero y de teatro, con más de diez años de experiencia y miles de kilómetros recorridos por distintos países de Latinoamérica y Europa. El circo Cas Qú!, que participó del Festival Internacional de Teatro que finalizó el miércoles y que ahora continúa con funciones de su espectáculo "¡Viva la variedad!", está formada por los artistas porteños Sabrina Melo, Dolores Ruiz, Roque Niklison, Carlos Malone y Bruno Gagliardini, quien contó todos los secretos de la mágica vida circense .

—Se describen como un espectáculo de circo contemporáneo en una carpa tradicional, ¿qué elementos clásicos poseen y cuáles le aportaron desde su juventud?

—Somos todos artistas callejeros desde hace más de quince años. Siempre vimos el circo tradicional de carpa como el origen de todo lo que hacemos nosotros y le tenemos mucho cariño. El espectáculo es un vistazo del circo antiguo pero con ojos nuevos. Subir las gradas y sentir el perfume a pochoclo genera una atmósfera mágica. El circo, históricamente, es un espectáculo para toda la familia, y es algo que nos hace muy felices, así que está pensado para los chicos y los grandes. La idea no es que el padre lo traiga al hijo, sino que vengan a pasarla bien juntos. Y desde ese lugar, tenemos el trapecio y los malabares, y cada uno de nosotros, como somos artistas multidisciplinarios, hacemos el rol de payaso.

 

—¿Cómo lograron tener su propia carpa de circo, el sueño de toda compañía?

—Nuestro sueño siempre fue tener la carpa propia, pero no era fácil, porque para movilizarla ya teníamos que pensar en tener un camión y una casa rodante, y eso significaba tener armada una estructura mucho más grande. Pero hace algunos años, Rocke y Luli, que fueron los ideólogos, decidieron construir ellos mismos la carpa de circo. Y después de hacer este gran esfuerzo, nos llamaron a nosotros, sus amigos, para hacer el sueño realidad. La manera de hacer esto es a pulmón, con el entusiasmo a flor de piel: montamos la carpa entre todos, uno hace la prensa, el otro hace los malabares, otro está en la boletería... y todas las actividades que requiere el circo. La carpa es algo para compartir y permite crear un espectáculo pensado para la carpa, en cambio cuando uno trabaja en la calle, como nosotros hacíamos antes, te tenés que adaptar al espacio que te toca.

—¿Es fundamental tener alma nómade para formar parte de un circo?

—El circo hace que uno resigne ciertas comodidades. Claramente la vida de circo es sacrificada porque requiere un entrenamiento continuo y además es necesario viajar. Uno pone todo en la balanza; viajar es maravilloso porque conocés gente nueva, paisajes nuevos, a veces te bañás cómodo o a veces te toca bañarte con agua fría. Son pequeños sacrificios que se hacen con gusto. Antes de tener la carpa tuvimos la suerte de recorrer todo Europa, de Moscú a Madrid, con nuestros espectáculos de circo y teatro callejero.

—¿Cómo ves la movida circense en Argentina comparada con otros países?

—Dentro de Latinoamérica, Argentina siempre fue un lugar innovador. Creo que nuestro país despierta la creatividad por el hecho de ser "busca". Como acá las cosas son complicadas, uno tiene que ser creativo. Si querés entrenar, no hay una escuela de circo con profesores, ni un subsidio para crear espectáculos, ni tantos festivales donde mostrarlos, como sí pasa en Europa, donde cuentan con todo eso y una gran infraestructura. Pero a veces la comodidad genera falta de compromiso. En Argentina, como uno hace las cosas a pulmón, la única manera de hacerlas es con el corazón: levantarse a la mañana, ir a entrenar, salir a hacer funciones, construir uno mismo la escenografía y el vestuario. Entonces en ese sentido, el circo en nuestro país es muy visceral, se hace desde el corazón y las entrañas, y eso es maravilloso. En Rosario, tienen el lujo de tener a la Escuela de Artes Urbanas, el espacio es hermoso, está muy bien equipado, es gratuito y con buenos profesores. Es muy lindo lo que sucede acá.

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