Hace unos meses leí un informe en La Capital sobre la actividad de los empleados del cementerio La Piedad, donde nos explicaban los desafíos que asumen todos los días frente a un trabajo no valorado y subestimado por la mayoría de los ciudadanos y gobernantes. Acompañé a un amigo a realizar una reducción de un familiar y pude comprobarlo. El personal no cuenta con ningún tipo de protección básica para el trabajo que realizan (máscaras, guantes adecuados), teniendo en cuenta que su trabajo es "crítico" y la exposición a todos los riesgos es elevada. No todos los uniformes tienen el logo que los identifica como empleados municipales y algunos lo tienen incompleto. El trámite iba lento y consulté con los sepultureros sobre sus condiciones de trabajo. Para mi sorpresa comentaron que debían soportar hasta inundaciones (por caño roto) en el lugar de vestuarios y es describir las condiciones de los baños para el personal. En la parte administrativa, el pago por el trámite y la compra de una urna para el traslado (que no es obligatoria) los costos varían de acuerdo al cliente. Los invito a reflexionar sobre la tarea que llevan diariamente dichas personas que merecen al menos disponer de un espacio confortable para cambiarse, higienizarse y sentirse protegidos, cuidados y contenidos emocionalmente en el trabajo que realizan.
































