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Imposible no reaccionar

Hace unos días, publicaron una carta mía referida al ejemplo de amor y gratificación humana que significaba que dos padres hubieran adoptado un niño con síndrome de Down. Leyendo cartas del  pasado sábado 6, una de ellas, titulada “En torno...

Jueves 11 de Septiembre de 2014

Hace unos días, publicaron una carta mía referida al ejemplo de amor y gratificación humana que significaba que dos padres hubieran adoptado un niño con síndrome de Down. Leyendo cartas del  pasado sábado 6, una de ellas, titulada “En torno a la violencia”, firmada por Miguel Decunto,  me vuelve a movilizar los sentimientos. Aunque en este caso, hacia el lado más alejado imaginable y totalmente opuesto al percibido con aquel acto de legítimo amor. Todo gracias a mi salud mental que por obligación social me impide olvidar tantos lamentables criminales y hoy irrepetibles gracias a Dios y al pueblo argentino, actuaciones de oscuros personajes en nuestro país. Esta persona se manifiesta ofendida en su particular modo de pensar y sentir, por lo que para él significaba una sociedad perfecta, en respuesta a otra misiva (que no pude leer) pero que según dice pretendía defender a delincuentes, quienes de un modo u otro alteran el orden y la tranquilidad social. Emitiendo inconscientemente (o tal vez no) un término de rasgos autoritarios, propios de las clases dominantes, dice: “Me atrevo a encarar a ese sujeto”, evidenciando una conducta de muy peligrosas raíces. Prefiere encarar antes de confrontar. El señor dice en  su particular modo que padece vivir hoy en un país regado de cadáveres, donde en dos años ha sufrido dos robos, y remata con una reflexión, producto de un no resuelto conflicto intrapersonal, causante de un evidente dilema. Estas cosas con los militares no sucedían. Imposible no reaccionar ante semejante desvío de personalidad, reflejo de una evidente y manifiesta patología milicoide, que adopta según su particular y dañosa connivencia. Utilizando sin mediar la más mínima vergüenza social, el término “derechos humanos”. Comparable con ciertos brotes de nazismo que hoy percibimos por las noticias europeas.  Cuál es la condición humana que permite diferenciar, aceptando o condenando, qué significa un país regado de cadáveres, 30.000 torturados, desaparecidos, cientos arrojados desde un avión al río de la Plata, incontables búnkers clandestinos de detención, donde traficantes de  la moral, de los derechos humanos y de la vida de las personas violaban, torturaban y asesinaban personas. Más de trescientas inútiles muertes en el Crucero General Belgrano, más de mil muertos cuyos cadáveres descansan en Malvinas, más de mil ex soldados con amputaciones o pérdidas de signos vitales. Una economía dañada por decenios.  Sería digno preguntarles a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo qué piensan de semejante deleznable y tan retrógrado modo de pensar. Años de violencia y asesinatos en masa que usted canjea y añora por haber recibido dos robo en dos años. ¿Sabe por qué hay tanta violencia, estimado señor?;  muy simple… porque una vez en las páginas negras de la historia de la Patria esa gente a la cual hoy usted idolatra y añora inculcó su temeraria y asesina idea de que al enemigo no hay que detenerlo, juzgarlo y condenarlo, como lo hacen las comunidades civilizadas,  sino que simple y llanamente hay que matarlo. Por suerte hoy, aunque con muchísimos errores, cosa que comparto, ese derecho de ser juez, fiscal y verdugo, que usted inconscientemente pretende reivindicar, no está incorporado en una misma persona o una sola clase social como lo fue en la triste década del 70, y de la cual aún quedan evidentes trasnochados y melancólicos descendientes. Esto sí se palpa sin discusión, ¿no le parece?
Norberto Ivaldi
norbertoivaldi@gmail.com.

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