El pasado viernes 9 de mayo debería haber expuesto mi trabajo periodístico “Pedagogía y libremercado” en el XI Congreso de Pensamiento Argentino organizado por la Asociación Mutual de Trabajadores del Arte, la Cultura y afines (Amtac) y Amsafé seccional General Obligado. Pero no pude hacerlo. Es una historia que merece contarse. Las posibles “razones” de ese no a mi exposición en el Congreso realizado en Reconquista fueron: 1) que acepté presentar mi libro “El crimen educativo”, a las 19, en una sala de un profesorado estatal “sin pedir mínimamente” permiso a Amtac; 2) que el docente, amigo e integrante de una cátedra de Derechos Humanos que organizaba la presentación del libro, Matías Ruiz Díaz, investigó y publicó en internet sobre quién iba a ser uno de los expositores del Congreso: el teniente coronel (R) y ex carapintada Santiago Alonso. Búsquese sus antecedentes por Google y verá quién es Alonso. En definitiva: nos parece que este tipo de actitudes nos retrotraen a épocas oscuras que los argentinos no deseamos volver a vivir, máxime en instituciones que aseguran promover el pensamiento y defender la educación pública.




























