El 23 de mayo pasado me dirigí a la estación de colectivos de la ciudad de Las Rosas, para arribar el coche con destino a Los Cardos, en el horario de las 13,40. El coche llegó en el horario estipulado de las 13,30. Pasaron los 10 minutos de espera obligatoria y cuando llegó el horario de la partida éramos siete personas esperando para subir. Al ver que no sucedía nada y ya habiendo pasado unos minutos de la hora, me acerco al conductor Diego Pagliaro y le digo que el horario de espera se había cumplido y le pregunto cuándo salíamos. El señor, con demasiado desdén, me dice que me quede tranquila que iba a llegar a horario a mi ciudad. A lo que le respondo que no me interesa eso, si el horario es 13,40, por qué todavía estamos parados esperando que llegue su compañero de no sé dónde. Me dice que me acerque a la boletería y que le diga a su compañero. Cuando le expongo la situación al señor Diego Guevara, me dice que el horario es 13,45hs. Le digo que me está mintiendo en la cara porque claramente en el boleto dice 13,40. Entonces cambia su versión y argumenta que si sale a horario llegaría cinco minutos antes a destino, y pasaría de largo sin la gente que debiera arribar allí. Mi respuesta es que si sale cinco minutos después indefectiblemente tendrá que ir más rápido que la velocidad permitida para cumplir con el recorrido. Este señor no solo me estaba mintiendo en la cara, cosa que se lo dije, sino que todo el tiempo me trataba de “chiquita” como si por ser más joven o ser mujer mis palabras carecieran de seriedad. Por supuesto si salimos más tarde, llegamos más tarde. Dos más dos siempre es cuatro. Arribamos a Los Cardos a las 14,04. Mi hija de tres años ya había entrado a su salón de actos y ya había visto que su mamá no estaba. ¿Los señores Pagliaro y Guevara se bajaron a explicarle a mi hija que ellos deciden por los pasajeros? Obviamente no. Y así estamos por gente que decide por uno sin hacer las cosas como corresponde.





























