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Hay que buscar una salida

Se amanece en nuestra ciudad no con el trinar de los pájaros en su remolino de esperanzas, sino con la angustiante información de nuevas víctimas de la enloquecida carrera por el control del mercado de la droga, de la prostitución o de los...

Viernes 19 de Septiembre de 2014

Se amanece en nuestra ciudad no con el trinar de los pájaros en su remolino de esperanzas, sino con la angustiante información de nuevas víctimas de la enloquecida carrera por el control del mercado de la droga, de la prostitución o de los vueltos no efectivizados de coimas y corruptelas en los distintos ámbitos de la superestructura de la sociedad. Los negros nubarrones que en nuestro cielo no permiten ver la luz de la esperanza son emergentes de funcionarios nacionales y/o provinciales incapaces de erigir una política que barra definitivamente con los males sociales que nos aquejan. Se ganan elecciones con dineros malhabidos aportados por personeros que regentean la corrupción y blanquean el dinero sucio manchado con la sangre de una juventud a la que le están robando el futuro. Todos los estamentos del poder son cómplices necesarios de la catástrofe que se avecina, sus ambiciones personales ciegan toda posibilidad de imponer una política para recuperar las riquezas nacionales que día a día se entrega a los grandes monopolios y/o multinacionales; es más fácil hacer megacontratos de compra con los imperios que impulsar y crear industrias nacionales que den trabajo genuino a la población cada vez más atrapada en la pobreza, es más fácil prometer proyectos que nunca se ejecutan que desarmar las instituciones abrazadas por la corrupción. No existen en el orden nacional y provincial proyectos que impulsen el accionar concreto de hombres y mujeres que revolucionen este estado de cosas que gradualmente conducen al abismo. Los hombres y mujeres de nuestro país deben tomar conciencia de la necesidad de ser protagonistas y no delegar la construcción de un nuevo tipo de sociedad que instale nuevos valores, de lo contrario avanzamos hacia un abismo de muerte y destrucción.

Amílcar Monti

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