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Gastón Pauls vuelve al cine con "20.000 besos"

La comedia dirigida por Sebastián de Caro sobre las dificultades afectivas de un grupo de amigos. El actor trazó un paralelismo entre los personajes y la sociedad.

Sábado 19 de Octubre de 2013

Gastón Pauls volvió al cine con "20.000 besos" la elogiada ópera prima del actor y humorista Sebastián de Caro, actualmente en cartel en Rosario. Pauls, que dice que no le "interesa dar entrevistas" o "cada vez menos", se mantiene, sin embargo, hiperactivo detrás de su limitada exposición. Además de esta película en la que trabaja junto a Walter Cornás, Alan Sabbagh, Eduardo Blanco, Clemente Cancela y Alberto Rojas Apel como un grupo de amigos en crisis, filmó tres películas en Chile, una en Cuba, otra que comenzará pronto en Argentina. Para televisión grabó la miniserie "Santos y pecadores" y se puso al frente de otros dos proyectos que se estrenarán pronto: "Dos solos" y "Otra verdad". En "20.000 besos", dijo, los personajes son como "niños viejos o viejos niños" enredados en los juegos del amor, y a través de esos "niños" que necesitan que los guíen, habló de cine, la televisión y la actualidad.

—Volviste al cine y con otra comedia, después de "Días de vinilo"...

—Que sea otra comedia es una casualidad porque hice otras películas antes que todavía no se han estrenado, pero sí, se juntaron dos comedias. En realidad lo bueno en esta peli, para mí es haber laburado con Seba (Sebastián de Caro), porque es mi amigo, es mi hermano. Sabía de esta historia hace muchos años y cuando me ofreció un personaje me emocionó muchísimo. Ya había trabajado con él en "Montaña rusa", que ahí arrancamos los dos, él tenía 18 y yo 22. Después seguí viéndolo, e hicimos "Todos contra Juan". Que en realidad fue una idea de mi mujer. Yo estaba armando el elenco y pensaba posibilidades para alguien que hiciera Tony, que era el amigo de Juan, y mi mujer me dijo "es Seba de Caro". Y estaba en lo cierto.

—Como siempre aciertan...

—Como siempre. (Risas) Y cuando no aciertan nos hacen creer que aciertan y nos convencen.

—El tono de la película gira en torno a las relaciones entre hombres y mujeres, en este caso cuatro amigos que no terminan de decidirse si seguir o no en la adolescencia...

—Para mí, tiene mucho de De Caro. De Caro es esto, es este niño viejo o viejo niño. Creo que Seba va a seguir en ese estado de por vida (risas). Más allá que pueda llegar a tener hijos. Pero me pareció muy honesto. Yo lo conozco a Seba y no digo que esto sea autobiográfico, pero tiene muchos colores de su vida. Y conozco mucha gente de este estilo en determinados círculos. Muchos de mis amigos son iguales de nerd que él. Saben de memoria el elenco de "Volver al futuro", de "Star Wars", en qué mes se filmó cada escena, cosas que a uno algunas cosas le parecen relevantes, pero otras no.

—¿Qué lectura hacés detrás de la anécdota?

—Para mí es una historia sobre el fin del amor. La película empieza con la ruptura de una pareja y cómo un hombre intenta junto a sus amigos que intentan guiarlo, rearmar su vida, o recomenzar las aventuras amorosas. Hay una frase de Cortázar que le cae como anillo al dedo a esta película: "Como si se pudiera elegir en el amor; como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en el medio del patio". El personaje protagónico, de Walter Cornás, se enamora de una idiota, una tarada. Y es eso, cómo a veces no elegimos.

—Lo que decís de los niños viejos es un fenómeno que se extiende...

—Creo que tiene que ver con que el mundo de los adultos es terrible, muy salvaje, violento. Y de alguna manera es injusto. Me parece que la gente en general quiere seguir adentro de la panza de mamá y cuanto más tiempo mejor, que me siga cocinando mi vieja, que me defienda mi papá.

—¿Se puede hacer un paralelismo con la actualidad, en el sentido de que sería necesario alguien que oriente, que indique qué hacer?

—Sí... La famosa frase "Síganme, no los voy a defraudar" que la tira un tipo y la sigue un país. En general la historia de la humanidad está llena de casos de guías o locos visionarios que creían ver la salida a este quilombo; lo seguían 40 millones de personas y chocaban contra la pared. Me parece que necesitamos como guías. En realidad es bastante triste. No hay nada más interesante que ir descubriendo el propio camino.

—O votar y equivocarte...

—Totalmente. Hace poco leí un reportaje maravilloso a Liliana Herrero y decía "más que nunca respeto el error". Como (si dijese), quiero equivocarme. Estamos en una sociedad cada vez más exitista y perfeccionista, entre comillas, porque creo que es todo lo contrario. Más errores ahora que nunca... Pero la sociedad no acepta ni permite los errores cuando en realidad es la base fundamental, la prueba y el error.

—Los niños eternos también parecen reflejarse en cierta inclinación hacia la nostalgia...

—Yo le doy dos lecturas. Una es solamente una cuestión de moda medio cool chic, ahora queda bien esto. Esa es la más livianita de las interpretaciones. Y la otra es que creo también que cuando uno se encuentra ante ciertas situaciones de este presente que son tan oscuras y de tanta desesperanza para muchos y de choques contra paredes, uno dice atrás, en el pasado, había cosas interesantes también. Por ahí había algunas ideologías, posiciones, expresiones que pueden ser rescatadas. Pero igual sigo creyendo que todo eso lo que hace es impedir que haya prueba y error. Vamos a probar cosas nuevas, de todas vamos a sacar alguna interesante.

—Estás volviendo a la televisión con "Santos y pecadores"...

—En realidad es una miniserie de trece capítulos. Yo grabé uno. Es un ciclo de "Televisión por la justicia" de todos casos judiciales. A mi me tocó interpretar a un fiscal que descubre un caso de apropiación de una empresa durante la dictadura, que lamentablemente es bastante actual el tema y todavía está en nuestro presente; empresas relacionadas a los militares se apropiaban de empresas particulares a través de medios poco claros y poco lícitos. Después grabé dos ciclos para canales digitales. Uno es "Dos solos", son trece charlas que tuve con Maradona, Campanella, Darín, Pergolini, Capusotto, Fito Páez, el Kun Agüero, Mollo, Oreiro, Echarri, Diego Torres. Ahí participé como entrevistador. Y el otro es "Otra verdad" y es un ciclo de trece falsas entrevistas a famosos. Allí ellos mienten. Veía mucha mentira en muchas entrevistas y en mucha gente y dije vamos a hacer un ciclo de mentiras. Me interesaba que era sobre temas que en general a los famosos les cuesta reconocer. Uno de ellos reconocía que era adicto. Otro violento. Otro bipolar, otra que dijo que había nacido hombre. Es una serie donde inventan una historia y sobre el final se aclara que es ficción.

—¿Estás intentando posicionarte de nuevo después de lo que pasó con tu productora?

—Sí y no. Hubo algo que en breve la Justicia está dictaminando, y dentro de unos meses se terminará de saber qué fue lo que pasó (con la productora Rosstoc) y dónde voy a terminar, que es en un lugar que siempre supe que es el de inocencia total, y eso se sabrá. Después, más que reinserción es una constancia en el laburo. Al año del quilombo ese laburé en "Un año para recordar". Y después no me dan ganas de hacer televisión. Estoy haciendo cine, estuve filmando tres películas en Chile, una en Cuba, cuatro acá que se irán estrenando. Lo que sí ocurre es que no me interesa dar entrevistas, cada vez menos. O en casos muy puntuales. Entonces uno también toma la decisión de alejarse de ciertas cosas que no han manejado alguna gente de la forma que pensé que lo harían. Más que como reinserción lo tomo también como una elección.

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