Esta carta es en respuesta a la publicada por la señora Carmen Escobar el 20 de agosto bajo el título "Sí a la carrera de galgos". Señora, la carrera de galgos es una actividad ilegal en la provincia de Santa Fe. El legislador provincial Alberto Monti presentó un proyecto para permitirlas pero solo logró el repudio de miles de ciudadanos que expresaron categóricamente su oposición a la iniciativa. Esas personas, en su gran mayoría jóvenes, según la numeración de los DNI que acompañan las firmas de su carta, se pronunciaron contra la explotación comercial de los galgos y condenaron la violencia ejercida sobre el vulnerable e indefenso animal. Las nuevas generaciones manifestaron su apoyo a la Declaración Universal de los Derechos del Animal (Unesco, ONU) sabiendo que con su actitud no solo defendían a las víctimas de las apuestas sino también a todos los seres vivos, incluidos por supuesto los niños. Quienes desde el presente se proyectan hacia el futuro desdeñan la contraposición de derechos en un ecosistema planetario que incluye a criaturas diversas. Contraponer los unos a los otros o establecer comparaciones reduccionistas solo sirve a los objetivos de quienes nunca se hicieron presentes para asegurar el ejercicio de ningún derecho, sean estos de los seres humanos o de cualquier otra especie. La comunidad santafesina comprendió que quien emplea un perro en su propio provecho lo aliena de su esencia, lo utiliza en beneficio de su narcisismo o lucro y no admite ser cómplice en la enajenación del valor primordial de todo ser: la vida conforme a su condición natural. Los galgos tienen una disposición especial para correr y resulta importante que la ejerciten en sitios abiertos y amplios que les permitan disfrutar su destreza. Este desenvolvimiento de sus habilidades está en las antípodas de las exigencias estresantes y crueles de una competencia que solo beneficia el ego y el bolsillo de los organizadores. Competir es un concepto propio del hombre. El deporte es una forma de darle asidero. Por eso quienes compiten, quienes practican el deporte son hombres y mujeres. Seres humanos que conocen las reglas, la comprenden y aplican. No existen "animales deportivos" solo usufructuamos el término en beneficio de fines que nada tienen que ver con la etimología de la palabra. El siglo que comenzó nos enfrenta a crisis imprevisibles pero sobre todo nos da la posibilidad de cambiar. Ojalá que el fin de la explotación comercial de los animales se transforme en una realidad y sean otras las utopías.


























