Después de la tragedia de Once, el gobierno nombró a Alejandro Ramos como nuevo secretario nacional de Transporte. Su función es, desde su sede en Capital Federal, coordinar y estar al frente en la responsabilidad del área de transporte por aire, por agua y por tierra, tanto ferroviaria como automotriz en todo el ámbito del país, sin duda una tarea muy ardua y compleja debido al gran deterioro que padece el transporte en todos sus aspectos: trenes con mal mantenimiento y tragedias permanentes, rutas destruidas con accidentes y muertes a diarios, etcétera. Pero al señor secretario nada de eso le preocupa, pues su función está sólo concentrada en la provincia de Santa Fe en una campaña meramente política para candidatearse a gobernador. Por eso recorre a diario la provincia (para las demás provincias no existe) participando en todo tipo de actos (ajeno a su función de secretario de Transporte), desde entregar DNI, hasta ferias, shoppings, exposiciones, planes de viviendas, etcétera. Su foto figura en todas actividades, por más inverosímiles que sean y de paso entre tantas “arduas tareas” le alcanza el tiempo para denostar al gobierno provincial. Pero eso sí, como fiel obsecuente con el gobierno nacional, defiende toda la política corruptiva y desastrosa, inseguridad, inflación, pérdida de empleo, pobreza extrema en alto porcentaje de la población, todas consecuencia de la década ganada o robada. Se supone que el secretario habrá renunciado a percibir sus haberes, de lo contrario sería un fraude cobrar para hacer política.






























