Para la señora jueza Graciela Carciente de Santarelli: si no lo viven no lo entienden, no lo sienten. ¿Alguien puede ponerse en nuestro lugar, en el lugar de padre, abuelos, tíos, hermanos? Qué sentirían si desde marzo de 2011 hasta hoy no pudieran abrazar, besar, jugar, ver crecer a tu hijo, nieto, sobrino, hermano? Imposible de explicar lo que vivimos día a día, fuimos acostumbrándonos a saber que está pero no está, está presente en cada segundo de nuestras vidas, en cada rinconcito de nuestra casa, en cada juguete, en cada foto, en cada anécdota vivida, lloramos y nos reímos acordándonos de él y así nos sentimos un poquito más cerca, soñando con el día que vuelva a estar entre nosotros. Nos caemos y nos levantamos día tras día. Nada ni nadie nos va a detener en esta lucha, luchamos con el corazón, con el alma, pensando y soñando con ese día. Porque sé que hay un Dios, que sabe de nuestra lucha, de nuestras lágrimas, de nuestras noches sin dormir, de nuestro intento de seguir adelante como si nada, cuando ya nada es lo mismo. Hoy sólo nos importa estar con Tiagui. Lucharé, lucharemos porque esto suceda, con la mejores armas que tiene nuestra familia: el amor, la paciencia, la honestidad. Creo que ya falta poco. No aflojenos. La distancia separa cuerpos, no corazones. Tiago, te amo con el alma. Papá.


























