El domingo 21 de abril, cuarto domingo de Pascua en que la grey católica festeja, nada menos, que Jesús Buen Pastor, tuvimos la feliz idea de cumplirle un viejo y anhelado sueño a mi sobrinita y ahijada de nueve años, que acababa de hacer su primera comunión, llevándola a conocer el parque temático Tierra Santa en la costanera de la ciudad de Buenos Aires. Al ingresar, la niña en cuestión vestía su flamante vestido de comunión y, después de pagar la entrada, estando ya en la cola para entrar al pesebre, se nos acercó una persona del lugar quien, sacando la cadena del costado, nos dijo de muy malos modos que ese predio era un lugar privado y, pese a que no había ningún cartel advirtiéndolo, no podían permitir que la nena entrase con ese vestido. Orden que fuimos forzados a acatar ante la mirada atónita de todo el público presente que no dejaba de repetir "pobrecita". Si bien pensamos en retirarnos, la nena y su hermanito de siete años insistieron en que ingresáramos, por lo que nos vimos obligados, bajo presión del cuasi patovica, a cambiar a la pequeña en el baño del lugar que se encuentra junto a la entrada, mientras quien suscribe escribía una extensa nota en el libro de quejas. Además, a continuación, ambos pequeños se dieron claramente cuenta de la persecución que, durante todo el recorrido, debimos soportar a corta distancia por parte de quien nos había increpado anteriormente y de otras personas de seguridad, lo que terminó de arruinar la tarde y el paseo de ambos niños. Lo más triste y doloroso es el daño y la vergüenza que debió soportar una pequeña de apenas nueve años que terminó muy angustiada y llorando sin entender, junto a su hermanito de siete. ¿Cómo puede ser que le haya pasado algo así en un lugar donde en lo más alto del parque flamea la bandera papal y al ingresar, mientras controlan que se hayan pagado todas las entradas, te dan cintas blancas y amarillas para prenderte en el pecho y se ve una gran foto del Santo Padre, el Papa Francisco, sobre una imagen de Jesús con la frase bíblica: "La verdad nos hace libres"? No sé por qué esto me llevó a recordar la forma en que el Sindicato de Comercio consiguió este valiosísimo predio durante la década del '90 para hacer un negocio multimillonario con licencia para discriminar.





























