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Dos sobrevivientes del terrorismo de Estado dieron su testimonio en el juicio Guerrieri II

La periodista y actual subdirectora del Museo de la Memoria, Viviana Nardoni, y su esposo Luis Megías, dieron ayer su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario, que lleva adelante el...

Viernes 13 de Septiembre de 2013

La periodista y actual subdirectora del Museo de la Memoria, Viviana Nardoni, y su esposo Luis Megías, dieron ayer su testimonio ante el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario, que lleva adelante el juicio oral por la causa Guerrieri II.

Nardoni dio cuenta ayer de los padecimientos que le ocasionaron desde que fue secuestrada el 3 de julio de 1977 al anochecer cuando volvía del cine con su esposo Luis Megías y su madre Adela Paolini. Con el típico modus operandi de los grupos de tareas, los tres fueron golpeados, amenazados con armas, introducidos por la fuerza en autos, vendados y trasladados a un centro clandestino que la testigo identificó como La Calamita. Allí, Nardoni fue torturada física y psicológicamente, con golpes y electricidad, todo en condiciones inhumanas tanto de alimentación como de higiene.

También dio cuenta de la tercera jornada de cautiverio en la cual los captores le dicen a otro detenido: "Acá tenés una guitarra, cantate una de esas de subversivos Rafael". Nardoni señaló que "nos dimos cuenta que era Rafael Bielsa", que también estaba secuestrado en La Calamita.

Relató que días después con su marido fueron sacados de La Calamita y liberados en una zona rural, aunque en rigor fueron entregados a otro de los brazos del aparato represivo en la región: pasaron de las garras del Destacamento de Inteligencia 121 del Ejército, a las de la patota del jefe policial Agustín Feced. "Cuando nos sacamos las vendas se aproxima un auto de la policía provincial y nos llevaron a la Jefatura y en el Servicio de Informaciones nos volvieron a vendar, continuábamos en otro centro clandestino", explicó Nardoni, y señaló que días después fue llevada junto a otras prisioneras en un avión a la cárcel de Devoto.

Hacia la Navidad de 1978, la mujer, junto a otros presos, fue traída de regreso a Rosario, y en el patio del entonces Comando del II Cuerpo de Ejército —donde justamente hoy funciona el Museo de la Memoria—, el general Luciano Jáuregui les dijo que "el Ejército había decidido devolvernos a la vida, pero que íbamos a estar siempre con libertad vigilada". Nardoni expresó que "es como continuar estando preso porque cada tres días tenía que ir a Jefatura a ver a esos tipos, además uno es un rehén porque mi marido estaba en la cárcel de Coronda".

"La voz de los que no están". Luis Megías relató la secuencia de su secuestro, junto a su esposa y su suegra, y su traslado a La Calamita. "Me introducen en una pieza contigua, me atan desnudo a un elástico de cama de pies y manos, y comienzan a insultarme y a decirme que así tratan a los subversivos, que no hay consideración y me picanean los testículos, el ano, tetillas, oído y distintas partes del cuerpo. Son varias personas, todos gritan, no preguntan, insultan, que de acá no salgo, que me van a torturar y a mi mujer la van a violar y matar, y después a mi", contó al Tribunal.

Relató que posteriormente, en otra sesión de tormentos e interrogatorio, "esta vez nadie grita sino que una persona diferente, de mediana edad y voz pausada, me interroga sobre mi actividad, yo era militante de la JUP, pero su interrogatorio iba por otro lado que no entendía o sea que las respuestas que daba generaban más tortura".

Megías señaló que "las preguntas centraban sobre actividades de abogados de Montoneros, pero con quienes había perdido contacto y no sabía ni dónde estaban". Luego fue interrogado sobre la militancia universitaria: "El interrogador empieza a hablar de cosas que tienen más sentido para mi, pero en el momento de la detención estaba desvinculado, no tenía contactos con nadie, no lo convence la respuesta y viene una sesión de tortura y me insiste en que debía tener una cita, y quería que le dijera cuándo y en qué lugar, y yo le decía que no tenía".

"Fueron muy insistentes, pero terminan diciendo que dado que no les servía tenían que hacerme desaparecer", señaló. Al igual que su esposa fue entregado al Servicio de Informaciones y finalmente puesto a disposición del Poder Ejecutivo, fue preso en Coronda y finalmente liberado el 15 de abril de 1979.

Megías le dijo a los jueces que "estos son muchos años de dar testimonio y es posible porque uno tiene el apoyo de su familia, de mi esposa, a la que agradezco públicamente y un montón de sobrevivientes y familiares". Recordó a "los compañeros que no están, como los 14 de la agrupación de Derecho de la JUP que han sido muertos. Por todo eso pido que cuando se dé un fallo piensen que acá están dando justicia a mucha gente que no está y nosotros podemos ser la voz de ellos".

Sobre la audiencia, la abogada de la querella Gabriela Durruty destacó que "las declaraciones de Viviana y de Luis reconstruyen en primera persona el horror de La Calamita", y elogió que "Viviana culminó su aporte mencionando a sus amigos muertos y desaparecidos, explicando con gran valentía al Tribunal lo que representó el Estado terrorista aun después de su liberación".

Preguntas polémicas. "Usted dijo que militaba en la JP, qué clase de militancia hacía?", le preguntó el Tribunal a Nardoni, generando un cuestionamiento del fiscal y las querellas. El fiscal Gonzalo Stara solicitó "limitar las preguntas sobre la militancia que claramente caen fuera del objeto del juicio y podrían causar en la persona que declara un proceso de revictimización".

Durruty adhirió al pedido y sostuvo que "algunas preguntas del Tribunal son idénticas a las que les hacían sus secuestradores, a Nardoni se le preguntó por qué había sido etiquetada como subversiva".

La querella de la Secretaría de DDHH de la Nación manifestó que "las preguntas sobre sus actividades imprimen la idea que el daño sufrido es por la actividad que han realizado y desalienta esta repregunta a volver a poner el cuerpo".

Roberto López Arango, presidente del Tribunal rechazó las objeciones y dijo que "no es para echar culpas sino para saber, no veo el agravio", y dio por cerrado el tema.

laguna paiva

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