Un juez condenó ayer a Ariel Castro a pasar el resto de sus días en la cárcel sin posibilidad de salir jamás por el secuestro de tres jóvenes a las que mantuvo cautivas y violó repetidamente durante una década en Cleveland, Ohio.

Un juez condenó ayer a Ariel Castro a pasar el resto de sus días en la cárcel sin posibilidad de salir jamás por el secuestro de tres jóvenes a las que mantuvo cautivas y violó repetidamente durante una década en Cleveland, Ohio.
El magistrado Michael Russo decretó prisión perpetua más mil años de cárcel sin posibilidad de solicitar la libertad condicional para Castro, después de hacer un recuento de los más de 900 cargos que pesaban contra él por secuestro, violación e incluso homicidio al haber provocado varios abortos a al menos una de sus víctimas.
"Señor, no hay espacio en esta ciudad, no hay ningún lugar en este país, de hecho no hay espacio en este mundo para aquellos que esclavizan a otros, que asaltan sexualmente a otros o que brutalizan a otros", dijo el magistrado a Castro, a quien hizo levantarse, tras recitarle su sentencia.
"Aunque sufrieron terriblemente, las jóvenes Knight, DeJesús y Berry no perdieron la esperanza, lograron prevalecer y estas extraordinarias mujeres ahora han recuperado su libertad. Usted les arrebató ese derecho y ahora será condenado por el resto de sus días", concluyó el juez antes de ordenar su retirada de la sala.
Castro había accedido la semana pasada a declararse culpable de 937 de los 977 cargos que pesan sobre él por haber secuestrado, violado y maltratado reiteradamente a tres jóvenes que mantuvo presas en su casa durante casi una década, hasta que una de ellas, Amanda Berry, de 27 años, logró huir en mayo último alertando a un vecino.
Las víctimas son además, de Berry, Gina DeJesús, de 23 años, Michelle Knight, de 32 y la hija de seis años de Berry, Jocelyn, que nació cuando la mujer estaba en cautiverio. Las jóvenes habían desaparecido entre agosto de 2002 y abril de 2004. Castro, de 52 años, fue arrestado poco después de que las mujeres escaparan.
A la audiencia de ayer sólo acudió una de las jóvenes, Michelle Knight, quien entre lágrimas contó parte de sus padecimientos durante su secuestro —fue la que más tiempo permaneció recluida, casi 11 años— y se mostró satisfecha por la larga sentencia a Castro porque ésta le permitirá, dijo, comprender el "infierno" que vivieron sus víctimas.
"Pasé 11 años en el infierno. Ahora tu infierno no hace más que comenzar, yo superaré esto, pero tú afrontarás el infierno por toda la eternidad", dijo Knight.
Poco antes de conocer la sentencia, también el acusado había pedido hablar para, según dijo, pedir disculpas por sus actos. Pero sus palabras de perdón quedaron oscurecidas cuando, acto seguido, negó fehacientemente haber torturado a las jóvenes y achacó sus acciones a una "enfermedad" y los abusos que él mismo, afirmó, sufrió durante su infancia.
Vestido nuevamente con el uniforme naranja de la prisión y esposado de pies y manos Castro, a ratos emocionado, pero con voz firme, se describió a sí mismo ante el juez y la abarrotada sala del tribunal como un hombre "enfermo" que durante su infancia fue "víctima de abusos sexuales".


