Las declaraciones sobre judíos y musulmanes que hicieron líderes italianos de un grupo católico romano ultra-tradicionalista deja al descubierto el reto que enfrenta el Papa Benedicto XVI, mientras intenta que ese grupo regrese a la Iglesia.

Las declaraciones sobre judíos y musulmanes que hicieron líderes italianos de un grupo católico romano ultra-tradicionalista deja al descubierto el reto que enfrenta el Papa Benedicto XVI, mientras intenta que ese grupo regrese a la Iglesia.
Benedicto intentó el miércoles último calmar el revuelo internacional que causó su decisión de levantar la excomunión a cuatro obispos tradicionalistas incluyendo a Richard Williamson, quién negó el exterminio del Holocausto y aseguró que no hubo cámaras de gas nazis.
El Papa expresó su "total e incuestionable solidaridad" con los judíos y advirtió los peligros de la negación del Holocausto.
Pero al día siguiente, un sacerdote líder regional del mismo grupo ultra-tradicionalista al que pertenece Williamson, la Sociedad de San Pío X (SSPX), fue titular en el periódico de Treviso al declarar que las "cámaras de gas existieron por lo menos para desinfectar" detenidos pero que no estaba seguro si fueron usadas para matarlos.
El sacerdote Floriano Abrahamowicz defendió a Williamson. Dijo que es "imposible para un cristiano ser antisemita" y que toda la controversia era parte de una "muy poderosa campaña contra el Vaticano".
Ayer, Williamson publicó en su blog una carta en la cual se disculpa ante el Papa por "la consternación innecesaria y los problemas" que causó.
Pero Williamson, un británico, no mencionó al Holocausto y no repudió sus declaraciones, como muchos judíos demandaban.
El asunto enfadó a los judíos. El Papa Benedicto "dio crédito al más vulgar aspecto del antisemitismo al rehabilitar a alguien que niega el Holocausto", dijo Elie Wieselby, sobreviviente de un campo de concentración y autor y ganador del Premio Nobel de la Paz.
Algunos analistas creen que Benedicto no anticipó el escándalo porque está muy aislado.
"Este es un papado solitario y Benedicto está pagando el precio", dijo el profesor Alberto Melloni, jefe del Centro para Estudios Religiosos Juan XXIII en Boloña.
Control de daños. El Vaticano ha estado controlando los daños desde el sábado pasado cuando se levantaron las excomuniones en un intento por curar la primera división en la Iglesia en los tiempos modernos.
Durante los siete días consecutivos el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, fue forzado a declarar sobre los comentarios de Abrahamowicz que se publicaron en los principales diarios italianos.
Lombardi aseguró que negar el Holocausto era bastante malo cuando lo hacía una persona laica "pero aún más grave cuando proviene de la boca de un sacerdote o un obispo, un ministro cristiano, a pesar de que esté ligado o no a la Iglesia Católica".
El problema principal es que los tradicionalistas niegan la mayoría de las enseñanzas del Concilio Vaticano Segundo de 1962-1965, que llevó a la Iglesia al mundo moderno.
Uno de sus documentos más importantes, "Nostra Aetate" (En Nuestros Tiempos), repudió el concepto de la culpa colectiva judía por la muerte de cristianos e instó al diálogo con las religiones más importantes.
Analistas dicen que Benedicto tendrá tiempos difíciles al adquirir un compromiso de lealtad por parte de los líderes tradicionalistas al Concilio Vaticano Segundo, cuyas enseñanzas han sido aceptadas por casi todos los 1.100 millones de miembros de la Iglesia.




