El viceministro de Justicia y miembro del Consejo de la Magistratura de la Nación, Julián Àlvarez, expresó durante un acto de militantes kirchneristas en el Mercado Central: “Este Poder Judicial hace que todas las medidas que estamos tomando no las podamos aplicar”. Como es habitual en el discurso kirchnerista, vinculó a los jueces -como podría haberlo hecho con los medios de comunicación o los empresarios- con la última dictadura militar: “La dictadura tomó el Poder Ejecutivo, cerró el Legislativo, pero no ocupó el Poder Judicial, porque los tenían calladitos (a los jueces) para que se mantuvieran allí y actuaran cuando viniera un gobierno popular (...) Ese es el Poder Judicial que existe y tenemos que combatir”. ¿Cómo piensan dar ese combate? “(...) reformando la currícula de las carreras, creando la organización Justicia Legítima, porque la otra no es una Justicia legítima” y “designando nuevos magistrados que son el inicio del proceso de transformación”. Es decir, para Alvarez los jueces que no pertenecen a la organización kirchnerista Justicia Legítima no son legítimos. Además, es absurda esa pretensión de que la mayoría de los jueces vienen del último gobierno de facto. Pasaron más de treinta años desde la recuperación de la democracia. Muy pocos deben quedar designados con anterioridad. Más aún, alrededor del 60% de los jueces federales fueron designados por los Kirchner. ¿Designaron jueces ilegítimos? Nadie puede tomar seriamente esos argumentos. Se trata, como siempre, de intentar avanzar aún más sobre la menguada independencia del Poder Judicial. Se está por tratar en el Senado la designación de conjueces de la Corte y días después de los tribunales inferiores, sin que se cumpla con el proceso constitucional porque no intervendrá el Consejo de la Magistratura. En un mes, Cristina Kirchner habrá nombrado unos 300 conjueces, identificados con el gobierno nacional. Lo que no se pudo hacer, gracias al freno de la Corte Suprema, con las leyes de “democratización” de la Justicia, se intenta por vías oblicuas. Hay que mantener alta la guardia, porque la vocación antirrepublicana del kirchnerismo es muy profunda.




























