De la mano de la crisis, resurgen el trueque y las ferias informales
Sólo en la zona oeste hay tres. Desocupados venden, compran y cambian de todo. Las familias que
las integran buscan sobrevivir a las carencias que sufren cotidianamente. En la feria de bulevar
Seguí al 5300 todo tiene precio. Acá no hace falta que diga "oferta", "sale" o "50 por ciento off"
porque todo tiene un valor casi ridículo. Conforman el stock objetos usados (desde una bicicleta a
un inodoro), nuevos (juguetes o herramientas de trabajo), hechos con las propias manos...
16 de agosto 2009 · 01:00hs
“Bolitas de fraile: 3 por 1 peso”, “zapatos de nene, 10 pesos”,
“pan con chicharrón: 2,50 pesos”, “sábanas de 1 plaza: 20 pesos”,
“rompecabezas: 5 pesos”, “agua caliente: 1 peso”, “probar: 1
peso”...
—¿Probar? ¿Qué significa ese cartel?
—Acá todo el que compra un aparato —una plancha, una radio o
una lámpara— y lo quiere probar, yo les presto el enchufe y les cobro un peso.
En la feria de bulevar Seguí al 5300 todo tiene precio. Acá no hace
falta que diga “oferta”, “sale” o “50% off” porque todo tiene
un valor casi ridículo. Conforman el stock objetos usados (desde una bicicleta a un inodoro),
nuevos (juguetes o herramientas de trabajo), hechos con las propias manos (tortas asadas), truchos
o encontrados en la calle y reciclados: nada que no se vea en el centro de Rosario. En el barrio la
bautizaron “el trueque”, pero de esa modalidad de transacción que tuvo su auge a
finales de los 90 y en plena crisis de 2001 queda poco porque casi todo se vende en esta feria
ubicada en el corazón de barrio Moderno, en el distrito oeste de la
ciudad.
La particularidad de este mercado es que tanto los que venden como los
que compran comparten penurias sociales y económicas: la “escandalosa pobreza” a la que
refirieron días atrás el Papa y la curia nacional o la caída de la economía admitida el viernes por
el gobierno nacional. Acá hay familias enteras de desocupados, pero también cirujas y cartoneros
del barrio y zona sur, que cada martes, jueves y viernes, desde el mediodía y hasta las 18, ocupan
una media manzana del terreno destinado al polideportivo de la Fundación Deliot.
Bajo añosos eucaliptus, sin más estructura que una mesa o un pedazo de
tela apoyados sobre la tierra, cientos de puesteros (se calculan más de 300) ofrecen sus mercancías
a miles de curiosos. Tantos son los que circulan que de vez en cuando se interrumpe la actividad y
todos comienzan a aplaudir como en la playa en señal de que algún chiquito se extravió. “El
trueque” es una de las tres populosas ferias informales de la zona oeste. Una más funciona a
pocas cuadras de allí, en Rouillón al 4400, cerca del barrio toba y también de los criollos que
viven en el barrio 23 de Febrero. Y la tercera y más vieja está en Cabín 9, Pérez. Estas dos tienen
la particularidad de estar activas los sábados y domingos.
“No es anárquica”. Desde la Secretaría General del municipio, Susana Bartolomé
coordina los centros de distrito, pero supo estar al frente por cinco años del que corresponde al
oeste de la ciudad. A partir de esa experiencia la funcionaria asegura que en la feria de barrio
Moderno “todo es informal”, pero rescata la experiencia: “No es anárquica y
cuenta con el apoyo de la gente del barrio porque el propio vecino compra. Si hubiera trabajo,
seguramente la mayoría de esta gente no estaría allí. Desde el municipio no tenemos la intención de
correrla del lugar, hemos hablado de este tema cuando se dio la discusión por la defensa de La
Saladita por parte de Alfonso Prat Gay (ver aparte). La de esta feria es gente que hasta ahora se
viene autogestionando bien. Tal vez habría que instrumentar acciones para que las cosas funcionen
mejor”.
Con el mismo tenor analizó el fenómeno una de las coordinadoras del
centro de salud Mauricio Casals ubicado justo en frente de la feria. Fernanda Díaz dijo: “El
mercado ha crecido notoriamente en los últimos meses y como carece de baños químicos muchos vienen
al centro de salud; la situación nos desborda, por eso antes de la epidemia de gripe A comenzamos
hablar con algunos puesteros. Pero no hay problemas con la gente de este mercado; son familias que
buscan resolver acá su sobrevivencia cotidiana y nos comentan que comenzaron a reconocer que
algunas de las pocas cosas que tenían eran vendibles o cambiables. Tendrían que contar con mejor
infraestructura”.
La actual directora del Distrito Oeste, Lorena Carbajal, también rescató el espacio como
“el de único ingreso para muchas familias”, pero al momento de hablar del fenómeno de
la ferias resaltó el trabajo de la Subsecretaría de Economía Solidaria del municipio, que no
implica “reventa, sino
producción” l