Estas líneas son para agradecer profundamente a un juez que escuchó y revisó hasta lo último e inverosímil de un caso de robo y asesinato, del cual el robo no se puede probar (a pesar de que la moto de mi hijo, David Sebastián Castro, aún no aparece). Agradecer con todo mi corazón a un grupo de profesionales que me contuvo y asesoró por este largo dolor de la pérdida de un hijo: ellos son los integrantes del Centro de Asistencia Judicial (CAJ) y obviamente a mi abogada Adriana Lucero (ante todo una gran persona), la cual se hizo cargo de mi caso sin cobrar un solo centavo, ya que es empleada de la provincia. Y a un ser que es todo corazón y profesionalismo, que al ver a una madre devastada rondando por la jungla de Tribunales, sin respuestas, ayudó y aconsejó, su nombre es Adrián (secretario del juez Pérez Urrechu). Gracias a todas estas personas con criterio y calidad humana y el actuar intachable del juez Pérez Urrechu, es que están detenidos las alimañas que mataron a mi hijo. Lo único que pido es que por favor saquen las prisiones domiciliarias. ¡Basta! Se escapan los asesinos por este beneficio. Sólo hay uno prófugo. Ahora puedo decir que la Justicia no es ciega, sorda ni muda cuando quiere y la dejan actuar, pero está atada de pies y manos.





























