En los tiempos presentes, la conversación personal se ve interrumpida de manera constante por el sonido de algún teléfono celular. El diálogo cara a cara entre dos o más personas ya no tiene la continuidad de años atrás, cuando era un placer intercambiar opiniones sobre ciertos temas. Hoy se desatiende una reunión para atender a quien se comunica a la distancia, debido a los avances tecnológicos. Hasta eso ha cambiado. En una reunión de trabajo o de cualquier índole, la comunicación se ve limitada por alguien que llama desde un teléfono móvil. Piense usted cuántas veces ha estado ante una situación como la que describo. Imagine la cara de sus interlocutores. Nadie puede negar que la telefonía celular es importante porque permite estar más en contacto con nuestros familiares, amigos, allegados, compañeros de estudio o de la empresa donde usted cumple funciones. Pero hay que admitir que mucha gente se ha hecho dependiente de este artefacto, a tal punto de mirar a cada instante la pantalla por si recibió algún mensaje de texto. Y si no, piense en el Blackberry. La conversación personal, el estar frente a frente para decir lo que uno piensa, es importante, fundamental en la vida de relación. No está bien que existan cortes permanentes que hagan perder la idea central del tema. La tecnología ha posibilitado grandes cambios sociales, algunos para mejor; otros no tanto. De cualquier manera, en este aspecto que acabo de detallar, particularmente no cambio una conversación personal por aquella que me impide ver la cara, los gestos, los ademanes.


































