Sabemos que la utilización del condón como forma de profilaxis puede contribuir a la limitación y contención del virus y enfermedades venéreas. El cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Concejo Pontificio para la Familia del Vaticano, en su ocasión advirtió a la audiencia de que todos los condones se fabrican "en secreto" con muchos agujeros microscópicos, a través de los cuales puede pasar el virus del sida. Esta declaración infame en Roma no fue aislada. En Brasil, en época de carnaval, el obispo auxiliar de Río de Janeiro, Rafael Llano Cifuentes, le dijo a su congregación en una homilía que la Iglesia es contraria al uso del preservativo. El cardenal Wamala de Uganda ha dicho que las mujeres que mueren de sida por no usar protección de látex deberían considerarse mártires (por supuesto que dentro del matrimonio). Las autoridades islámicas no han actuado mejor. En 1995, el Consejo de Ulemas de Indonesia dispuso que los condones sólo estuvieran a disposición de las parejas casadas y con receta médica. En el 2005 un funcionario del programa de control de sida de Pakistán declaró que el problema era menor en su país debido a los "mejores valores sociales e islámicos". Esto en un estado en el que la ley permite que una mujer sea condenada a ser violada por un grupo de hombres con el fin de que expíe la "culpa" del delito cometido por un hermano suyo. Hoy día tenemos la vieja combinación religiosa de represión y negación, y al hacerlo demuestran que la religión continúa representando una amenaza para la salud pública.































