La decepción atormenta a los argentinos diariamente. Los actos de corrupción se suman ante nuestros ojos como burbujas de colores, siendo el gobierno su mayor responsable. Los últimos e incrédulos acontecimientos como la suspensión del fiscal José María Campagnoli; el autoritario ascenso del cuestionado Milani como titular del Ejército, o la intrépida velocidad que se le dio al juicio por las coimas en el Senado, donde se involucraba a ocho senadores y al ex presidente De la Rúa. A este último se le cayó la careta. Festejó el acontecimiento palmeando a los absueltos, con una expresión en su rostro que no lo favorecía en absoluto. Daba la sensación de alguien que, logrado el objetivo, públicamente se deshizo de un “traje” que distorsionaba su personalidad (el de buenito). Lo preocupante es darnos cuenta el verdadero rol que la Justicia está desempeñando. Perseguir a los decentes y premiar a los delincuentes.


























