Tengo mucho miedo y no sé cómo manejarlo. No quiero que mis hijos salgan solos, ni siquiera para ir al club, que queda a un par de cuadras. Ni que vayan solos al quiosco, que queda a la vuelta, y cuando no puedo llevarlos o buscarlos del colegio o de donde sea y tienen que hacerlo solos siento el nudo en el pecho hasta que recibo el mensajito que dice “llegué bien”. Entraderas, salideras, arrebatos, rotura de los vidrios de los autos en los semáforos, motos en la vereda, motos que rompen la puerta de tu casa y la destrucción de mi derecho de vivir en paz. No puedo vivir así, no quiero vivir así. Realmente no sé quién es responsable de todo esto. No sé si es competencia del gobierno municipal, del provincial o del nacional. Solo sé que nadie se hace cargo y no se toman medidas. Si estoy en casa, tengo miedo a que entren; si salgo, tengo miedo de dejar a mis hijos solos; y si salimos todos, tengo miedo de lo que puedo llegar a encontrar al regreso. He perdido muchos de mis derechos y libertades. Ya no puedo salir con cartera, ni mis hijos con sus zapatillas nuevas, sus mochilas, y ni hablar de los celulares. Y ojalá fuera sólo la pérdida de algo material (no puedo estar escribiendo esto), estoy poniendo que ojalá sólo me roben lo que tengo y que adquirí honestamente con mi sueldo, pero que no me hagan nada ni a los míos, ni a mí, ni a nadie. ¿Es tal el grado de locura que justifico el robo de lo material mientras que la vida se preserve? Y realmente a mí me cuesta muchísimo sacrificio cada cosa material que tengo y no soy dueña de poder disfrutarlo tranquila. El tema del dinero que no alcanza, la inflación, lo que se robaron, si Clarín miente o no, el dólar blue; realmente en mi vida se encuentran en un segundísimo plano. Soy una laburante, no hago piquetes, no vivo de planes, pago mis impuestos, me considero una persona correcta y honesta, y para los suceptibles no estoy discriminando. Pero no me siento libre. Sí siento libre de seguridad la zona que la seccional de mi barrio debería proteger y custodiar (seccional 6ª). Y esto no pasa sólo en esta jurisdicción, pasa en todos los barrios. Ya no existen las zonas peligrosas. Rosario es toda una zona peligrosa. La impunidad que veo, la indignación que siento ante cada arrebato, ante cada muerte, ante la connivencia por todos conocida, me duele, me hace mal, y lo que es mucho peor: me enferma. Y todos saben que día a día defiendo mi salud con uñas y dientes. Ni siquiera cuando me dijeron “tenés cáncer” sentí tanto miedo como con el que vivo hoy. Porque no sé como protegerme de esto que desgraciadamente estoy viviendo, y que causa mella en mi salud. Siento dolor, siento tristeza, siento miedo.


























