El 22 de junio a las dos de la mañana ingresaron en uno de mis locales a robar. Estuvieron trabajando a la vista de todos en Corrientes y 9 de Julio, por lo que calculo no menos tiempo de 15 o 20 minutos, hasta que pudieron forzar las cerraduras. Ayer recibí el llamado de un empleado avisándome de un nuevo robo en mi local de Entre Rios y Pasco, a las 11.30 de la mañana. De más está decirlo, es zona de nadie, en donde se mezclan los robos reiterados a comercios y la prostitución por la noche. Realmente un desastre debido a la inoperancia de la policía, culpable sólo en una parte porque la gran culpa la tienen los gobiernos provinciales y nacionales, que gracias a sus políticas de cortar recursos a esta fuerza fomentan la delincuencia. Por ello el título de esta carta: pasamos a ser los cajeros automáticos de la delincuencia. Los ladrones entran y en un segundo nos roban la recaudación, pero lo peor es la frustración, el miedo y la falta de incentivos que nos dejan estas situaciones, que día a día nos desgastan y nos dejan el amargo sabor de sentirnos violados en nuestros derechos.Ahora sí, a la hora de cobrarnos impuestos, ahí sí somos los ciudadanos de primera categoría, que debemos pagar o si no somos nosotros los delincuentes. Señores gobernantes, ¿hasta cuándo vamos a seguir con esta fiesta de la delincuencia? Todos sabemos que se sabe quiénes son, dónde esconden sus armas ilegales, que pasan de una banda a otra para robar, matar y violar a una sociedad que hoy vive atemorizada. Los derechos humanos son para todos, pero en este país sólo son de la lacra delictiva que nos patotea a todos día a día. Cambien todas las leyes y la seguridad que tenemos hoy en día para que los honestos podamos trabajar y vivir en paz.





























