La ciudad de Rosario y su área metropolitana han sido testigos por estas horas de un recrudecimiento de los ajustes de cuentas entre bandas vinculadas al delito narco. Ante la gravedad de los hechos, la respuesta del gobierno parece ser la misma de siempre: evitar responsabilizarse de lo que pasa con la inseguridad en Rosario apelando a argumentos falaces que distraen el debate impidiendo llegar a la cuestión de fondo.
Algunos dicen que estas venganzas son fenómenos que afectan solamente al mundo de la marginalidad. La frase que mejor resume esta idea es: "Se matan entre ellos". Esto es absolutamente falso. Los ajustes de cuentas y las disputas territoriales entre bandas narcos son hoy el principal motivo de inseguridad para los rosarinos. Ciertamente, en los barrios de Rosario nadie se siente a salvo de caer en el medio de una balacera. El mejor ejemplo de ello es el asesinato de Mercedes Delgado, militante social cristiana del barrio Ludueña.
Los enfrentamientos entre bandas delictivas cambiaron radicalmente los hábitos sociales. En la mayoría de los barrios de la ciudad, después de las 18 horas no queda nadie en las calles y sólo transitan los que están obligados a hacerlo. Los vecinos dan varias vueltas a la manzana antes de guardar el auto en el garage. Los padres esperan en las paradas de colectivos a sus hijos por el miedo a lo que pueda pasar en el camino a casa. Las actividades de las iglesias, los templos, los clubes de barrio, las vecinales se ven enormemente afectadas. En definitiva, la inseguridad condena a los rosarinos a vivir encerrados en sus casas. Y el espacio público, ante la ausencia policial, termina siendo territorio hegemonizado por las bandas narcos.
También es falso lo que suele afirmar el ex gobernador Binner apelando a que "lo que pasa en Rosario pasa en todos lados". Repasemos algunos números. Desde el 1° de enero ya llevamos registrados más de 90 asesinatos en Rosario. Vamos a terminar el mes de mayo triplicando la cantidad de homicidios dolosos registrada en los primeros cinco meses del 2008, cuando comenzó el gobierno de Binner.
Para tener una mirada más amplia, hagamos una comparación. En toda la provincia de Córdoba (3,3 millones de habitantes) se registraron 64 homicidios dolosos entre enero y abril de 2013. Sólo en el departamento Rosario (1,1 millones de habitantes) en el mismo período hubo 82 asesinatos, un 28 por ciento más que en toda la provincia mediterránea.
Como vemos, el incremento de los asesinatos en Rosario es escandaloso. Tratar de ocultarlo es intentar tapar el sol con las manos. ¿No nos preguntamos por qué está pasando esto? ¿No nos escandalizan los niveles de criminalidad organizada en nuestra zona? ¿No nos llama la atención que la expansión de este fenómeno coincida con el período de Tognoli a cargo de Drogas Peligrosas? ¿O acaso nos estamos acostumbrando a vivir entre balaceras y ajustes de cuentas?
Pareciera que el gobierno provincial sigue sin dimensionar la magnitud del enfrentamiento entre bandas narcos en Rosario. Los funcionarios siguen hablando como si fueran comentaristas de la realidad mientras los ciudadanos se sienten absolutamente indefensos. Llegó el momento de ponerse los pantalones largos, dejar de teorizar y poner en marcha soluciones concretas.
Es imprescindible una urgente intervención de la Unidad Regional II poniendo a su cargo a un civil de la más estrecha confianza del gobernador Bonfatti. Desde que asumió Hermes Binner, pasaron 8 jefes policiales en la Unidad Regional II y el problema de la inseguridad no paró de crecer. Además, se debe conformar un Consejo Departamental de Seguridad conformado por los intendentes del departamento Rosario para coordinar acciones y estrategias. Hay que poner en marcha un cronograma de urgente implementación de las Mesas Barriales de Participación Ciudadana que oriente la prevención del delito en el territorio. ¿Sobre qué mapa del delito se van a colocar las 400 cámaras de seguridad que llegarán a la zona? ¿Sobre el que diseñan las fuerzas policiales cuestionadas por la ciudadanía por su connivencia con el delito?
Los dirigentes que tenemos una mirada crítica sobre lo que está pasando estamos muchas veces ante un dilema: si denunciamos lo que pasa, el gobierno provincial nos dice que politizamos la cuestión. Pero si nos callamos, se tratan de ocultar las cosas apelando a argumentos falaces.
Así como denuncié este tema en el 2011 y tuve una postura muy firme respecto al caso Tognoli el año pasado, esta vez lo quiero decir con claridad: falta firmeza en la conducción política de la seguridad en Santa Fe. Las calles de Rosario son tierra de nadie y existe un profundo desgobierno en materia de seguridad. El que no lo quiere ver, que no lo vea. Pero no nos podemos quedarFa callados ante un gobierno que parece sordo, ciego y mudo ante el principal problema que viven los rosarinos.