Soy enfermera de un hospital público de la ciudad de Rosario y conozco de cerca lo que es ser parte del servicio de emergencias. El paciente que ingresa a uno de nuestros centros no piensa en quién lo esta ayudando, como es lógico, sólo puede ocuparse de su situación. Por eso quiero invitarlos a reflexionar sobre una de mis compañeras enfermera. Andrea es una profesional de primera línea en el hospital, y como si eso no bastara también es bombera voluntaria, es decir que pone su vida a entera disposición de los demás. Lo que a mí me preocupa es que un día voy a entrar a trabajar y me voy a enterar que a Andrea le ocurrió una desgracia, debido a que en su actividad de voluntaria no cuenta con el equipamiento que necesita para sus tareas. Cuando el Estado no cumple debidamente con sus obligaciones, entonces aparecen estas personas comprometidas con el prójimo, capaces de dar una mano a quien lo necesite. Lo único que pretendo es que los señores miembros del poder político piensen en lo barato que les sale comprarles un traje adecuado a los bomberos voluntarios si lo comparan con el gasto que deberían hacer si se ocuparan debidamente de la seguridad de todos nosotros.



































