En este último fin de semana reciente viajé con mis hijas a la provincia de Mendoza donde tengo familiares directos. Mis hijas y sobrinos están entrando en la adolescencia y por supuesto ellos querían ir a bailar a lugares tipos matiné muy parecidos a los que se organizan por estos lugares. Mi cuñado me tranquilizó diciéndome que eran sitios muy bien controlados y de mucha responsabilidad. Como sea decidí ir a ver por las mías si era cierto que al menos se parecía a lo que acostumbro a ver por estos lugares. En efecto, con cierto aire campechano, no se diferenciaba mucho a los de nuestra ciudad pero su titular, al saber que era rosarino, por adopción y elección, me invitó a pasar a su oficina y me puso al tanto de la legislación vigente para esos tipos de lugares y boliches. En esencia aquellos lugares que permiten el acceso a menores de edad o mayores si son matiné sufren una multa de 5.000 pesos y para los padres de 1.500 pesos más diez horas de trabajo comunitario. Las multas de los padres se paga en cuota y sí o sí se cobran aún mediante embargos vía judicial. Lo que me gustó de la ley es un apartado que decía que "el Estado debe asumir las responsabilidades de control de esos lugares pero los padres no pueden abdicar de sus obligaciones como tales debiendo responder ante la ley por ello y en lo ético y moral en lo particular". A ver si nos entendemos, los padres no pueden abdicar de sus responsabilidades delegándosela al Estado. Los locales se cuidan mucho de no permitir infringir la ley porque los controles son férreos, al menos se los ve a los municipales dar vuelta por las puertas en compañía de la policía provincial, pero me parece fenomenal que la legislación contemple a los padres también como responsables de infringir la ley y que no sólo deban pagar sino también hacer horas comunitarias como parte de la multa limpiando escuelas o guardias de hospitales. Me parece que algo parecido deberían, nuestros iluminados concejales o legisladores provinciales, hacer en nuestra ciudad o provincia; es muy fácil a nosotros los padres achacarle males a otros cuando nosotros miramos para otra parte como si no tuviéramos nada que ver con lo que sucede en nuestra sociedad y cómo afecta nuestro comportamiento y actitud por nuestra falta de compromiso, en especial con nuestros hijos. Cuando un hijo de 20 años alcoholizado por una noche en un boliche se mata en nuestro auto camino de regreso a Rosario la culpa no es del bolichero que vendió alcohol ni la policía que no lo detuvo, sino también de nosotros que les damos las llaves de nuestros vehículos y nos creemos ese cuento que ebrio se maneja mejor. Sería interesante que la legislación que afecta a los bolsillos de los padres, único medio de atraer su atención, haga que comiencen a cambiar hábitos de conductas y comportamientos sociales y culturales.


































