Es un fenómeno cósmico que los científicos describen como una alteración en el espacio-tiempo, que se caracteriza por atraer y succionar grandes masas de materia −incluyendo planetas y estrellas−, pero que por ahora subsiste la imposibilidad de conocer la actividad en el interior con dicha materia, perdiéndose para siempre toda información sobre ella. Nuestra presidenta, como lo hace habitualmente, agrega un nuevo hito en sus convocatorias al mundo para que tome nota de cómo deben hacer para solucionar sus problemas. En el país del fin del mundo, ha logrado reproducir en forma exitosa el fenómeno cósmico. Su gobierno succiona ingentes recursos materiales que produce todo el país, pero resulta imposible conocer qué sucede en su interior con esos recursos, ya que no retornan de algún modo hacia quienes los generan. Pero el clon político del fenómeno cósmico, con técnicas mágicas, supera a aquél. En su interior hay un número no determinado de agujeritos negros, que absorben parte de los recursos y los vuelven a materializar como estrellas humanas individuales, cuyo exitoso brillo padece la sociedad. Es una degradación de la moral en el espacio humano.




























