Buenos Aires.— La Justicia absolvió y ordenó la inmediata liberación de
Graciela Haydeé Aguirre, la mujer que mató a su marido de una cuchillada el 4 de junio de 2007,
luego de que tanto ella como su hija y sus vecinos ratificaran ante los jueces los constantes
golpes y maltratos que sufrían del fallecido.
El Tribunal Oral 4 de La Matanza, integrado por Gerardo
Gayol, Franco Fiumara y Jorge Multedo, entendió que la mujer había actuado en legítima defensa y
decidió absolverla luego de que el propio fiscal Ariel Panzoni optara por no acusarla. Eso ocurrió
después de un crudo relato en el que Aguirre, de 38 años, contó las "cotidianas" agresiones que
sufría por parte de su marido, Ricardo Avila, y recordó que ella había denunciado esos hechos ante
la policía pero nunca obtuvo respuestas.
Forcejeo fatal. Aguirre detalló lo ocurrido la noche del crimen:
"Forcejeamos después de discutir, yo empujé a la nena (la hija de 15 años que se interpuso entre
ambos para defender a su mamá) y fue a parar contra la puerta. El se cayó y se le cayó el cuchillo.
Después se levantó y volvió a tomar el cuchillo". Fue entonces cuando Aguirre reaccionó tomando
otro cuchillo y se lo tiró "a lo ciego, sin intención de matarlo", según dijo.
Más tarde, el relato fue confirmado por la hija de la
pareja, Karina, mientras que los vecinos y familiares dieron cuenta de la personalidad "intratable"
y "violenta" de la víctima.
Despues de cinco horas de audiencia, el fiscal Ariel
Panzoni sostuvo que desistía de acusar a la mujer que estuvo detenida desde el momento de la muerte
(6 meses en prisión y el resto en su domicilio con tobillera eléctronica). La Fiscalía hizo
hincapié en que la mujer no pudo "escapar ni irse" de la vivienda porque Avila era un hombre
"corpulento" y señaló "el temor que le tenían" en el barrio.
"Tenemos un cuadro del que surge la agresión ilegítima (de
Avila) cuando la agredió, la humilló, golpeó a ella y a su hija. Tenemos la necesidad de un medio
claro: si ella tomó un cuchillo fue después de la agresión, después de pedir ayuda, en donde los
vecinos no se metían. Y tengo por demostrada la falta de provocación suficiente por la imputada,
porque un testigo la escuchó decir: «Decime que no lo maté»", dijo el fiscal.
El fiscal entendió que los relatos de Graciela y su hija
fueron "de una total verosimilitud y sinceridad" y anunció que evitaba acusarla de homicidio porque
entendía que había actuado en legítima defensa.
Tras agredecer la "honestidad intelectual" del fiscal, la
defensa de Aguirre atacó al fiscal de instrucción Guillermo Bordenave, porque "de haber primado el
criterio", Aguirre "no hubiera padecido casi dos años de detención que la privaron de sus actos
ciudadanos".
Víctima del sistema. "Sin lugar a dudas, Graciela fue una víctima del Poder
judicial que no le tendió una mano cuando denunció a su marido. No fue a pedir clemencia, sino que
los órganos encargados de la violencia familiar la asistieran. Pido entonces una advertencia para
los poderes publicos para que no haya otros Ricardo y otras Graciela victimas", dijo uno de los
abogados.
El tribunal dispuso la abolución de la mujer y pidió a la
defensa que se instruya al Ministerio de Justicia y a la Suprema Corte un reclamo frente a los
organismos que no dieron respuestas a Aguirre cuando denunció los maltratos.
Tras conocer el fallo, Aguirre rompió en llantos y se abrazó a su hija.
Entonces dijo: "Gracias a Dios se hizo justicia, tenía mucha fe e intentaba creer que esto iba a
terminar así. Como pueda, ahora, saldre adelante con mis hijas, sola". (DyN)