Hace unos días leí en este diario la última entrevista realizada al queridísimo padre Tomás, como también el testimonio de una docente en actividad -recibida en uno de los hogarcitos que la cobijara- hoy entusiasmada en devolver a la comunidad lo recibido. Inexorablemente, el hombre nace y muere. Cuando esto último acontece el ser humano deja lo que tiene y lleva consigo lo a que a lo largo de su vida dio. Santidrián vivió con una carga ligera, que es lo que dejó (lo conocí trabajando con una campera azul que lo acompañó más de una década). Partió hace pocos días con una carga pesada, maletas y maletas cargadas de tantas vidas que retrató con el pincel que “el de arriba” puso en sus manos. Trabajó incansablemente, con amor, fidelidad y con una sonrisa esperanzada y contagiosa. Gracias Señor por habernos regalado en esta sociedad a este hijo tuyo. Parafraseando lo dicho en una misa por el padre Tomás: “así como el ladrón cuando entra en una casa se lleva la mejor joya”, a él lo escogiste para llenarlo de gloria.


























