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A terapia intensiva del Pami I

He sido muy afortunada. He tenido el privilegio de permanecer doce días con sus noches en un lugar paradisíaco y además volver para contarlo.

Sábado 27 de Septiembre de 2014

He sido muy afortunada. He tenido el privilegio de permanecer doce días con sus noches en un lugar paradisíaco y además volver para contarlo. Desde mi lecho inviolable de la Unidad Coronaria de Terapia Intensiva de Pami I, mis ojos abarcaban el mundo: redondo, amplio, vidriado, sin tabiques que obstaculizaran la vista, sin ruidos del exterior que lo perturbaran, iluminado a giorno, sin posibilidad de que alguien entrara o saliera a horas intempestivas. Sólo nosotros, los ocupantes pasivos de lechos separados a medias por paneles que impedían vernos las caras, pero que permitían alguna breve comunicación oral. Amplio y curvo el techo, cielo fingido preservándonos de inclemencias climáticas, sin día ni noche en ese mundo separado del mundo. Sólo figuras silenciosas, deslizándose atentas al menor llamado, al más pequeño rumor de alerta, calmando, alimentando, lavando, curando, susurrando una palabra de aliento, una broma inocente, cambiando una sábana, ahuecando una almohada. Esas figuras son de carne y hueso, tienen nombres dulces y cálidos como sus manos y sus voces, y no se olvidan fácilmente. Han pasado varios días pero sigo viéndolas cruzar fugaces delante de mi memoria, acarreando bandejas con el desayuno o la merienda, el almuerzo o la cena y dejándolas sobre nuestras mesitas rodantes, siempre con una sonrisa. Laura, por ejemplo, meneando con tanta gracia su alto gorro verde y el largo delantal ajustado sobre sus caderas, que parecía estar desfilando para Givenchy. El primero que me extrajo sangre en el laboratorio fue Diego, asombrado porque yo era la autora de un libro que en sus 18 años le había parecido delicioso. No sentí el pinchazo, sólo pude ver su sonrisa y escuchar su “Usted me alegró la tarde”. Vanessa, Adrián, Romina, Ezequiel, doctor Vottero, Mónica,Tere y su larga trenza oscura. Interminable la lista de médicos, enfermeros y enfermeras que uno estaría tentado de llamar angélicos si no fuesen tan terrenales, si no mostraran de modo tan concreto cómo es posible aliviar el dolor y el sufrimiento de los otros, cuando los otros de verdad cuentan para uno, cuando se estudia y se trabaja precisamente para evitar que los otros sufran lo inevitable que les ha tocado en suerte. Quedan muchos nombres flotando en ese mundo paralelo, sin horarios ni comunicación con el exterior, un mundo que se volvería absolutamente insoportable de no existir este grupo humano sólido y valiente, trabajador incansable, unidos en compañía fraterna (he visto cómo alguno que terminaba primero su labor nocturna, dejaba preparado un minucioso y ordenado conjunto de remedios para que su compañero, a la madrugada, los encontrara listos). Cuando ya sobre la medianoche disminuía la luz, desde mi privilegiado lugar podía ver cómo se sentaban frente a sus carpetas y computadoras, y se ponían a estudiar. No hubiera podido discernir demasiado si alguno de los que se acercaban a mi llamado era médico o enfermera. No parecía haber jerarquías. Si alguien no podía auxiliarme en ese momento, decía solamente, “ahora no puedo, pero ya viene mi compañero”. Nunca me sonó tan dulce y verdadera esa palabra. Gracias, Diego, Adrián, Laura, Vanessa, Mónica, Romina, y a todos los otros cuyos nombres se me escapan, por hacer tan grata mi permanencia en terapia intensiva, durante doce días con sus noches. Es tan débil la palabra gracias, en este caso. Pero no tengo otra.

Alma Maritano

Hagamos algo por la inseguridad

Han causado gran conmoción las declaraciones del actor Ivo Cutzarida, quien en diversas apariciones y por distintos medios de comunicación formuló, en estilo muy singular, posiciones severamente críticas a los actos de violencia que viene padeciendo la sociedad argentina. En sus relatos donde describe situaciones figuradas que podrían cristalizarse en hechos reales han generado un impacto muy singular en la gente. A poco de andar y de múltiples invitaciones que le hacen desde distintos lugares a los que asiste para expresar su opinión le salieron al cruce voces que le adjudicaban distintas intenciones al susodicho actor que, sin miramientos, continuó y lo sigue haciendo valientemente en cada lugar adonde lo convocan. En realidad, es imposible estar en contra de su posición, las encuestas un poco desordenadas tanto como su propio discurso –lo que no le resta valor a los dichos– son impactantes en favor de la posición de Ivo Cutzarida. Es tal el desmadre de la falta de control en la seguridad que se nos desdibuja el concepto de ella convirtiéndose en absoluta “inseguridad” que quiere decir que no es seguro vivir, que es lo mismo que decir que es posible morir. El discurso de la inseguridad en estos tiempos que vivimos hace que reverberen las propuestas de la aplicación de la pena de muerte de hace algunos años atrás, lo cual deviene inadmisible en nuestra cultura. Esas extremosas soluciones, nadie quiere ni pensarlas. La instauración de dicha sanción para los asesinos o violadores, que pedía penas más duras para los delincuentes, tuvo a su tiempo una contrapartida en la propuesta del armamentismo de la sociedad: armarse hasta los dientes no sirve, pues se apoya el miedo en un arma, ello es no creer en la Justicia: Ni en la política para transformar la vida. Se ve cómo algunas religiones se esfuerzan denodadamente en trabajar activamente en comedores escolares, talleres, hogares para darles espacios a las personas más indigentes y con todo ello intentan erradicar a los niños y adolescentes de la calle, paliativos que por ahora están siendo muy útiles y –posiblemente– los únicos. El Estado está absolutamente ausente, es más, han llegado a decir desde los más altos niveles del gobierno nacional que la inseguridad era una “sensación”. Luego al autor de esos dichos, paradojicamente, lo hicieron víctima de un asalto y, valga decirlo, era un altísimo funcionario del gobierno nacional. Parece que el valor de nuestras vidas ha declinado tanto que no valemos absolutamente nada; somos cero. La única iniciativa que parece válida, por ahora, es profundizar la instrucción, cargarlos a estos intrépidos jóvenes delincuentes con la obligación legal de aprender, y aunque esto lleve mucho tiempo por algo hay que empezar. Verdaderamente no tengo una propuesta para formular, ni se me ha ocurrido ninguna fórmula mágica como para dar solución a este complejísimo problema de la inseguridad, donde todos estamos en vilo; nosotros, nuestros hijos, padres, nietos y hasta los ancianos desamparados y expuestos a la demencia de la agresión sin límite que actualmente campea en nuestro país. Solamente vengo con mi buena voluntad a instar a nuestros compatriotas a que tomemos fuerza, internalicemos este gravísimo problema y abandonemos la queja mediante la oralidad a la que se la lleva el viento. Para que no nos sigan matando de a uno solamente se me ha ocurrido algo que tal vez sea el único camino para que podamos renovar nuestro compromiso en favor de la vida, continuar viviendo en paz y armonía: todos tenemos algo para hacer y dar de nosotros mismos, ha llegado el momento. ¡Comencemos ya a hacer algo!

Héctor Malvar
DNI 6.050.203

Viajes para
todos

Treinta y tres aduladores y obsecuentes viajaron con la presidente en su gira. ¿Hacía falta esta ingente cantidad de personas? La erogación que este viaje implica, la pagamos todos los argentinos, son muchos miles de dólares. Y los los aplaudidores de siempre, felices y contentos gastando el dinero que no es de ellos mientras miles de niños de todo el país sufren las carencias alimentarias; esta ostentación del fausto es una cachetada a la sociedad, es una ignominia, una burla al prójimo. Pero ellos no se inmutan ante las criticas, siguen a pie firme profundizando el modelo, protegiendo a sus amigotes con blindajes de acero, preparando a sus acólitos para asegurarse la impunidad. Este sistema perverso parece no tener límites, la desvergüenza se apoderó de sus almas, la codicia les penetró hasta los huesos mientras nosotros, los ciudadanos de a pie, presenciamos impávidos como nos dejan sin futuro. Les dejo una sentencia del filósofo chino Lao Tse: “Cuando los humbrales de las escuelas estén gastados, los sables oxidados, y los abogados vayan a pie, la Nación será próspera”.

Osvaldo Américo Ruiz

Cumpleaños de una escuela

Sesenta años no son pocos, sobre todo si señalamos los años que cumple una escuela. Esa escuela empezó funcionando en una vieja casa prestada que se fue adaptando a las necesidades, con pocos alumnos, y fue creciendo hasta tener tres turnos. Y llegó el momento en que pudo trasladarse a un edificio propio, construido para funcionar como escuela. Esa escuela abrió la posibilidad a adolescentes de la población y zonas aledañas de acceder al nivel secundario, lo que vuelve más significativo el tiempo. Además la creación de esa escuela que fue gestionada por los habitantes del lugar, esto es, no por el gobierno, confirma el hecho de que los inmigrantes y sus descendientes pensaron, y lo siguen haciendo, que la educación abre las puertas al progreso de los pueblos tanto en lo espiritual como en lo material. Me refiero a la Escuela “Juan Bautista Alberdi” de Arroyo Seco, ciudad situada en el sur santafesino, a 30 kilómetros de Rosario. Esa escuela posibilitó un cambio social grande y la formación de profesionales que se incorporaron a la población. La idea de crear la escuela tuvo apoyo general, aún por quienes no tenían intereses personales en ello. Como en todo emprendimiento se necesitaba dinero, que aportaron comerciantes, profesionales y vecinos en general, apoyando una obra para el bien común. Muchos docentes decidimos colaborar sabiendo que en un principio no íbamos a cobrar remuneración alguna, pero quisimos hacer nuestro aporte como hijos y nietos de los antiguos pobladores. Una vez más, la voluntad popular llenó el vacío dejado por el Estado. En este momento, al celebrarse los 60 años de aquella patriada, recordamos a alumnos, profesores, personal de la escuela que ya no tienen presencia física pero que en el recuerdo están con nosotros. Sentimos el orgullo de saber que la siembra fue muy fructífera y hacemos votos para que la obra siga adelante para bien de la comunidad.

Nélida González

Margarita Barrientos

Margarita, una mujer singular

La vi por televisión. Emociona. Quizás por su mirada humilde, su inteligencia o su dedicación. Es increíble como con su cadencia y su sabiduría atrapa al televidente y le paraliza la mano que, segura, sonríe sin apretar el inquieto control. Cuando le preguntaron cuál sería su mayor deseo para el país luego de estar al frente de comedores infantiles comunitarios durante 18 años, expresó: “Que se terminen los comedores comunitarios. Que cada mamá pueda decidir lo que le da de comer a sus hijos, y no ser yo la que tenga que elegir, porque ellas no tienen recursos para hacerlo” ¡Ay, querida Margarita! Voy a transmitir, porque no aprendí a callarme, palabras de otro grande. Las de don Luis Landriscina a un hachero santiagueño: “Quisiera encontrar el hacha para que juntos talemos el árbol de la injusticia, para que engorde el jornal y hacer valer tus derechos. Dos hachas no son gran cosa, pero juntos ya veremos. Si somos muchos talando, capaz que tiemble hasta el cielo”.

Edith Michelotti
ediluobs@hotmail.com

 

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