Los jubilados somos millones y con el voto tenemos un poder quizá mayor que cualquier otro sector. Es verdad que muchos estarán imposibilitados de ir a votar por razones físicas y/o de traslado, pero los que puedan hagan por favor el esfuerzo de concurrir a las urnas el 28 de junio. Allí cada uno votará por quien su conciencia o gusto o conveniencia le diga. Ojalá sea por lo primero, pero antes de decidir debemos tener en cuenta varios sucesos de los últimos tiempos. El Poder Ejecutivo nos otorga aumentos semestrales, más bien diría limosnas. No cumple con la ley ni con lo que le ordena el Poder Judicial. Este no insiste con fuerza sobre su decisión de pagar el 82 por ciento móvil. Meses atrás el gobierno se apoderó de los fondos de las AFJP. No me gusta ese sistema de jubilación , pero debe respetarse a quienes lo eligieron. No hay derecho a apropiarse del dinero ajeno. Con los fondos de la Ansés sucede algo similar. El dinero de la Ansés es de los jubilados y no del gobierno, que no debería disponer de ellos a su antojo ni aún con la promesa de restituirlo: aunque así fuera , lo haría devaluado, dado el bajo interés que el mismo deudor dispuso. Existen otras fuentes de recursos y nada justifica despojar a otros de sus dineros, menos cuando el despojado es uno de los sectores más necesitados de la sociedad. Con los fondos de la Ansés pudo cumplimentarse el aumento que la ley dispusiera para los jubilados. Las peores burlas son que ese dinero se ha volcado a una serie de créditos de los cuales lo únicos excluidos fuimos sus dueños, los jubilados, y que recientemente nuestro sector, uno de los más pobres, haya sido despojado para prestarle dinero a una empresa norteamericana. Exactamente al revés de lo que hacía Robin Hood y exactamente al revés de lo que predicaba y cumplían Perón y Evita.





























