Durante exactamente 58,788 segundos del 28 de enero de 1986 el mundo estaba en orden para la agencia espacial estadounidense Nasa, que desde Cabo Cañaveral enviaba por vigésimo quinta vez en su historia a un transbordador al espacio. Pero entonces ocurrió la catástrofe.
Hace 25 años, el transbordador espacial Challenger despegaba en su décimo vuelo. “Los motores funcionan normalmente”, dijo Steve Nesbitt, del centro de control de vuelo en tierra, 45 segundos después del lanzamiento. “Máxima potencia”, informó el comandante Francis Scobee a tierra. Segundos después murió.
El transbordador explotó convirtiéndose en una gigantesca bola de fuego provocando la muerte de los siete miembros de la tripulación, Francis “Dick” Scobee, Michael J. Smith, Ronald McNair, Ellison Onizuka, Gregory Jarvis, Judith Resnik y Christa Corrigan McAuliffe.
Una pequeña llama se formó 58 segundos después del lanzamiento en uno de los cohetes de combustible sólido. Cinco segundos más tarde hubo fuego en el fondo del tanque, luego un infierno de llamas amarillentas y anaranjadas de carburante envolvió al transbordador.
Después de 74 segundos, el Challenger estalló en miles de fragmentos a 16 kilómetros de altura.
Aún hoy este accidente forma parte de los peores acontecimientos de la historia reciente de Estados Unidos. l (DPA)



























