Economía

Tratado Transpacífico, un nuevo eje para el comercio mundial

Política internacional. El Tratado entre Países del Pacífico involucra al 40% de la producción global. El pacto con eje en EEUU y Japón estipula renovados marcos arancelarios para el intercambio.

Domingo 08 de Noviembre de 2015

El Tratado entre Países del Pacífico o Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés) firmado entre Estados Unidos, Japón, Canadá, México, Perú, Chile, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, y Vietnam, involucra el 40 por ciento de la producción mundial y es el primero que se firma desde el año 1993, cuando la globalización derrumbaba los esquemas regulatorios puesto en práctica después de la Segunda Guerra Mundial.

   El nuevo pacto, con Estados Unidos como actor preponderante y Japón como partícipe necesario, estipula un nuevo marco arancelario que afecta a varias industrias muy poderosas como la farmacéutica, la automotriz y la textil, y establece algunas de las normas laborales y regulaciones medioambientales más ambiciosas hasta el momento, con el objetivo declarado de impulsar el comercio y la inversión.

   Es también un hijo de la fenomenal crisis económica y financiera desencadenada en 2008 en el corazón del modelo financiero estadounidense, así como una consecuencia del fracaso de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

   En la práctica, valida algunas herramientas de protección aduanera y significa que sus miembros se comprarán entre ellos bajo el ala estadounidense, por lo que automáticamente dejarán de comprarles a terceros países, entre los cuáles puede estar Argentina.

   El presidente Barack Obama lo dijo con claridad: “cuando más del 95% de nuestros clientes potenciales viven fuera de nuestras fronteras, no podemos permitir que países como China escriban las reglas de la economía global. Nosotros debemos escribir esas reglas, la apertura de nuevos mercados para los productos estadounidenses”, afirmó al defender el TPP ante el Congreso de su país.

   Es que la presencia de Estados Unidos en el comercio internacional de la región asiática ha caído 9% desde 1990, y sus exportaciones a la región eran el 45% del total en 2000, mientras que ahora sólo representan el 28%.

   Por supuesto, el acuerdo tendrá un impacto en los países no miembros como Argentina, algo que ya advirtieron por ejemplo desde la Unión Industrial.

   También acelerará otras negociaciones ante la necesidad de los países de atraer inversiones y mantener las condiciones de acceso para sus exportaciones, en momentos donde la economía mundial todavía no repunta.

El acuerdo. Según Esteban Actis, doctor en Relaciones Internacionales de la UNR y becario posdoctoral del Conicet, las características más importantes del TPP abarcan tres niveles: el comercial, el geopolítico y el jurídico.

   En materia comercial, el acuerdo se enmarca en la noción de “regionalismos del siglo XXI”, que profundiza aún más el tipo de integración comercial de los 90 bajo la idea de “regionalismo abierto”.

   Actis destacó que mientras que está ultima visión apuntaba casi exclusivamente a la eliminación de aranceles vía la firma de Tratados de Libre Comercio, el TTP se sustenta en una serie de acuerdos comerciales preexistentes (muchos de los países firmantes tienen TLC entre ellos) con el objetivo de avanzar en otros tipos de cuestiones además de las barreras en fronteras (propiedad intelectual, redefinición de normas de origen, políticas de inversión, armonización de políticas internas).

   “El TPP apunta a consolidar una gran área económica para fortalecer el nexo de comercio-producción-servicios, específico de esta etapa de la globalización, donde la producción se segmenta geográficamente integrando cadenas globales de valor”, afirmó el experto, quien agregó que “paralizado el régimen multilateral de comercio de la Ronda de Doha, el TPP intenta construirse como una opción regional para profundizar la liberalización del comercio y los flujos de IED en un contexto de proliferación de medidas proteccionistas dado la retracción de los flujos comerciales a nivel global pos crisis de 2008”.

   El segundo gran impacto es el geopolítico, ya que el acuerdo fue impulsado por Estados Unidos y Japón con el fin balancear el mayor involucramiento de China en todo el pacífico, ya sea en Asia como en América latina.

   “Este acuerdo intenta mejorar el acceso del comercio y la inversión de las grandes empresas trasnacionales que en la actualidad compiten palmo a palmo con la competencia de China”, sintetizó.

   Por último, tiene un impacto político/jurídico principalmente en los países receptores de inversiones, como Perú y Chile, ya que el TPP avanza en lo que se conoce como Investor-state dispute settlement (ISDS), un mecanismo de solución de controversia entre los Estados y las empresas que rompe con una ley jurídica básica, la de reciprocidad.

   “Las corporaciones pueden demandar en tribunales ad hoc a los Estados pero no viceversa. Es decir las empresas pueden pedir un resarcimiento por cualquier política nacional que pueda afectar sus negocios. Es un sistema aún más perverso que el Ciadi y donde la soberanía de los Estados está cuestionada. Muy pocos de los que ponderan el TPP han puesto el foco en esta situación”, señaló el especialista.

Mercosur. El nuevo damero que se arma a partir de estas herramientas de comercio global provocará un efecto en el Mercosur, bloque a su vez envuelto en mil dilemas propios en parte por los cambios políticos que suceden en sus miembros.

   En la opinión de Actis, la noción de “regionalismo del siglo XXI” materializado en proyectos como la Alianza del Pacífico o TPP “no encaja en la lógica del Mercosur”, un esquema de integración basado en una unión aduanera con el fin de insertarse en la globalización desde cierta autonomía en materia política y desde un cuestionamiento a la división internacional del trabajo.

   “El Mercosur expresa un rechazo a la idea de insertarse en la economía global sólo como productores de bienes con bajo valor agregado”, argumentó.

   En cambio, este tipo de modelo de desarrollo “liberal” sí ha sido adoptado por Chile y Perú, un aspecto que facilitó su ingreso al TPP.

   El especialista apuntó además que Brasil y Argentina poseen en términos relativos economías con mayores regulaciones económicas “propias de modelos de desarrollo que desconfían de que las transformaciones productivas las pueda llevar adelante solamente el mercado”, de ahí la necesidad de fortalecer el rol del Estado y la administración del comercio.

Revisionismo. “Ante las dificultades que afronta actualmente el Mercosur en tanto no ha cumplido los objetivos propuestos y el avance de visiones al interior de los países miembros sobre la necesidad de abandonar esta concepción de integración a la luz del auge de las ideas “posneoliberales” estamos en presencia de un momento bisagra”, expresó el investigador.

   También consideró que en Brasil “hay cada vez más consenso en sus elites políticas y económicas de que el Mercosur es un limitante al desarrollo”, mientras que “un cambio de partido de gobierno también en Argentina consolidaría esta visión”. “De ser así “no debe descartarse en el mediano plazo un acercamiento de las economías del Mercosur a estos nuevos esquemas de integración”, concluyó.

   Respecto a la negociación de un acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la UE (que lleva más de 20 años en negociación), dicho acuerdo debe comprenderse en el otro gran acuerdo comercial que impulsa EEUU, que es el Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (TTIP) con Europa.

   “Este es un nuevo incentivo que tienen los países del Mercosur en tratar de cerrar algún acuerdo, en particular Brasil”, afirmó Actis. “Es el gigante sudamericano quien impulsa la concreción del acuerdo dado que no quiere quedarse aislado en el comercio mundial”.

   Argentina, más desde una posición reactiva, logró reducir el universo de pautas arancelarias a liberalizar. En la actualidad, después de muchas negociaciones, Mercosur ya presentó su oferta y espera la contraoferta de la UE.

   “A contrario de lo que se cree, son los europeos quienes no han alcanzado el consenso. Francia, Hungría e Irlanda, tienen problemas para avanzar con el acuerdo y también hay sectores de la política europea que sostienen que parte de la crisis que sufre el bloque comunitario se debe a su apertura comercial”, dijo.

   Además, como ha sido histórico la fuerte protección europea al agro (política agraria común) “no parece reducirse, siendo uno de los puntos claves en las negociones”.

Impacto local.La Unión Industrial Argentina (UIA) fue uno de los actores institucionales que más claramente mostró su postura respecto al TPP.

   “Es posible que aquellos países que actualmente se vinculan comercialmente con los países miembros del TPP, pero no están incluidos en el mismo, se vean afectados por desviación de comercio e inversiones”, consideró la entidad.

   En 2014 Argentina exportó 14.400 millones de dólares a los países miembros del tratado, e importó por 15.180 millones en el mismo período, “siendo Estados Unidos el principal destino y origen del comercio”.

   La UIA alertó que “con la firma del TPP, Estados Unidos ha conseguido exportar sus normas comerciales, tanto en materia laboral y medioambiental, como en la construcción de marcos regulatorios de normas técnicas y sanitarias y fitosanitarias”, lo cual “implica una alta barrera de entrada para los países y bloques que no forman parte del acuerdo”.

      “Por un lado, limita el poder de China en la región y sus posibilidades de trazar o diseñar reglas en el intercambio con sus socios comerciales; por otro, aumenta el peso de la presencia de EEUU y de sus intereses comerciales en los mercados de Asia Pacífico”, evalúa la entidad.

Para China, esta iniciativa llega en el peor momento de su economía en los últimos 30 años, ya que el enlentecimiento de su producción y de sus exportaciones es ya un hecho y nadie arriesga pronósticos de qué ritmo adquirirá ese descenso de la curva en la segunda economía mundial.

Reestructuración. Además, la crisis financiera mundial iniciada en 2007-2008, que llevó a una caída del 50% del comercio mundial en la primera parte del año 2009, ha tenido como consecuencia un intercambio comercial internacional descendente a largo plazo.

    Esta realidad ha determinado que en el primer semestre de 2015 se haya verificado una caída del 13%, en términos de dólares, del comercio internacional con respecto al mismo período de 2014.

    Esto pone de relieve que el interés del gobierno de Obama y de las grandes corporaciones estadounidenses es tallar fuerte en una agudizada disputa por la cada vez menor torta que arrojan los intercambios de bienes y servicios a nivel mundial.

   En ese sentido, Japón deviene el principal aliado de Estados Unidos en el TPP, una convergencia que transforma a ambas potencias en el eje alrededor del cual girará la construcción de este acuerdo de libre comercio, debido a la necesidad de presentar un frente unido ante el agresivo rol comercial de China en Asia y, más en general, en todo el mundo emergente.

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