El concepto hace referencia a las publicaciones financieras que mediante lenguaje seductor y recomendaciones exageradas de inversión buscan embaucar al usuario desprevenido.

Por Facundo Budassi
En las redes proliferan los malos consejos financieros
El concepto hace referencia a las publicaciones financieras que mediante lenguaje seductor y recomendaciones exageradas de inversión buscan embaucar al usuario desprevenido.
El término fue acuñado por la asesora financiera Jane Quinn, quien describió que la pornografía financiera se utiliza para describir informes sensacionalistas sobre noticias y productos financieros, creando compras irracionales que podrían ser perjudiciales para los objetivos de un inversor y para su salud financiera.
Las redes sociales configuran el caldo de cultivo ideal para la proliferación de esta modalidad. La masividad de la comunicación, ha propiciado la creación de comunidades donde supuestos “asesores financieros” comentan abiertamente cuánto ganan, dónde invierten o qué hacen para gastar menos.
Los “gurús” de las finanzas digitales exponen sus métodos, sus datos y sus secretos. Abiertos a la vista del usuario, ofrecen inversiones de corto plazo y alto rendimiento que prometen, mediante la adopción de ciertas estrategias, lograr la dependencia financiera de los discípulos.
El gurú, se apoya en una vulnerabilidad común que afecta a los consumidores de pornografía financiera, algo que los economistas del comportamiento llaman sesgo afirmado. En el sesgo afirmado, los usuarios analizan la información que afirman sus propias creencias. Incluso si esta información parte de un emisor neutral, un inversor de sesgo afirmado seleccionará la parte positiva del informe y lo presentará como una opción válida.
Mezclando ostentación con mecanismos piramidales ofrecen ganar dinero desde casa, utilizando aplicaciones o suscribiendo a sitios de internet, comprando activos determinados, operando con pocos montos, configurando un camino bastante tentador para quienes se ilusionan con mejorar su situación económica mediante la utilización del “mercado”. Estas inversiones suelen funcionar en el corto plazo, pero a una escala mínima e insignificante tendiente a generar expectativas de mayores ingresos futuros en el “aprender haciendo”.
Pero al final, los periodos se extienden y las pérdidas de capital se presentan. La extensión temporal es la que desliga al anunciante de responsabilidades, “Tuve mala suerte” o “no reaccioné con tiempo a las señales del mercado”, son frases que suelen oírse entre los inversores frustrados.
Determinar si algún anuncio opera bajo la modalidad de “porno financiero” requiere de una particular atención a las publicaciones de los supuestos asesores, sobre todo en cuanto a la relación entre aportes y rendimientos. Si la disparidad entre unos y otros es muy elevada, será mejor pensarlo dos veces. El sueño del dinero fácil, de trabajar poco y ganar mucho no existe, invertir no es una tarea sencilla y cualquier anuncio que diga lo contrario, a priori debería ser sospechoso.



