Año nuevo, gobierno nuevo. Los primeros pasos del presidente Javier Milei fueron al hueso con un cambio de régimen, en busca de darle una nueva oportunidad a las políticas que ya se implementaron en el 76, los 90 y el 2016. ¿Cuál será el impacto en 2024? Distintos centros de estudio hicieron un análisis de la transición y anticiparon sus pronósticos.
Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, elaborado por Bruno Ferrari, Francisco Rubies y Julio Calzada, describió el punto de partida. En materia de actividad, con un dinamismo que “se mantuvo cercano a su máximos históricos casi hasta finales de 2023”, aunque “con salarios bajos, pobreza creciente, una situación monetaria y fiscal muy endeble, sin reservas internacionales y un perfil de vencimiento de deuda más que desafiante en el corto plazo”.
El estudio recuerda algunas cifras: 67,9% de uso de la capacidad instalada de la industria para septiembre de 2023, el segundo guarismo más alto para ese mes desde el comienzo de la serie; y 6,4 millones de trabajadores registrados en el sector privado, un máximo histórico. Pero al mismo tiempo, la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) fue de $ 376.600 un 25% real por debajo de fines de 2015.
La inflación anual en 150% con la que cierra 2023, el déficit fiscal persistente y sin financiamiento privado para poder afrontarlo, la brecha cambiaria del y reservas negativas en torno a u$s 11.000 millones, ameritaban, de acuerdo a la Bolsa, implementar en el corto plazo “un plan de estabilización”.
Milei puso en marcha un plan de shock para “alcanzar rápido el superávit fiscal global y eliminar el déficit cuasi fiscal”. Su intención es “dar una señal clara a los mercados y poder volver al crédito internacional”. La promesa es retomar un esperado sendero de crecimiento. Pero antes, vendrá “un escenario de más inflación y un período recesivo en el corto plazo”.
Para los economistas de la Bolsa, el desafío se encuentra en minimizar el impacto del ajuste en la actividad económica. Y el mayor riesgo es que, en un contexto de alta inflación, “se atrase rápidamente el tipo de cambio donde el ancla sería el plano fiscal”.
De cara al 2024, los pronósticos para la economía en general no son alentadores en términos de actividad, a pesar de que se espera una recuperación del agro. El relevamiento de expectativas del mercado (REM) que realiza el Banco Central (BCRA) recogió una estimación de caída de 2,4%.
El economista Carlos Seggiaro considera que este escenario recesivo persistirá en el primer semestre, hasta la aparición de la cosecha gruesa. Se muestra más optimista para la última parte del año. “Creemos que el saldo final mostrará un comportamiento positivo en torno al 1%, por el desempeño de sectores como el agrícola, minero, energético, turismo extranjero e industria del conocimiento, entre los más destacados”, dijo. Igual, esta evolución presentará “fuertes diferencias sectoriales y regionales, con las actividades ligadas al mercado interno como grandes perdedoras”, agregó.
“Millones de personas que perdieron poder adquisitivo durante los últimos años, no tendrán mayores chances de recuperar su anterior posición en 2024”, explicó.
La inflación del año será muy alta pero el economista cordobés también hace un guiño: “Nuestra visión es que comenzará a descomprimirse progresivamente, si el gobierno nacional avanza en el plan de ajuste que tiene previsto, y en el segundo cuatrimestre se ubicaría en un dígito”. De todos modos, será “poco probable”, advierte que las paritarias del año próximo le ganen a la inflación.
Esa parece ser, en rigor, la idea del plan económico. Los economistas Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez, de la Fundación Mediterránea, consideran que “la política salarial es clave” para “acentuar la fluidez del lado de la oferta de la economía”. Por eso sugieren que, en las actuales circunstancias, “deberían evitarse los dos extremos: intentar recomponer ingresos fijos extrapolando e indexando los contratos al ritmo de los picos de inflación de los meses por los que estamos transitando; y desconocer la existencia de la aceleración en el ritmo de suba promedio de precios, con un diciembre que apunta a una variación del IPC superior al 25%”.
Su consejo es módico desde el punto de vista de los trabajadores: “Lo más apropiado parece ser la compensación mes a mes del desfase observado entre inflación y trayectoria previa de las actualizaciones de sueldos”.
La Mediterránea valora la estrategia de Milei como “totalmente opuesta a la de Macri: rápido ajuste fiscal y de precios relativos con lenta salida de los controles de cambios”. Esto, analiza, conlleva riesgos y beneficios. Entre los primeros se destaca “el social (profundización del panorama recesivo), el financiero (reducción en las tasas de interés en un contexto de aceleración de la inflación y menor calidad de los activos de los bancos) y el político (que no se convaliden en el Congreso las iniciativas del programa económico)”. Si pasa esa prueba, aseguran, “entre el segundo y tercer trimestre de 2024, el fogonazo de la inflación de los primeros meses debería ir reduciéndose al igual que la recesión”.
En los propios términos expuestos por la entidad que supo conducir Domingo Cavallo, esta peligrosa aventura parte de un piso bastante alto de actividad. En uno de sus últimos informes destacó que “si se excluye al sector agropecuario, la actividad terminaría creciendo casi 1% en este año”. Esto “sorprende” a estos economistas, que solo atinan a explicarlo por el “atraso del dólar oficial y el “plan platita”, que provocó “cierta mejora en el poder adquisitivo”.
La realidad es que en 2023 se destacaron el crecimiento de la minería y el sector hidrocarburífero, por el impulso de Vaca Muerta y la construcción del gasoducto NK. También creció el empleo en la construcción y hubo mejoras en los servicios. Esta base se pone en la mesa de juego a la hora del ajuste. “¿Hay algún antecedente histórico similar de ajuste rápido?”, se pregunta la Mediterránea. Y se remite al “Rodrigazo” de mitad de los 70. “Sin bien las condiciones políticas en aquel entonces eran totalmente diferente a las actuales, la salida abrupta de precios relativos muy distorsionados permite cierto grado de comparación relativa con la situación actual”, señalan.
Aquello no terminó muy bien, incluso en los términos de sus impulsores. La economía entró en un “fatal ciclo de espiralización de devaluaciones y aceleración inflacionaria”, recordaron.
La razón que encuentran es la debilidad del gobierno de Isabel Perón, cuyas “autoridades económica terminaron concediendo aumentos nominales de salarios que intentaban más que compensar la aceleración de los precios”.
El ancla salarial es parte del programa devaluatorio. Para Seggiaro, aunque la estrategia del gobierno con respecto al mercado de cambios continúa indefinida, “hay ciertas cosas que están ya arriba de la mesa”. A juicio: “Argentina no tiene margen para volver a atrasar el tipo de cambio ya que el FMI así lo exige”. El acuerdo con el organismo demanda que las tasas de interés efectivas en el sistema financiero se sitúen “por encima de la inflación oficial”. Así ocurrió en la década del 90, el espejo de Milei.
En lo inmediato el BCRA parece haber tomado otra dirección, al menos en cuanto al ahorro minorista, con la caída de la tasa de referencia para el plazo fijo tradicional y el endurecimiento para pasarse a los que ajustan por UVA.
Hay, en el medio, un cambio de prestamista. La aceleración de la reducción real de pasivos remunerados de la entidad, que “ya se estaba produciendo”, tiene como contrapartida la emisión de bonos del Tesoro. “Si bien la operación anterior podría dejar inalterada la cantidad de pesos en circulación de la economía y limpiar el balance del BCRA; el sector financiero terminaría en una situación más débil ya que cambiaría activos (Leliq y Pases) muy líquidos, a precio fijo y con bajísimo riesgo de default por otro activos (bonos del Tesoro) de mayor duración, un precio variable y un mayor riesgo relativo de default”, advirtió la Mediterránea. Este mismo apunte realiza sobre el bono ofrecido a los importadores. “La misma entidad monetaria o el Tesoro finalizaría con un mayor stock de deuda”, afirmó.