Economía

Historiadores en Rosario, a cien años de la Revolución Rusa

El historiador Alejandro Horowitz fue uno de los intelectuales convocados por las facultades de Humanidades y Psicología en Rosario para debatir en el marco de los cien años de aquel proceso revolucionario.

Domingo 29 de Octubre de 2017

"Para que el análisis de la revolución rusa no sea la disección de un cadáver extravagante hay que pensarla desde su derrota y en base a los problemas de aquella época que siguen en el presente". El historiador Alejandro Horowitz fue uno de los intelectuales convocados por las facultades de Humanidades y Psicología en Rosario para debatir en el marco de los cien años de aquel proceso revolucionario.

Tarea compleja a la luz de un proceso en el que la utopía y el terror disputan su lugar en la historia con experiencias radicales en materia organizativa y de transformación económica y social. También con un horizonte político de emancipación en condiciones que dejan ver sus huellas en el presente.

En ese marco, el historiador rosarino Antonio Oliva subrayó que la literatura histórica publicada desde 1991, tras la caída de la URSS, se centra en "la visión de la revolución rusa como el inicio de un interminable régimen de terror" y con un eje interpretativo puesto en la irrupción de "un pequeño grupo político que intentó tomar el poder de una revolución que era de otros, y que en definitiva le fue impuesta al pueblo ruso".

A su juicio, esta forma de acceso no debe velar "la posibilidad de estudiar la primera época, donde hubo también experiencias muy transformadoras en la cultura, la organización de base, el feminismo y las políticas sociales".

Para Horowitz, "el modelo de ubicar la violencia como juicio de valor a priori es un dato relevante, ya que se está estudiando una revolución derrotada". Eso obliga a buscar una comprensión sobre por qué fue derrotada y analizar cómo los problemas que intentó resolver están presentes. Implica, consideró, no asimilar llanamente "la toma del poder con la revolución en sí misma". Una fisura que se describe con el papel de Trotsky en relación al "período de vida" del proceso. " Cuando la revolución es derrotada se tiene que ir", recordó.

El historiador de la UBA Jorge Saborido puso el foco en las lecturas de la revolución a medio siglo de ese proceso. Miradas muy diferentes a la de la actualidad. "En aquella época se escribía sobre el logro leninista de que en un país atrasado, el partido reemplazara a la clase, consolidara la revolución burguesa y avanzara al socialismo". Con esa óptica, destacó el académico, no extrañó la influencia que "la revolución tuvo en el proceso de descolonización e industrialización". Al respecto, Aldo Casas, investigador de la revista Herramienta, enfatizó que "la revolución rusa fue más que la revolución obrera, fue la revolución de las masas plebeyas y por eso fue el horizonte de todas las revoluciones emancipatorias por un siglo".

Opinó, en ese sentido, que "revisitar la experiencia requiere examinarla tratando de encontrar inspiraciones y críticas, más que lecciones a seguir".

"El calendario de la revolución del 17, de febrero a octubre (marzo a noviembre actualmente), se transformó en un boletín interpretativo equivocado, ninguna revolución puede explicarse por un acontecimiento", subrayó.

Y consideró, por el contrario, que el papel de las masas y la dinámica de un proceso político intenso y complejo puso a prueba "los manuales del marxismo adocenado de esos tiempos". La advertencia de Kautsky a los bolcheviques por no respetar "las leyes de acero de la historia" quedó superada por una dinámica en la que ese mismo grupo debió "cambiar sobre la marcha". Esa reformulación de sus propios proyectos "les permitió ganar la hegemonía política en un proceso vertiginoso y de pocos meses".

El investigador contrarió la idea de que la revolución de febrero del 17 (cuando la autocracia zarista es desplazada por el gobierno provisional), "fue una revolución a medias, de la burguesía", que se transformó en socialista "recién cuando su conducción fue asumida por los que sabían". En cambio, consideró que en febrero "ya había un proceso revolucionario en marcha, los soldados ya no obedecían a los oficiales sino a los soviets".

Su punto es que las masas le marcaban el ritmo a los dirigentes. "Los soviets de obreros y campesinos fueron organizaciones descomunales; de febrero a octubre muchas de sus resoluciones fueron tomadas empujadas por las masas, y los bolcheviques tuvieron que incorporar cuestiones, como la campesina, que eran de los populistas".

"Hablar de la revolución rusa sin preguntarse por lo que fue el poder soviético en los primeros años es un problema, los primeros pasos estuvieron centrados en cumplir con las promesas hechas en la lucha revolucionaria: alcanzar una paz justa, que los campesinos tomen las tierras, desconocer la deuda externa y nacionalizar la banca", recordó.

Y señaló que "en el segundo congreso de los soviets se anunció que era momento de construir el orden socialista, pero cuatro meses después empezó la guerra y civil y se impuso el comunismo de guerra". El paso siguiente fue concentrar el poder. Hacia el fin de la guerra civil "el poder soviético ya estaba en crisis". En 1921 se ahoga el piquete de Krondstadt, "y ahí empieza la historia de la contrarrevolución".

A cien años de aquel proceso histórico, la "contrarrevolución es preventiva y permanente", dijo Natalia Romé, de la UBA. El brasileño Ricardo Antunes coincidió, al tiempo que advirtió sobre la "lógica destructiva" del capitalismo actual, que crea "una sociedad de descarte", con una clase trabajadora "más heterogénea y fragmentada".

Antunes se detuvo en los cambios políticos de Brasil y, particularmente de la reforma laboral, que "cerró la era de la conciliación" en ese país y abrió una etapa de "lucha de clases abierta".

Horowitz concluyó : "En el mundo actual, las víctimas del capitalismo son corridas con instrumentos de las primeras décadas del siglo pasado, pero sin sindicatos y partidos fuertes que la enfrenten".

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