Los últimos datos del Indec mostraron que el Gran Rosario tuvo a fin del año pasado un buen desempeño en materia de creación de empleo y reducción de la desocupación. Pero también expusieron la caída el ingreso real de los ocupados, que acumuló 20,5% promedio en los últimos seis años. Un reciente informe de la Fundación Banco Municipal explora esa ambivalencia y al mismo tiempo pone bajo la lupa un fenómeno que considera “llamativo”: los cuentapropistas fueron los únicos que aumentaron sus ingresos en ese período. El propio estudio elabora una hipótesis que lo relaciona con la expansión de un segmento de ocupados de alto nivel educativo dentro de este sector.
Los investigadores de la fundación exploraron las contradicciones del mercado laboral de la región en el último trimestre del año pasado. La buena noticia es que la ocupación continuó en su nivel interanual más alto desde 2016 y el desempleo se situó en niveles históricamente bajos. La nota al pie es que, si bien el empleo asalariado fue la categoría que más personas sumó (50.158) en los últimos seis años, su expansión se explicó “principalmente por el crecimiento del empleo privado informal y, en menor medida, por el del empleo público formal”.
Por otra parte, los ingresos reales del total de ocupados vienen perdiendo poder adquisitivo desde tiempo antes de la pandemia. En seis años, se contrajo 20,5% promedio en el Gran Rosario. Por categorías ocupacionales, los patrones (-28,4%) y los asalariados formales (-23,9%) fueron los más perjudicados, mientras que los cuentapropistas (+9%) fueron los únicos que se ubicaron por encima del valor de 2016.
“Resulta llamativa la diferencia en el comportamiento de los ingresos reales durante los últimos seis años entre los asalariados y los cuentapropistas”, señala el estudio. Y traza una hipótesis según la cual este fenómeno podría estar relacionado con “un cambio en la composición” de estos últimos, derivado de “una mayor participación de individuos con mayor educación”, que habrían experimentado un crecimiento del ingreso real.
Señala, en ese sentido, que a pesar de la disminución que la proporción de cuentapropistas experimentó en los últimos años en el total de ocupados de la región, se observó “una creciente participación” en ese sector de personas con estudios universitarios superiores, “especialmente graduados”.
“Este grupo, que tiene los salarios más altos en su categoría y que se dedica principalmente a la actividad profesional y a los servicios de salud y sociales, lideró el crecimiento salarial de los cuentapropistas a finales de 2022, con un aumento de 52,1% en los universitarios incompletos y de 35,6% en los completos, respecto del cuarto trimestre de 2016”, apuntó el informe. En contraste, el ingreso real de los demás cuentapropistas se contrajo en promedio 33,5% en igual periodo (-16,6% secundario completo, -36,6% secundario incompleto y -47,2% primario incompleto).
Las dimensiones de la informalidad
El dato captado por los investigadores e investigadoras de la Fundación retoma actualidad a la luz de algunos debates que se intensificaron entre economistas y sociólogos sobre las múltiples dimensiones de la informalidad en Argentina.
Eduardo Crespo, economista argentino de la Universidad de Río de Janeiro, fue uno de los que encendió ese debate al señalar en una entrevista con la agencia de noticias Paco Urondo que “hay una tendencia a una economía cada vez más en negro, que hace suponer que es una economía bastante más grande de la que estamos imaginando”. Ocurre, a su entender, que a esta informalidad “antes se la pensaba más sectorizada” y ahora se analiza con un mapa más complejo. “Uno puede tener la gran empresa, el pequeño programador, el uberista, ubicados en el mercado internacional, estimar la economía digital es mucho más difícil que antes”, indicó.
En declaraciones al diario Página 12, el economista y especialista en temas laborales David Trajtemberg, consideró, en cambio, que esa “informalidad próspera” tiene poca relevancia pese a que “es cierto que la idea originaria de la informalidad se ha ido modificando con el paso del tiempo, y en la actualidad también se incluye a trabajadores del sector formal que operan en condiciones de no registro”.
Empresas y monotributistas
Un reciente informe del Ieral de la Fundación Mediterránea se acerca al tema desde otra óptica. En el trabajo “Un país con cada vez menos empresas”, el economista Marcos Cohen Arazi describe la transformación del sector empresarial desde la pandemia, momento desde el cual cerraron 12 mil mipymes pero aparecieron 270 mil nuevos monotributos.
“Sin dudas, el golpe al mundo del trabajo que significó la pandemia de Covid -19 trastoca y modificó los modos de llevar adelante las actividades productivas donde el trabajo remoto y el ascenso meteórico de las plataformas digitales no fueron las únicas caras del proceso pandémico”, señaló. En Argentina, la pandemia tuvo un impacto notable en la cantidad de mipymes y en el ascenso del empleo por cuenta propia.
Luego de 2020, y potenciado por las facilidades del “monotributo” para agilizar la apertura formal de nuevos negocios de pequeña escala, el empleo autónomo cobró una dinámica sin precedentes en el país. “La cantidad de trabajadores independientes creció al triple de velocidad que el empleo privado formal en los últimos tres años”, señala el autor.
Así, la cantidad de monotributistas pasó de 1,63 a 1,9 millones, lo que implica que se crearon 270 mil nuevos emprendimientos o autoempleo en el régimen simplificado. La Mediterránea entiende que parte de esos emprendimientos corresponden a la iniciativa personal de la población como también a ocupaciones que buscaron saltar la vía formal (como empleo en relación de dependencia).
Sea cual sea el camino de la autoempleabilidad, el mercado de trabajo sufrió una transformación inédita. Se dieron de alta más de 1.700 monotributistas por semana y se dieron de baja 80 empresas por semana, según los datos de esa entidad. Hay que aclarar que dicha dinámica no se expresó de forma homogénea. Mientras 10 jurisdicciones tienen una cantidad de empresas igual o menor a la que tenían en 2019, las 14 restantes manifiestan un crecimiento, de variada intensidad. La Fundación señala que las jurisdicciones que más contribuyen a la empresarialidad, como son Caba, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, están en el lote con menor cantidad de empresas que en 2019.