Economía

El Plan Fénix frente a la pandemia

El colectivo de economistas que integran la cátedra abierta surgida en la UBA presentó un documento que aquí se publica

Domingo 13 de Junio de 2021

En abril de 2020, esta cátedra abierta se pronunciaba frente al desafío de la pandemia, cuya gravedad y duración aún no se podía discernir. Observamos entonces la fragilidad de sociedades que habían desatendido la capacidad de acción del Estado y de los mecanismos de acción colectiva que eran necesarios para responder a esa crisis.

También destacamos la respuesta temprana de la Argentina para proteger a su población y prevenir un colapso sanitario, sin descuidar el apoyo a los sectores (familias y empresas) más afectados por la pandemia. Asimismo, llamamos a situar las políticas con las que el país enfrentaba esta emergencia dentro de una visión estratégica que permitiera responder a los obstáculos estructurales que frenan nuestro desarrollo. Estas afirmaciones continúan vigentes, como muestra la experiencia desde entonces.

Hemos atravesado una diversidad de fases en este período turbulento. Desde el punto de vista económico, estamos ante una crisis que, por su magnitud y sus características, no tiene precedentes en la historia reciente; una crisis que vino a agravar un cuadro económico mundial —incluyendo a la Argentina— signado por el estancamiento. El producto bruto global se contrajo un 3,6% en 2020, cuando a principios de año se preveía un crecimiento de 2,6%. La Organización Internacional del Trabajo estimó que, durante 2020, la economía mundial perdió una cantidad de horas trabajadas equivalentes a 255 millones de trabajos a tiempo completo. América latina muestra datos aún peores. Su producto bruto cayó un 7,1% en 2020, cuando la CEPAL preveía un crecimiento de 1,3%. En el segundo trimestre de 2020, la región había perdido 47 millones de empleos en comparación con el año anterior.

La Argentina no escapó, no podía escapar a esta crisis. El nuevo gobierno empezaba el año 2020 con una economía en recesión, con alta inflación y con una deuda pública impagable, parte de la cual ya estaba en default. Sus políticas iniciales, que apuntaban a una recuperación de los ingresos populares y del crecimiento, fueron rápidamente anuladas por la llegada de la pandemia. Las medidas adoptadas fueron costosas en términos sociales y de crecimiento. La pobreza afectaba a un 42% de la población al segundo semestre de 2020. Todo esto expresaba un aumento de la desigualdad en materia laboral perjudicando especialmente a los sectores informales.

No obstante, en la Argentina se ha podido recuperar de manera significativa el crecimiento económico durante la segunda mitad de 2020 y principios de 2021. Esa recuperación, que ha tomado la forma de V, permitió recobrar, en el primer trimestre de 2021, casi toda la caída del PBI ocasionada por la pandemia. A partir de abril de este año, sin embargo, ha sido necesario enfrentar una segunda ola de la pandemia, la cual obstaculiza la recuperación de distintos sectores de actividad todavía deprimidos.

Se registraron a la fecha, en la Argentina, 77.500 fallecidos por Covid-19 y 3,8 millones de contagiados. El número de decesos como porcentaje de la población es relativamente alto y, en esta segunda ola, crece con rapidez. Con 163 muertos por cada 100 mil habitantes, estamos en un nivel parecido al de Colombia, Francia y Portugal; por debajo de España (170), México (170), Estados Unidos (182), Reino Unido (188), Italia (207), Brasil (210) y Bélgica (213); y muy por encima de Noruega, China, Corea del Sur y Japón.

Esta posición relativa de la Argentina puede cambiar en las próximas semanas, si prosigue el rápido crecimiento de casos y muertes que se han experimentado recientemente. Esta preocupante situación nos coloca frente a un escenario de saturación de los servicios de salud y, consecuentemente, a la necesidad de medidas excepcionales de restricción; a la vez, requiere una estrategia que profundice la vacunación. Una clara evidencia de la gravedad de la situación es que posturas negacionistas tanto en relación a la necesidad de profundizar la cuarentena como a la aplicación de las vacunas, tan visibles hace no mucho tiempo atrás, se encuentran en franco retroceso.

Se está poniendo en juego, ni más ni menos, nuestra capacidad como sociedad para enfrentar esta dramática realidad. Esto se ve agravado por el contexto internacional. La pandemia debería haber impulsado la cooperación para llevar a cabo acciones conjuntas en materia de investigación, acceso a vacunas e insumos sanitarios. No hubo sin embargo una respuesta eficaz y solidaria.

Algunos países muestran excedentes de vacunas que posibilitan insólitas formas de turismo para personas ricas; pero la gran mayoría enfrenta grandes dificultades para inmunizar a su población, evidencia de diferencias abismales en el acceso a vacunas.

Además de la negativa connotación ética que merece esta realidad, lo cierto es que así se dificulta una salida global de la pandemia. Los niveles de contagiosidad y la capacidad de mutación que ha mostrado el Covid-19 tornan utópica cualquier política de combate centrada en un sólo país.

Tampoco han aparecido respuestas claras frente a la necesidad de resolver los problemas del endeudamiento de países como la Argentina, de modo de otorgarle mayores grados de libertad para enfrentar los graves problemas sociales derivados de la pandemia.

La pandemia nos deja, además, algunos aprendizajes.

• Se evidencia el rol fundamental del Estado no sólo en el aspecto sanitario y de contención económica y social frente a la pérdida de ingresos y al aumento de las desigualdades, sino también en el apoyo al sistema científico y tecnológico.

• Se están poniendo de manifiesto las altas capacidades de la Argentina, previamente acumuladas, en términos de recursos humanos e infraestructura. Se han producido valiosos resultados en materia de técnicas, medicamentos y kits de diagnósticos y, cada vez más posibilidades, en materia de producción de vacunas. Todo ello, por la concurrencia virtuosa de Estado y sector privado.

Los países no tienen que optar entre preservar la salud o la economía. La experiencia internacional muestra que los países a los que les fue mejor en el frente sanitario son también los que tuvieron un menor costo económico, y viceversa: al no observarse una compensación entre ambas variables es erróneo afirmar que se podría crecer más (o decrecer menos) aceptando un mayor número de fallecimientos.

• La importancia creciente del sistema de teletrabajo nos plantea la urgencia de democratizar el acceso a las infraestructuras y a la capacitación necesarias para que estas tecnologías estén disponibles para la mayor parte de la población.

• En otro orden, la pandemia pone aún más de manifiesto los profundos problemas que presenta la Argentina en materia de déficit de vivienda, que se ven agravados frente a la presente realidad y que plantean la necesidad de enfrentar en forma rápida y eficiente este problema socio estructural. En ese sentido las experiencias vividas en materia de ocupación de tierras nos plantean la alternativa de impulsar asentamientos productivos rurales de proximidad a áreas urbanas como medio para contribuir a la resolución del problema de la vivienda y del trabajo.

• Sumadas al apoyo de la agricultura familiar y de las cooperativas agropecuarias y de los mecanismos de distribución populares, tales iniciativas darían impulso a un actor productivo que puede contribuir a aumentar la oferta de alimentos y a potenciar nuevas redes de distribución, que contribuyan a moderar el alza de los precios.

Como dijéramos en nuestro anterior documento, resulta crítico conciliar las medidas transitorias, de apoyo inmediato a los sectores más afectados por la crisis, con aquellas que se orienten a modificar la estructura productiva para lograr un proceso de expansión productiva y de inclusión social.

La respuesta a la actual pandemia no sólo debe apuntar a sus aristas más inmediatas y críticas, sino que debe encuadrarse en un proyecto de desarrollo con equidad, basado en las indudables potencialidades de la Argentina.

Enfrentamos una coyuntura crítica por el incremento acelerado de casos y de muertes; la experiencia comparada indica que los rebrotes ocurren en los contextos más diferentes.

Las medidas restrictivas que se han planteado son necesarias; en tanto la población adquiera conciencia del actual escenario y actúe en consecuencia, la pandemia podrá ser controlada.

El avance en la campaña de vacunación abrirá una nueva perspectiva hacia su superación.

En la medida en que prevalezca la razonabilidad entre los actores políticos —abandonando visibles gestos de polarización que buscan réditos mezquinos— este nuevo escenario podrá ser una realidad no tan lejana.

Para entonces, será menester —en Argentina y en el mundo— retomar una enseñanza que deja esta conmocionante experiencia. Hay evidencia acerca de la relación entre la difusión del Coronavirus y las profundas alteraciones ecológicas que ha producido la acción humana en un lapso relativamente breve de tiempo.

La recuperación posterior a la pandemia deberá comportar un enérgico redireccionamiento del curso productivo mundial, apuntando a contener el calentamiento global, las deforestaciones masivas y la contaminación de acuíferos. Sólo puede haber una especie humana saludable en un planeta saludable.

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