Economía

"El movimiento obrero es la última valla contra el neoliberalismo"

Jorge Rachid, de la Corriente Federal, aseguró que el gobierno de Macri "se comió una Atucha III" en un solo pase financiero.

Lunes 09 de Julio de 2018

"Los tiempos de organización, movilización y lucha de los movimientos sindicales son diferentes a los de la militancia política y expectativas generales", acuñó Jorge Rachid, de paso por Rosario, y consideró que el paro del 25 de junio pasado fue inicio, antes que mojón, de un plan de lucha. Además, el portavoz de la Corriente Federal y médico sanitarista hizo foco en aguas profundas y hasta llamó "conejo de madera" a la intervención del PJ, donde milita hace años (ver aparte).

Según Rachid, la Argentina tiene el movimiento obrero más importante del mundo, con una adhesión del 39 por ciento de la población económica activa. "Eso es una valla terrible a los procesos neoliberales o neocoloniales y es la que está dando la batalla más fuerte", afirmó.

Acerca del rol de la CGT en esa trinchera, aseveró: "Quienes vivimos y comprendemos el movimiento obrero, sabemos que hay 200 organizaciones y que sus tiempos de organización, movilización y lucha son diferentes a las expectativas generales". Y buscó la razón más allá de la mirada sincrónica.

En los últimos tiempos "el enemigo inoculó miedo, baja de salarios, despidos sin causa, cierre de fábricas, eliminación de más de 4 mil pymes, hay que pensar en quien llega a su casa y piensa que puede perder el trabajo, el paro no es una medida fácil", analizó. Por eso, dijo la reciente huelga "es la más fuerte desde el retorno de la democracia y el inicio de un plan de lucha, no la culminación de un proceso de enfrentamiento".

¿Todos estos actores perciben a conciencia que son la última valla? "Absolutamente", enfatizó. Y trajo a escena dos círculos virtuosos que definen al modelo solidario, del reclamo popular: cuando el capital está al servicio de la economía, ésta al Estado y todos a favor del hombre, y cuando el ordenador social es el trabajo y no el mercado.

Según Rachid, para desmontar ambos engranajes, el enemigo opera y debilita el modelo laboral, baja los beneficios jubilatorios, secando el mercado de consumo y reduciendo, a su vez, la cadena de aportes. Trayectos que, en sinergia, jamás lograrán bajar el déficit, anunciado objetivo del megaajuste, describió.

"Detrás de las metas de inflación y de volver al mundo hay una brutalidad inhumana como la que denuncia el Papa Francisco, cuando habla de modelos macroeconómicos que se proponen como única salida", enfatizó. Y puso a Grecia y su séptimo ajuste como ejemplo.

Día atrás, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reclamó ante el Senado nacional la reforma laboral, en sus versiones de regular el empleo no registrado y capacitación. Sobre el primer punto, Rachid, dijo que se puede realizar a través de la Afip.

"No lo pudimos hacer, pero en 2003 partimos del 57 por ciento del trabajo en negro y lo dejamos en 30 por ciento. Hoy aumentó diez puntos otra vez", explicó, y lo reconoció como materia pendiente del gobierno anterior.

Acerca del sistema laboral, planeó: "Dicen que las leyes son viejas y no pueden crear empleos, pero con ellas se crearon seis millones de puestos de trabajo, hubo capacitación y desarrollo de tecnologías como satelización, radares y el plan nuclear argentino, que acaban de enterrar".

"En una semana se comieron una central atómica completa Atucha III, en un solo pase financiero, cuando perdieron 11.000 millones de dólares. Pensar que anunciaron 5 mil jardines de infantes", ironizó. Y le sumó la destrucción del hospital público por la "ideología del lucro".

Acerca de un tema en que es experto, Rachid centró la atención en Rosario: "Los socialistas tienen un sistema que siempre hemos reconocido. Le agregaríamos más participación popular, desde mi punto de vista, pero brinda respuesta".

Luego analizó la migración de 20 mil rosarinos al ámbito público, que La Capital reflejó en junio. "Ya ocurrió en la década del 90. La gente pudo pasar de la obra social a la prepaga con una cuotita pero, frente a la crisis, primero vuelven a la obra social y después terminan en el hospital público". Pero esta llegada tracciona un nuevo escenario.

"Lo vemos en todo el país: cuando el hospital público comienza a recibir a las capas medias que se quedaron sin trabajo, empieza un desplazamiento de los sectores más humildes, que terminan en cualquier lado. Lo único que no sabemos es cuándo, pero termina con un conflicto social", sentenció.

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