“El año que viene va a ser el año de la puja distributiva”. Así lo estimó la economista Julia Strada, referente del Centro de Economía Política Argentina (Cepa). y directora del Grupo Provincia. La doctora en Desarrollo Económico analizó el primer año de la presidencia de Alberto Fernández, el impacto de la pandemia y trazó los escenarios posibles para 2021. La inflación, el acuerdo con el FMI y la discusión sobre el ajuste o la expansión fiscal fueron abordados en esta entrevista.
-¿Cómo analizás la gestión del gobierno en el año de la pandemia?
-La pandemia fue un elemento absolutamente distorsivo y condicionó todo tipo de política económica. A mí me parece que aún en este marco, el gobierno logró varios objetivos políticos. Uno lo estamos discutiendo en este momento que tiene que ver con la despenalización del aborto y es un compromiso cumplido de parte del presidente. También se puede destacar todo lo que tuvo que ver con la cancelación de la deuda, con el presupuesto, con una nueva fórmula jubilatoria que obviamente también tiene que aprobarse en el Congreso y con el impuesto a las grandes fortunas que, más allá de la recaudación que puede aportar en el cortísimo plazo, significa institucionalizar la discusión de una tributación desigual en este mundo donde todos pagamos prácticamente lo mismo y hay muy poco impuesto adecuado a nivel del ingreso y del patrimonio. Todo esto es muy relevante en un año en el que vamos a terminar con u déficit de casi 8 puntos del producto, en donde siete puntos estuvieron financiados por la emisión que dio el Banco Central, que fue la salvaguarda para poder afrontar el gasto. Ahí aparecen los típicos debates monetaristas y heterodoxos respecto cuánto de eso se traslada a precios. Se comprobó que no, aunque sí el exceso de liquidez terminó empujando sobre el tipo de cambio.
-Durante los últimos meses, desde que el gobierno empezó a moderar la expansión monetaria y fiscal que dispuso para atender la pandemia se habló de que se viene un ajuste. ¿Cómo ves ese debate?
-Es la pregunta que se viene incluso para 2021. En algún momento hubo operaciones políticas dirigidas a decir que este gobierno está haciendo un ajuste. Fundamentalmente, cuando se empezó a negociar con el FMI, y todo parecía entender que el organismo había sido parte de pautar un déficit del 4,5% para el año que viene y de la construcción de una nueva fórmula jubilatoria. Claramente no es un gobierno del ajuste. El presupuesto, de hecho, lo que termina haciendo es revalidar o convalidar que hay más gasto en algunas partidas que le importan a este gobierno. Y la reforma jubilatoria es la que el FMI criticaba en el año 2016. Sí hubo decisiones del Ministerio de Hacienda que pusieron un freno a la toma de recursos por parte del Banco Central. Ahí sí hay una decisión de ralentizar la emisión monetaria, atento a la brecha cambiaria. El bono que se colocó para que salgan los fondos que querían llevarse dólares también generó críticas al gobierno, pero finalmente lo que está haciendo Martín Guzmán es resolver todavía la herencia de endeudamiento macrista.
-¿Creés que se achicará la brecha en 2021?
-Creo que lo de la brecha es una agenda que no se va a abordar de una manera automática: va a ser una discusión a lo largo del 2021 también. Creo además que la reactivación de las paritarias y de los salarios también va a empujar a la demanda de divisas, más allá de que está el cupo, que puede generar algún problema de reservas en el Banco Central. Y también van a ocurrir idas y vueltas en la negociación con el Fondo, que pueden generar ruidos en el mercado y esto puede impactar negativamente sobre la brecha.
-La inflación se aceleró sobre el fin de año. ¿Puede empeorar el año próximo?
-Creo que el año que viene va a ser el año de la puja distributiva por excelencia y la inflación va a ser un factor que esté dando vueltas. Ya hubo algunos aumentos de precios regulados, como las naftas, y habrá otros servicios que subirán. Eso va a generar un escenario de puja distributiva. También hay toda una lógica de reactivación paritaria. Esto es muy relevante porque algunos sectores del capital intentarán apropiarse de la reactivación, como siempre ocurre. Con lo cual el año que viene el Estado va a tener que intervenir para que el crecimiento o el rebote, al final del día, no sea apropiado totalmente por esa parte.
-¿Cómo pensás que el gobierno va a hacer para administrar esta puja distributiva y tratar de llevarla adelante de alguna forma no disruptiva?
-Creo que la manera es fortaleciendo las capacidades del Estado. Discutiendo con las empresas dentro de todas las dificultades que pasaron, lo más igual a igual que se pueda. Ahí hay una tarea de parte de las autoridades no sólo de economía sino de la planificación de la política económica, que tiene más actores que hacienda. Por ejemplo Afip, los bancos públicos, la CNV, hay grandes actores en la cuestión económica. Creo con la llegada de la vacuna y con la posibilidad de tener al menos a trabajadores esenciales, y también adultos mayores vacunados, el gobierno va a concentrarse en sus objetivos y dotar de mayor inteligencia las capacidades del Estado que encontraron en la pandemia una limitante para su despliegue.
-Este año la experiencia del IFE demostró que hay una franja que no estaba cubierta por la protección social, que ahora Ansés tiene registrada. ¿Creés que es posible avanzar en un ingreso universal?
-Es necesario universalizar ingresos, esa es una premisa. Argentina tiene asignación universal por hijo y también tiene casi la universalidad en materia de jubilación. O sea que tenemos un problema en el medio, entre los mayores de 18 y menores de 60 ó 65, que tiene que ver con la búsqueda de formas de garantizar el trabajo estable. Si el problema es laboral o es sólo un problema de garantizar ingresos, ese debate va a seguir dándose siempre. Me parece que en este caso la decisión de no continuar el IFE, de no avanzar en la idea de una asignación universal, es una decisión totalmente condicionada por cuestiones puntuales. Es muy caro verdaderamente el IFE. No sé si todos lo dimensionan, pero son $ 300 mil millones, puede costar lo que cuesta el presupuesto de un año del Pami. Sí es cierto que hay que pensar en estrategias de capacitación laboral y de inserción laboral que hoy no se están pensando de manera plena. También intentaría avanzar por ese camino. Yo diría que la agenda es más amplia.
"Me parece que es un año de grandes definiciones y además es un año electoral "Me parece que es un año de grandes definiciones y además es un año electoral
-¿Qué escenario ves para 2021 en materia de actividad?
-Yo veo un año como dije de puja distributiva, y de posible alteración inflacionaria. El Estado va a tener que jugar un rol más fuerte ahí. Será un año de mayor demanda de dólares , si se reactiva el turismo, los ingresos y la industria. Vamos a tener ahí el desafío de administrar el comercio exterior, lo que tiene que ver con impo y expo, y al mismo tiempo administrar la cuenta cambiaria. Es el año de la negociación con el Fondo por u$s 45 mil millones, una suma relevante que no termina de definirse en qué plazos se devolvería. Me parece que es un año de grandes definiciones y además es un año electoral. Obviamente, que el mundo recupere el crecimiento me parece fundamental, porque obviamente el comercio exterior depende de eso. El aumento de los precios de la soja esa es una buena noticia, y en general yo diría que este año a nivel global tiene qué derramar el crecimiento. Lo que pasa es que Argentina siempre tiene problemas inflacionarios y cambiarios que la hacen una economía particular en crecimiento.
-El gobierno valoró mucho este año en el presupuesto la cuestión de género. Hay muchas actividades más etiquetadas con perspectiva en distintos escenarios de todos los ministerios. ¿Ves un avance?
-Me parece que hay que seguir trabajando en dos ejes con perspectiva de género: el primero tiene que ver efectivamente con el etiquetado y ver qué actividades terminan contribuyendo a promover mujeres, personas trans, emprendedoras y demás en los territorios. Se tiende más hacia adelante como un programa que termina favoreciendo a la equidad en materia de género. Luego hay otro desafío más complejo: pensar para el presupuesto que viene qué acciones se pueden realizar en algunas áreas como construcción y transporte y cómo para transversalizar la perspectiva de género.