Hay como una tonalidad propia de los cantos de la cancha que los hace fácilmente reconocibles, por ejemplo, a la salida de los estadios o en el regreso de los pibes de una noche de diversión. No importa cuál es el equipo de admiración, la melodía es inequívoca y dice más o menos así: “Dale ohh, dale ohh, dale dale oooohh (y repite hasta el infinito)”. Cómo es que una canción, escrita en lugares tan lejanos a la Argentina, inspira a un grupo de hinchas de fútbol y los interpela de tal modo que, si no lo fuera, la hacen famosa. Cómo se sentirán los autores originales de esas músicas sabiendo de su apropiación por tribunas colmadas de fanáticos del fútbol. Esas y otras preguntas, como cuál es el origen de esas canciones, y la violencia simbólica que algunas transportan en sus letras, responde el escritor Manuel Soriano en su libro “¡Canten putos! Historia incompleta de los cantitos de cancha” (Editorial Gourmet Musical) en una entrevista telefónica desde Montevideo, Uruguay, donde reside desde 2005.
“El eje que recorre el libro es de transformación, es decir, cómo de repente las canciones de distintas décadas y de distintos lugares, unas más populares y otras más cultas, van cambiando hasta lo que cantamos en la cancha”, cuenta el escriba porteño de 44 años, autor de textos de ficción como "La caricia como tortura", "Variaciones de Koch", los cuentos "Nueve formas de caer" y "Qué se sabe de Patricia Lukastic", galardonado en 2015 con el premio Clarín.
“Creo que lo más interesante del libro es, desde el título mismo (que en los cánticos de su experiencia refería a “amargos” por “putos”), cómo una palabra, según el contexto, se puede ir resignificando”, reflexiona Soriano para agregar: “Lo demás es averiguar de dónde provino esa canción”.
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Soriano cree que “la masa te da impunidad y hacés cosas que solo no harías".
Gentileza: Manuel Soriano
Internet y más allá
El libro tiene como impronta la investigación antedicha. Esto es, Soriano va enhebrando los detalles sobre las obras y sus autores describiendo el proceso de pesquisa, sobre todo realizado en internet y con preferencias en la plataforma Youtube, como soporte de la música. “El proceso se fue dando naturalmente porque cuanto más hurgaba más encontraba. Si hasta se me ocurrió que había un personaje que investigaba y era yo mismo nomás”, afirma.
Así fue cómo Soriano terminó contactándose con los autores originales de las canciones de cancha. A veces obtuvo respuestas, de ellos mismos, de sus hijos o productores, y otras no.
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Portada del libro "¡Canten putos!", escrito por Manuel Soriano con llaneza y simpatía.
Gentileza: Editorial Gourmet Musical
Violencia y pertenencia
Sobre la violencia simbólica que algunos cánticos transportan en sus letras, ya sea en relación a las mujeres y a la diversidad sexual, Soriano adhiere a la teoría freudiana del hombre-masa: “La masa te da impunidad y hacés cosas que solo no harías. Pero es muy típico del fútbol también que hay una identificación, un sentido de pertenencia y se siente bien eso de pertenecer, de estar de acuerdo en eso”.
El escritor da el ejemplo de la selección argentina. Pareciera que el hincha del combinado nacional es menos agresivo que los de los equipos: “Ví que lo que funcionaba con la selección es el himno, es un momento de pertenencia que le da a los jugadores y a la hinchada una especie coraje grupal”. Sobre todo con la última parte en sus referencias a la gloria por obtener.
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Para el autor, es interesante "cómo una palabra, según el contexto, se puede ir resignificando".
Gentileza: Manuel Soriano
Una guía para escuchar
Con detalles de autores conocidos y de los otros, de canciones que jamás hubieran sido populares de no ser por las hinchadas, y de cómo fueron conseguidos los datos, el libro funciona también como una guía para escuchar, internet mediante, los temas originales luego transformados por los fanáticos del balompié.
En “¡Canten putos!” también aparecen anécdotas hilarantes como la inspirada por la frase “LCDTM All Boys”, teorías difíciles de corroborar como la de los grandes gambeteadores macerados en alcohol y recordatorios de las músicas importadas, como el caso de las brasileñas. Todo escrito con mucha llaneza y simpatía, sin olvidar el eterno amor de los rioplatenses por el fútbol y por el más grande de todos los tiempos, “Maradooooo, Maradoooo”.