Es un prosista riguroso y que no carece de herramientas poéticas a la hora de plantarse a narrar. Juan Basterra, que nació en La Plata en 1959, vive desde hace largo tiempo en Resistencia, en el interior tantas veces ignorado, hecho que no le planteó ningún obstáculo para construir una obra donde la intensidad literaria se hermana con la riqueza de la historia argentina.
Siempre documentado, en sus ficciones -porque conviene no olvidar que de eso se trata, de entretenidas ficciones- Basterra se sumerge en espacios y tiempos extinguidos, que sin embargo continúan marcando a fuego el devenir nacional, siempre ligado a la incomprensión mutua y la violencia.
En diálogo con La Capital, el autor de Tata Dios, El amor y la peste, La cabeza de Ramírez, La cruz y la espada y De pasión y de guerra, todas magníficamente publicadas por Barenhaus, dio detalles de sus buceos en el pasado y su fructífero trabajo con la palabra.
La gran materia prima de tus novelas es la historia argentina. Específicamente, te volcás de modo habitual sobre el turbulento período del siglo XIX en el que la identidad nacional estaba en plena gestación y la violencia de los enfrentamientos entre federales y unitarios adquirió un tono brutal. ¿De dónde viene tu pasión por aquella época impiadosa?
Desde muy pequeño me sentí atraído por algunos decenios del siglo XIX en la Argentina y el mundo. Algunas de mis primeras lecturas fueron de libros relacionados a esa época: de Europa, Guerra y paz, de León Tolstói; de Argentina, Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento y El matadero, de Esteban Echeverría. Leí esos tres libros entre mis ocho y diez años, y mi ánimo quedó para siempre sorprendido por las alternancias de los hechos más anodinos y las resoluciones más atroces. A mis amigos de segundo y tercer grados, durante los recreos en la escuela, les contaba algunos de los episodios más truculentos de esos libros. Mis padres fueron grandes lectores y, supongo, mi admiración y el carácter imitativo que siempre tuve para con ellos hicieron que ese ejercicio fuese sistemático. Esa predilección por el siglo XIX persistió en mi adultez, alimentada por muchas otras obras y en eso, supongo, intervino una condición ineludible en mis hábitos de lector y, mucho tiempo después, en el ejercicio de escritor: la distancia temporal. La lucha de federales y unitarios me pareció que resumía, en nuestra geografía y en nuestro pasado, y de la manera más cruel, las discordancias entre la razón y las pasiones. Es probable que mi pasión por aquella época provenga de eso.
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Juan Basterra: rigor y amenidad.
A la vez, resulta perceptible tu hondo vínculo con los personajes. Tanto Aldao como Ramírez están retratados en su humanidad, con sus humanas pasiones y contradicciones. ¿Por qué los elegiste como ejes de sendas tramas novelísticas?
Me parecieron, a partir de las lecturas que hice sobre la vida de ambos (Borges menciona a Aldao en el epígrafe del Poema conjetural y Sarmiento escribió sobre los dos) representantes perfectos de una época impiadosa y, sin embargo, notable. Aldao fue monje de la orden de los dominicos y oficial feroz y eficiente (después de haber cometido apostasía) en el Ejército sanmartiniano (San Martín mismo lo designa como uno de los oficiales a cargo de la “guerra de guerrillas” en el Alto Perú) , además de caudillo federal aliado a Rosas y gobernador de Mendoza. Ramírez es otro símbolo visible y encumbrado de aquel período. Caudillo sagaz y eficiente, y fundador de la breve “República Federal de Entre Ríos”, muere a manos de sus antiguos aliados y su cabeza cercenada es exhibida en el Cabildo de Santa Fe. Eso, y sus pasiones amorosas, me parecieron un acicate para leer y escribir sobre él. Siempre pensé que las vidas de ambos caudillos merecían ser novelizadas.
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Has desarrollado tu carrera como escritor desde el interior más profundo, el Chaco. ¿Qué ventajas y desventajas implica esa localización?
No podría precisarlo demasiado bien. Los aspectos positivos están relacionados, seguramente, con la familiaridad que supone vivir en una ciudad de medianas proporciones. A este hecho, seguramente, están vinculadas las ediciones de mis primeros dos libros: Tata Dios, en su primera edición de 2015, y La cabeza de Ramírez, obras que fueron publicadas por la Editorial ConTexto y gracias a la generosidad de su dueño, mi amigo Rubén Duk. Las desventajas pueden estar vinculadas a la distancia con los grandes centros de distribución, ventas y, por que no decirlo, de la validación o reconocimiento de un libro determinado.
Contanos sobre tu vida y tu formación como escritor. ¿Cómo construiste tu amistad con la literatura?
Soy un escritor de vocación tardía. Comencé a escribir a los cincuenta y cinco años. Como decía en una respuesta anterior, leí desde muy pequeño, pero durante mucho tiempo tuve el prurito de no escribir, tal vez porque pensaba que nada de lo que podía hacer podía igualarse a tantas obras admiradas.
¿A qué escritores considerás tus predilectos?
Proust, Borges, Lampedusa, Calvino, Yourcenar, Graves, Duras, Silvina Ocampo y Bioy Casares. Hay varios más, por supuesto, pero aquellos son los que leí con mayor sistematicidad.
¿Cómo ves el presente de la Argentina? ¿Considerás que tiene puntos de comparación con los momentos históricos que describís en tu obra narrativa?
Considero que es un presente complejo, difícil para muchos, y de consecución incierta. Es una invariable en la historia de nuestro país (probablemente mundial también) que no nos permite advertir un camino cierto y claro. Hoy hablaba de otros momentos de la historia argentina, mucho más temibles en los actos y las consecuencias. Los dos caudillos sobre los que escribí, constituyen un ejemplo tremendo de lo que digo: Ramírez degollado y con su cabeza expuesta en una jaula de hierro en el Cabildo de Santa Fe; Aldao, con dos de sus hermanos muertos en las guerras fratricidas durante las primeras décadas del siglo XIX y muerto de un cáncer incurable para la época. Las condiciones históricas cambiaron, pero no así los actos de crueldad e injusticia, ni, por supuesto, la intervención del “inescrutable azar” de que habla Borges.
En sociedad
Este viernes 8 de noviembre, a las 19.30, en el Salón Pablo Borrás del Círculo Médico de Rosario, Santa Fe 1798, Juan Basterra dialogará sobre su obra con el autor de esta nota. La presentación del acto estará a cargo del doctor Alberto Muniagurria.