Este sábado a las 11, en la librería Homo Sapiens, Sarmiento 829, el destacado investigador, escritor y divulgador científico Diego Golombek presentará su último libro, “La ciencia de las (buenas) ideas. Manual de evidencias para la creatividad, la innovación y el pensamiento disruptivo”, recientemente publicado por Siglo XXI.
En esta obra, Golombek –reconocido por su estilo en el que se combinan armoniosamente la profundidad conceptual y la amenidad narrativa– se sumerge en un rico debate en torno a un concepto clave, cuya importancia se ha incrementado notablemente en los últimos tiempos, el de creatividad.
Apelando a su valorado oficio, en el cual el humor dista de encontrarse ausente, Golombek abre en este libro ricos panoramas de análisis, dando una nueva prueba de su eficacia como narrador.
A continuación, el sustancioso prólogo del volumen editado con la calidad habitual de Siglo XXI.
“Ideas, ideas… Dadme una idea y moveré el mundo. Y crea ré obras de arte, y revoluciones, y recetas de cocina con combinacio nes impensadas. Pero… ¿qué son las ideas? ¿De dónde salen? ¿Por qué hay gente que las derrocha y a otros les cuesta encontrarlas, aun raspando el fondo de los bolsillos y los cajones? Y, sobre todo, ¿qué tiene que ver la ciencia con las ideas?
“Pues bien: mucho, todo, todísimo. Aunque nos parezca que pue- de venir de las hadas, las musas, los duendes o los infiernos, el pensamiento creativo sigue reglas que hasta pueden ser predecibles y, por qué no, entrenables. ¿Un gimnasio para las ideas? ¿Por qué no? Por supuesto que esta creatividad depende de muchos factores: del cerebro, esa madre de todas las batallas, sin duda, pero también de nuestra propia curiosidad, de nuestras experiencias, del ambiente y la educación y… del trabajo, de mucho trabajo. Por más que podamos ilusionarnos con momentos “eureka” e iluminaciones repentinas, no necesariamente hay tanto secreto en eso de pensar más allá de lo establecido, en juntar retazos de la realidad para lograr un collage novedoso y original. Hay tantas formas de armar rompecabezas como piezas en la caja (en realidad, muchas más).
“El misterio de las ideas y la creatividad interesó a la ciencia des- de hace rato. ¿Sería un área del cerebro? ¿Una herencia familiar indeclinable? ¿Algo exclusivo de la especie humana? Y, en particular: ¿podremos hacer experimentos sobre la creatividad? Más aún… ¿medirla? Todas preguntas absolutamente científicas, que merecen ser pensadas, merecen sus laboratorios específicos y, esperamos, merecen un libro.
“¿Y quiénes son estos creativólogos? Pasen y vean: allí están la psicología y la neurociencia, como corresponde, pero también la antropología, la economía y hasta la filosofía y la inteligencia artificial. En esta maraña de neuronas y crianza, de circuitos y de experiencia, en algún lado están firmemente escondidas las ideas, y es tarea de detectives encontrarlas.
“Allí tenemos como ejemplo a los artistas: quizá sean pintores, escritoras, poetas, músicos y bailarinas quienes escondan el secreto de las ideas. Pues ¡a estudiarlos!, y ver si es una cuestión de escuela o de genio, de edad o de experimentación. Hurguemos en sus familias, en sus costumbres y en sus horarios de trabajo; quizá encontremos allí alguna clave. Tal vez sus cerebros sean capaces de mayor asociación entre áreas y conceptos, o áreas infladas de creatividad… y esto no sea algo tan exclusivo de los artistas, esos ilusionistas que hacen al mundo girar y girar. ¿Qué hacemos nosotros, resto del mundo, prosaicos en nuestra búsqueda de la novedad y la idea brillante? “Hay quienes dicen que el secreto puede estar en probar nuevos caminos: saborear una fruta de nombre impronunciable, escribir con las dos manos, ser un experto en sudoku, perderse en un bosque o aprender a hablar arameo antiguo. ¿Será así? ¿Habrá un “efecto derrame” de intentar nuevas experiencias y, como consecuencia, crearlas?
“Sin ánimo de spoilers… no parece ser tan así. Bienvenidas las nuevas habilidades, pero no necesariamente son el camino directo a la iluminación creativa. Pero ¡ánimo!, la ciencia tiene una respuesta o, en realidad, unas cuantas. Sólo para animar la curiosidad (y tener ganas de seguir leyendo el libro), el buen humor ayuda (ya que activa áreas de asociación en el cerebro, como la corteza cingulada anterior), así como un buen y reparador sueño, o darnos el lujo del tiempo necesario para ser creativos, entre muchos otros consejos con sello de ciencia (o sea, validados por experimentos y deducciones lógicas, aunque a veces funcionen mucho mejor en el laboratorio que en la vida real).
“De todo esto, y mucho más, trata esta ciencia de las ideas; de no quedarnos inmóviles esperando que caigan como manzanas, sino de ir a buscarlas, con un poco de ciencia como aliado. Allá vamos. Que la ciencia, y las ideas, los acompañen.
“Esta colección de divulgación científica está escrita por científicos que creen que ya es hora de asomar la cabeza por fuera del laboratorio y contar las maravillas, grandezas y miserias de la profesión. Porque de eso se trata: de contar, de compartir un saber que, si sigue encerrado, puede volverse inútil.
“Ciencia que ladra no muerde. Sólo da señales de que cabalga”.