Cultura y Libros

"La masonería es una asociación contra el oscurantismo"

El periodista y escritor Mariano Hamilton se metió en el interior de la célebre organización para contar cómo funciona y que rol jugó en sucesos cruciales de la historia nacional. La investigación echa por tierra los mitos en torno a la figura del masón. "Fueron demonizados por la Iglesia Católica y asociados a la brujería", asegura Hamilton, y confiesa que en un momento como el actual aquella logia sin mujeres quedó "demodé"

Domingo 01 de Julio de 2018

Cuando el periodista Mariano Hamilton escuchó por primera vez la palabra masonería era muy chico. El término lo remitió a una imagen oscura, de hombres vestidos de negro, con capuchas y caras tapadas. Muchos años después, el periodista decidió seguir la ruta de esta organización para develar sus manejos, cómo funciona y aquellos misterios que la atan a la historia nacional. Masones argentinos. El poder en las sombras, recientemente editado por Planeta, es el resultado de la incursión de Hamilton en la sede de la institución y de entrevistas a decenas de masones. Catorce presidentes, seis vicepresidentes y quince miembros de la Corte Suprema de la Nación fueron masones confesos. Así y todo: ¿qué sabemos los argentinos de masonería? Mientras la documentación y el registro escrito brillan por su ausencia, los relatos orales ―muchas veces basados en mitos― nutren ideas que tenemos del ser masón y su práctica de vida. "Todos creemos que sabemos un montón sobre la masonería. Y al mismo tiempo nadie conoce demasiado", asegura Hamilton y promete echar un poco de luz a esta historia todavía en las sombras. Poco se sabe, por ejemplo, de su influencia en la avanzada ley 1420 de educación laica, libre y gratuita, en 1884.


¿Cómo nace la idea de investigar a la masonería?

—El trabajo me llevó un poco más de dos años, pero pasaron más de dos décadas desde que me empezó a interesar la masonería. A partir de escuchar por primera vez la palabra empezó un largo camino, hasta que hace tres años y medio me propuse escribir un libro sobre esto y entonces empecé a investigar con mayor convicción el tema.

―Aunque siempre que se habla de masonería pensamos en lo que se mantiene en las sombras, vos decís que no se trata tanto de una sociedad "secreta" sino "discreta".

―La masonería fue una organización que durante toda su vida luchó desde el lugar de las ideas, porque no se trata de una organización armada. Es una asociación en contra del oscurantismo y era lógico que los poderes fácticos trataran de demonizarla. En ciertos casos fueron las monarquías y en otros la misma Iglesia la que se oponía a la masonería. De hecho, hubo tres curas papales que la demonizaron y la acusaron de ser cuanto menos la causante de todos los males del mundo. Y cuando tenés enfrente algo tan poderoso como una monarquía o el poder comunicacional de la Iglesia Católica es lógico que fuera demonizada, vista como algo oscuro, o asociada a la brujería. Tan es así que cuando alguien se imagina a la masonería visualiza a un grupo de tipos vestidos con túnicas negras y capuchas que van camino al altar para sacrificar en el mejor de los casos a un cordero, y en el peor, a un niño.

¿Qué era lo que más le molestaba a la Iglesia de la masonería?

—A la Iglesia le molestaba porque representaba todo lo contrario de lo que el catolicismo proponía. Mientras la Iglesia cerraba las bibliotecas, la masonería trataba de abrirlas. Mientras la Iglesia era conservadora, la masonería luchaba por un sistema un poco más abierto. Un poco más liberal en el sentido americano, no más liberal en lo económico. La masonería tenía mucha dispersión en sus miembros sobre sus convicciones ideológicas, pero una convicción muy clara en que todos iban hacia la libertad, la igualdad y la fraternidad, que son los lemas de la masonería y que están vinculados claramente a la Revolución Francesa.

Los próceres argentinos fueron en su mayoría masones. ¿Qué se sabe de esa historia oculta?

—Acá tuvo mucho peso porque integrantes de la Corte Suprema, legisladores y presidentes argentinos fueron masones. La mayoría de los grandes hombres argentinos fueron masones. Casi por una cuestión lógica: todos ellos arrancaron su militancia masónica en Europa con la gran logia que funda Francisco de Miranda, prócer venezolano. A partir de ahí empiezan a trabajar en una logia operativa que se orienta a la búsqueda de la independencia. Porque hay logias operativas y logias especulativas. Las operativas son aquellas que tienen un fin determinado, por ejemplo, la famosa Logia Lautaro, que buscaba la independencia del Reino de España. Además de las logias operativas existen las logias especulativas, que hablan más de cuestiones filosóficas. En el caso de Argentina las logias eran casi todas operativas. La Logia Lautaro fue fundada en 1812 cuando muchos patriotas regresaron al Virreinato para sumarse a la Revolución que ya estaba en marcha: San Martín, Alvear, Zapiola, Monteagudo, Pueyrredón, Rodríguez Peña. Y se disolvió en 1820, por las diferencias que había entre San Martín y Alvear, quienes con el tiempo se convirtieron en enemigos íntimos. Y allá por el lejano siglo IX se funda la Logia Docente, que es la que da impulso a la ley 1420 de educación de laica, libre y gratuita.

¿Ese fue el gran aporte masón a la historia argentina?

—Sin lugar a dudas, la 1420 fue un logro de la masonería. ​Pero también participó en decisiones polémicas como la resolución de la batalla de Pavón, que terminó con la división entre el interior y Buenos Aires, y que dejó como fruto este país unitario y centralista que padecemos.

¿Y por qué se disuelven las logias?

—Las logias se empiezan a disolver porque se manejan con mayor libertad cuando hay gobiernos democráticos y la pasan bastante mal cuando hay gobiernos dictatoriales. Nohay manera de que una organización que no está pensada como una organización armada o revolucionaria, sino que solo quiere debatir y discutir ideas para mejorar la sociedad, pueda subsistir en un proceso dictatorial. Fueron perseguidas durante la Segunda Guerra Mundial, por el fascismo y por el nazismo. En la Francia hubo listas de masones y es inevitable que no tengan poder de fuego para resistir a un Estado totalitario. En Argentina hay un retroceso claro que se da a partir de la década del 30, porque si bien a partir de 1860 a 1930 hay una democracia amañada, eso era todavía mejor que una dictadura.


—¿Qué te pasó cuando entraste a la sede?

—Me generó una cierta mística y al mismo tiempo me produjo una sensación de vértigo, por eso es necesario alejarse un poco. No soy masón, preferí mantenerme al margen y tener la distancia necesaria para poder escribir. Desde mi subjetividad, pero no desde una subjetividad masónica. Algo así como tratar de entender la lógica de la organización sin ser parte de ella.

—Cuando pensamos en la masonería surge también la imagen de un mundo sin mujeres...

—La Constitución masónica, que es de 1716, establece que los masones solamente pueden ser hombres. Y un artículo de esa Constitución establece que la misma no puede ser modificada. Entonces, sin modificaciones posibles, no hay forma de que las mujeres integren la masonería, por lo menos la más tradicional. En la actualidad hay logias mixtas y femeninas pero que están por fuera de la Logia de Libres y Aceptados de la Masonería Argentina. Funcionan con las mismas reglas pero no están dentro de lo que se puede conocer como masonería orgánica.

—¿Y cómo se lee eso en un contexto en que el feminismo tomó la fuerza que tiene hoy en el país?

—Está claro que esta Constitución blindada quedó "demodé". El pensar que la mujer no es una actora principal es atrasar en el tiempo. Hoy no se puede obviar semejante articuladora política. Lo que ocurrió en el Congreso de la Nación poco tiempo atrás (se refiera a la media sanción de la Cámara de Diputados al aborto legal) deja muy claro lo que es el poder femenino o la capacidad de las mujeres cuando deciden dar una lucha.

Ser o no ser... masón

La masonería genera fantasías. Con sólo pisar el templo principal de la calle Perón se siente un aura de misterio que atrapa a cualquier mortal. El hecho de respirar en el mismo ambiente que lo hicieron tantos grandes hombres de la historia nacional, conmueve. Rozar con los dedos las sillas que tal vez alguna vez ocuparon San Martín, Rivadavia, Urquiza, Sarmiento, Mitre, Alem o cualquier otro de los masones ilustres, pone la piel de gallina.
Mi interlocutor y guía masón me lo aclara: "No todos estuvieron aquí porque antes había otras sedes", pero tampoco me quiere extirpar la emoción: "Eso no quiere decir que no se hayan sentado en estas sillas o que, por ejemplo, –se señala una especie de trono–, Sarmiento no se haya despatarrado más de una vez en el sillón reservado al Gran Mestre".
En la sede central de Perón 1242 hay varios templos parecidos, por no decir iguales. Es imposible no detenderse a contemplar los cuadros que cuelgan de las paredes, tanto en el templo principal como en los otros seis más pequeños o en los salones de reuniones o en la biblioteca. Todos tienen un sentido o una simbología masónica. El más impactante es Episodio de la fiebre amarilla, el óleo que Juan Manuel Blanes pintó en 1871 y en el que se puede observar al Gran Mestre José Roque Pérez y al médico Manuel Argerich frente al cadáver de una mujer joven mientras un bebé trata de encontrar el pecho para amamantarse.
El viaje hacia los confines de la masonería parece imposible de abarcar. Porque se nutre de mitos (básicamente) y de historias orales (casi todas), o por lo menos ese es el deseo inalterable de cualquier persona que se denomine a sí mismo masón: que no exista registro escrito de las centenares (o miles) de roscas que se tejieron dentro de su seno, una vez traspuesto el pesadísimo portón de entrada.
¿En qué se diferencia la masonería de cualquier ong, club, fundación, sociedad civil, asociación o think thank político? Hoy se podría decir que en nada, ya que el peso específico que la masonería tiene en la política o en las decisiones que se toman a nivel gubernamental parecer ser poco en la actualidad.
Por supuesto que ser masón tiene una carga extra y simbólica mucho más significativa que, por ejemplo, ser parte de la Fundación Pensar o la Asociación Civil Madres del Dolor, por citar apenas a dos organizaciones cuyas características son completamente diferentes. Ser masón es formar parte de una organización mundial con más de 6 millones de hermanos y con un pasado y una construcción teórica que recorre los siglos de la humanidad.
La mayoría de las opiniones que se tienen sobre la masonería, lo he comprobado, durante la investigación para la realización de este libro, son fallidas o erróneas. Incluso yo me he visto en el brete de revisar mis preconceptos y adaptarlos a una realidad que, al principio, parecía inconcebible. Casi todo lo que se afirma parte de la ignorancia que es justamente lo opuesto de lo que propone cualquier logia. Porque para el masón, su vida depende tanto del oxígeno que consume como de la apertura mental necesaria para pensar, debatir, cuestionar, ilustrarse y, por qué no, ilusionarse con un futuro mejor o, al menos, diferente.

Bio

Mariano Hamilton nació en Buenos Aires en 1961. La mayor parte de su actividad la desarrolló como periodista deportivo. Fue redactor y editor de la sección Deportes de Clarín durante diecisiete años, cocreador y subdirector del diario deportivo Olé, director de la revista El Gráfico, secretario de redacción del diario Perfil y cofundador de las revistas Llegás a Buenos Aires, Qué te Parece esto Beba y Un Caño (actualmente en su versión digital). Fue editor también del sitio web de ESPN. Condujo el programa de radio Los innombrables. Trabajó como columnista en los programas Duro de domar, Fútbol permitido y en Minuto 1. Comentó partidos en Fútbol para todos. Escribió cuatro novelas de ficción: Cercano Oeste, El hombre ordinario, El periodista ―saga protagonizada por el detective Roque Centurión― y La vecina. Junto con Gisela Marziotta, es autor de la investigación periodística Mejor muertos.

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