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El violinista que pintó su aldea

Antonio Agri, que nació en el barrio de Arroyito, fue uno de los grandes instrumentistas del dos por cuatro en el siglo veinte.

Domingo 29 de Julio de 2018

Hoy el mundo de la música en pleno sabe quién fue el rosarino Antonio Agri. El sonido de su violín tiene el destello de una marca registrada y sus aportes estilísticos son valorados por cada amante del tango. Esta historia, sin embargo, tiene orígenes de barrio, en paisajes de casas bajas y rumores de esquina.

Agri nació en la calle Reconquista, del barrio de Arroyito. En su casa, como en las de tantas familias italianas de entonces, la música tenía una fuerte presencia. Así fue que desde muy pibe comenzó a sentir afición por el acordeón, hasta que un tanguero guardiaviejista del barrio llamado Dermidio Guastavino lo introdujo en los misterios del violín.

Muy pronto, y debido a sus cualidades, debutó en el cuarteto Los Grandes del Tango cuando todavía era un adolescente. Allí comenzó una carrera ascendente que no se detendría hasta la conquista de los lugares de mayor jerarquía del género.

Rosario de tangos

De su fructífero derrotero de casi quince años en la escena tanguera de nuestra ciudad, hay dos hechos que merecen especial atención, no sólo desde la perspectiva de su carrera profesional sino también desde el desarrollo del tango rosarino.

La primera de ellas es el encuentro con el bandoneonista Omar Torres. Ambos se asociaron de modo artístico y espiritual forjando una estrecha amistad. Formaron parte de orquestas como las de Domingo y José Sala hasta que, ya maduros en la idea, crearon la Orquesta Torres-Agri. El debut fue el 6 de enero de 1956 en el recordado Castel Rojo. Esta agrupación se mantuvo activa cinco años, durante los cuales contó con elementos de gran jerarquía como Rodolfo Cholo Montironi, Samuel Milo Schneir, o el cantor Carlos Yanel ―luego Siro San Román―.

Mientras tanto, Agri también formó parte de otras orquestas de tango de vanguardia dirigidas por Omar Torres, como la Agrupación de Música Moderna, o la Orquesta Estable del sello grabador Trío, dirigida por Martín Darre y con arreglos de Torres.

El otro gran acontecimiento de estos años en la vida del violinista fue el encuentro con el notable bandoneonista Antonio Ríos, a cuya orquesta ingresó en 1951. La afinidad estética y empatía emocional entre estos dos brillantes músicos alcanzó su momento culminante con la creación de Los Poetas del Tango: Antonio Agri en violín, Omar Murtagh en contrabajo, José Cacho Puertas en piano y Antonio Ríos en bandoneón, arreglos y dirección, fueron las piezas que establecieron un mojón definitivo en la historia del tango de la ciudad. El conjunto no solo ganó, de inmediato, el favor del oyente tanguero, sino también de otros músicos que noche a noche se encontraban entre el público del Tango Bar, en la ochava de Zeballos y Ovidio Lagos.

El cuarteto realizó, también, presentaciones en el Varieté Mitre y en LT8. Además, fue convocado por el sello Trío para registrar Amurado (P. Maffia-P. Láurenz), Orgullo criollo (Láurenz-Julio De Caro), Mal de amores (Láurenz), Lo que vendrá (Piazzolla) y Griseta (Enrique Delfino) en forma instrumental, y Desorientado (M. Caló-Marvil-O. Rubens), el único con la intervención de Raúl Encina, el cantor del conjunto.

Buenos Aires

Al comenzar la década del sesenta el nombre de Antonio Agri ya había alcanzado el reconocimiento que sus cualidades ameritaban. Convocado por la mayoría de las orquestas típicas para actuaciones radiales, su pericia era también requerida por directores de otros géneros, como Franco Corvini.

De modo paralelo, Agri ingresó en la Orquesta Sinfónica del Teatro El Círculo y en ese mismo ámbito pergeñó el Quinteto de Arcos, donde fue secundado por Eduardo Malaguarnera en violín, Guido Nozzi en violoncello, Arnaldo Conti en viola y Norberto Pajarito Nofri en contrabajo.

Pero a pesar de estas ricas experiencias rosarinas, el destino le deparaba un lugar de privilegio en la meca del tango. A fines de 1961 Ástor Piazzolla estaba buscando un reemplazante para Elvino Vardaro, y Nito Farace y José Márquez oficiaron de nexo para que Agri fuera el elegido.


Desde ese momento, e ininterrumpidamente, participó en las distintas formaciones del genial marplatense hasta comienzos de 1976: giras, grabaciones y actuaciones especiales como las realizadas en Italia con el Stradivarius de Salvatore Accardo o la presentación en 1968 de la Operita María de Buenos Aires (Piazzolla-Horacio Ferrer).

Fue en este período que Agri terminó de definir su personalidad y alcanzó niveles notables. En lo sucesivo, fue solicitado por los mayores elementos del género, especialmente para su actividad discográfica: Troilo, Salgán, Berlinghieri, Pontier, Atilio Stampone, Raúl Garello, Pansera, Mores, etcétera.

Horacio Ferrer opinó al respecto: "(Agri es) el más importante violín de la generación de 1955 y uno de los mayores arcos del tango todo. Marcadas semejanzas de estilo, sensibilidad y temperamento interpretativo con Elvino Vardaro concurrieron ―en principio― a perfilar su personalidad, absolutamente inconfundible, luego, en su originalísima manera de ejecutar y «decir» la frase, en un modo sutil, hondo, rico, que valora y expresa cada nota ejecutada".

Piazzolla y después

En 1976 ingresó a la Orquesta Estable del Teatro Colón y, como anticipamos, decidió dejar su lugar con Piazzolla. Además, emprendió nuevamente la aventura de dirigir. Creó el Conjunto de Arcos, con la idea de hacer tango sobre un modelo de música de cámara. Con él, debutó en la Sala Casacuberta, del Teatro General San Martín, y se presentó en Canal 13 y en Michelangelo.

En los siguientes años, el Conjunto de Arcos realizó una buena cantidad de actuaciones de modo paralelo a la grabación de tres discos para el sello CBS.

Luego, Agri ingresó al Quinteto Real, dirigido por Horacio Salgán, agrupación con la que grabó dos discos junto a ejecutantes de enorme talento, como Leopoldo Federico y Ubaldo de Lío.

Además, siguiendo con sus intereses de vanguardia, se asoció a músicos como el pianista Gustavo Fedel y el contrabajista Guillermo Ferrer. Todo ello mientras realizaba reiterados y extensos viajes por el mundo, en los que fue partícipe de hechos trascendentes.

Tal el caso de las grabaciones como solista invitado con la Royal Philharmonic de Londres, y las presentaciones en París junto al virtuoso guitarrista flamenco Paco de Lucía.

En los últimos años de su vida, fue un músico de culto para las nuevas generaciones. De esta etapa han quedado, felizmente, muchos registros gracias a Melopea, el sello discográfico de Litto Nebbia.

En esta etapa también viajó a Riga, Letonia, donde junto a su hijo Pablo y a la Orquesta Sinfónica Nacional de ese país, dirigida por Pedro Ignacio Calderón, grabó entre el 12 y el 16 de febrero de 1998 lo que luego Acqua Records editaría como Antonio Agri-Tango Sinfónico. Se trata de tres composiciones de Antonio con sus distintos movimientos. SP de Nada (moderato, adagio expresivo-piu vivo-allegro, cadencia a dos violines y andantino-allegro); SP de Nada II (andante-piu mosso, lento expresivo, tempo rubato-allegro), y Carambón (allegro risoluto, andante, allegro scherzando).

El mismo año participó en cuatro grabaciones (Libertango, Fugata, Mumuki y Tres minutos con la realidad) del disco Soul tango (Alma de tango), grabado por Yo Yo Ma ―para muchos el violonchelista más importante del mundo― en homenaje a Piazzolla. La placa resultó ganadora del Premio Grammy.

Por entonces, en una entrevista, expresó el momento que estaba pasando. Una enfermedad que ya se hacía sentir y el momento artístico que había llegado a un nivel de excelencia:

"Agri: Tengo miedo de morir (dice y repite el maestro, negándose al respetuoso título).

Periodista: No diga eso...

Agri: Es que me están pasando cosas maravillosas, increíbles. Cosas que no entiendo, como que Zubin Mehta me quiera conocer; que el maestro Simón Blech me quisiera tanto; que grandes músicos europeos se queden maravillados con el sonido y los yeites tangueros de mi violín...".

Pero no hubo tiempo para más. Su enfermedad generó un presuroso desenlace. Antonio Agri falleció el 17 de octubre de 1998, seguro de haber sembrado belleza: "Yo, de alguna manera, creo que pinté mi aldea, que es el tango"

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