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El amor de Sarmiento

Dónde están tus huesos, Aurelia Vélez, ahora que solo son humo en el perfume de las manos de Sarmiento.

Domingo 24 de Mayo de 2020

1. Dónde están tus huesos, Aurelia, ahora que solo son humo en el perfume de las manos de Sarmiento. Dónde están tus huesos, Aurelia, esos que sostuvieron tu cuerpo chiquito mientras apoyabas la cabeza sobre el pecho profundo y grande de Sarmiento. Dónde están tus huesos olvidados, Aurelia Vélez, tus huesos sabios, a través del tiempo de los tiempos, en los que Sarmiento brillaba como nunca y como siempre. Dónde están tus huesos del amor, Aurelia Vélez Sarsfield, hija de Dalmacio Vélez Sarsfield y de Manuela Velázquez Piñero, hija de la patria esa que supiste construir a la par del hombre que te amó sin medida, a la par del hombre al que amaste para la eternidad, Domingo Faustino Sarmiento, a quien apodaban "el Loco¨ y al que llevaste a la presidencia de nuestro país con el embate de tu inteligencia.

2. Aurelia Vélez se casó a los 17 con su primo, el reconocido doctor Pedro Ortiz Vélez, y el matrimonio duró poco tiempo. Corría el año 1853 y a los ocho meses y embargado por el odio de los celos, al descubrir a Aurelia en brazos de su secretario, Cayetano Echenique, Ortiz dio muerte al supuesto amante. Para salvarlo de la cárcel y amparar a Aurelia de no ser juzgada como adúltera, declararon insano al doctor Ortiz y éste se perdió para siempre en Chile. Y nunca se supo más nada de él hasta muchísimos años después, cuando se corrió la voz acerca de su fallecimiento.

3. Domingo Faustino Sarmiento se casó con Benita Martínez Pastoriza en 1847 y adoptó al hijo que ella había tenido con su primer marido y del que había enviudado, Domingo Castro y Calvo. Y se ha dicho que, en realidad, Dominguito era hijo carnal de Sarmiento pero ya la historia nubló estas consideraciones y, además, poco importa: Sarmiento amó a Dominguito. Sarmiento amó a Domingo Fidel así como amó a su primera hija Faustina, que nació de su relación con María Jesús del Canto, durante su primer exilio en Chile, allá por el 1831.

4. ¿Qué importan tus 19, Aurelia, y qué importan tus 44, Sarmiento, si el amor no pregunta por la edad cuando ronda? ¿Qué importa tu pasado reciente y convulsionado, Aurelia, si tus ojos vieron el gesto de las manos de Sarmiento en la caricia de las palabras? ¿Qué importa tu presente, Domingo Faustino, de matrimonio, si viste en la hija de tu íntimo amigo y colaborador, Dalmacio, a la mujer que habría de acompañarte para siempre en todo? Qué importa, se habrán preguntado Aurelia y Sarmiento por esos tiempos y, qué importa, me pregunto ahora yo mismo para que la pregunta se haga eco desde estas palabras, después que todo es tan lejano y distante. ¿Qué importan las adversidades de la época, la imposibilidad de sacar a la luz esa relación, las habladurías de la porteñada o el desprecio de la ceguera, si vos, Sarmiento, y vos, Aurelia, podían ver más allá de todo?

5. Cuando Sarmiento se instala en Buenos Aires, en 1954, comienza a trabajar en el diario El Nacional para reemplazar a Mitre y comienza a frecuentar la casa del fundador del periódico, Dalmacio Vélez Sarsfield. Es en este contexto que Sarmiento queda maravillado por la capacidad de Aurelia, a quien llamaban cariñosamente la Petisa, y ella queda maravillada por este hombre arrollador que mantenía charlas brillantes con su padre. Por esos tiempos, Sarmiento, era senador y jefe del Departamento de Escuelas. Los avatares de la época son imposibles de describir en pocas palabras pero podría decirse que el país se ordenaba y desangraba en la misma proporción. Y Sarmiento era una de las columnas de ese momento histórico. Y en ese momento histórico es que comienza la relación con Aurelia Vélez, contra todos los pronósticos, contra toda esa realidad circundante, contra todas las posibilidades sociales y, por supuesto, contra Benita Martínez Pastoriza, quien descubre el romance y hace estallar el escándalo en la sociedad porteña.

6. "Te amo con toda la pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creí que era posible amar". Aurelia Vélez a Sarmiento, Buenos Aires, 1862.

7. "Eres parte de mi existencia, porque cuento contigo ahora y siempre. Necesito tus cariños, tus ideas, tus sentimientos blandos para vivir". Sarmiento en respuesta a Aurelia. San Juan, 1862.

8. En 1863, los hombres de Sarmiento, que además de ser gobernador de San Juan había sido nombrado director de Guerra para hacerse cargo del levantamiento del Chacho Peñaloza, asesinan a este caudillo luego de haberse rendido y luego de haber entregado, como última arma en sus manos, su famoso facón. Por esta muerte artera es que Sarmiento no puede continuar con sus planes de expansión política y es dejado a un lado por el poder político, que decide alejarlo, siendo nombrado ministro plenipotenciario y se radica en Estados Unidos. Una vez más Sarmiento está lejos de Aurelia, con quien mantiene fluida correspondencia. Pero es la misma Aurelia que, a la distancia, y acompañada por algunos seguidores de Sarmiento, como Lucio V. Mansilla, se encarga de proponerlo para suceder a Mitre, se encarga de proponerlo como presidente de la Nación Argentina. Y trabaja para lograr ese fin, trabaja denodadamente por el hombre que ama, para que este hombre se convierta en el presidente de la Nación. Aurelia Vélez Sarsfield, mientras Sarmiento está en los Estados Unidos, desarrolla, afianza y afirma la candidatura de Domingo Faustino Sarmiento como presidente de los argentinos.

9. "La guerra es un juego de azar. La suerte puede sonreír o abandonar al que se expone al plomo enemigo. Morir por la patria es darle a nuestro nombre un brillo que nada borrará, y no hay mujer más digna que aquella que, con heroica resignación, envió a la batalla al hijo de sus entrañas. Las madres argentinas transmitirán a las generaciones venideras el legado de nuestro sacrificio". Estas líneas son escritas por Dominguito el día en que cae herido de muerte, en la batalla de Curupayty, a los 21 años, el 22 de septiembre de 1866. Sarmiento entristece inmensamente y se sume en una profunda depresión.

10. ¿Qué fortaleza más grande tonifica el gran fuego sino el amor?

11. En 1868 Domingo Faustino Sarmiento es nombrado presidente de la Nación. Dalmacio Vélez Sarsfield es designado como ministro del Interior. Aurelia Vélez Sarsfield ayuda a su padre en su gestión. Y Sarmiento y Aurelia continúan amándose a pesar de todo y contra todas las adversidades sociales y legales. Sarmiento y Aurelia se aman.

12. Los imagino abrazados. Habrán sostenido sus cuerpos en el abrazo, habrán hecho de sus piernas, en ese abrazo, los pilares de su existencia, habrán llorado juntos por alegría y por tristeza, habrán acariciado sus rostros con la ternura del acompañamiento, habrán mirado sus miradas para saber que estaban vivos, habrán sabido de sus perfumes, de sus gestos, del tono de sus voces, de esa intimidad de la que solo sabe el amor. Los imagino abrazados.

13. Y después el resto, el tiempo que continúa, la política, las circunstancias de la vida y sus pérdidas: Dalmacio murió en 1875, en 1879 muere Rosario, la hermana menor de Aurelia, y en 1980 su madre, doña Manuela Velázquez Piñero.

14. Hay una instancia de la plenitud del amor a la luz de las miradas. En febrero de 1883, Sarmiento es invitado a presidir los exámenes de la Escuela de Artes y Oficios de Montevideo. Y Aurelia viaja junto a Sarmiento. Aurelia viaja junto a Sarmiento a la luz de todos. Expuestos a la luz del periodismo, que daría cuenta de este viaje, Aurelia y el ex presidente Sarmiento viajan juntos. Y es posible imaginarlos en la baranda del barco, cruzando el río de la Plata. Sí, es posible imaginarlos navegando contra viento y marea.

15. Sarmiento muere en Paraguay, a los 77 años, el 11 de septiembre de 1888. Y Aurelia Vélez queda sola.

16. El 25 de mayo de 1900 se inauguró la estatua, que se encuentra en los bosques de Palermo, en honor a Sarmiento. Y valga aclarar que el autor fue, nada más ni nada menos, que Auguste Rodin, el escultor más importante del mundo en ese momento. Bajo la segunda presidencia de Roca se realizó este homenaje en el llamado, por esos tiempos, parque 3 de Febrero, como recordación de la batalla de Caseros, en la que Rosas fuera derrotado por Urquiza. Y valga aclarar, además, que sobre esas tierras de Palermo donde un Sarmiento de bronce camina hacia la eternidad, se encontraba el famoso caserón de don Juan Manuel, a quien Sarmiento siempre consideró inapropiado para el desarrollo de nuestro país.

17. Me alegra que lo recuerden pero a mí no me va a gustar ver su figura tiesa convertida en estatua. Porque ese hombre fue mi hombre. Yo lo abracé y lo besé. Apoyé mi cabeza sobre su pecho y él la sostuvo con sus manos enormes y fuertes. Compartí sus incertidumbres y sus angustias. Lo vi dudar y alegrarse. Tuvimos miedo y muchas veces lloramos juntos. Y ahora quedará hecho estatua en medio de esos árboles de los que tanto me habló y que yo misma lo vi plantar. Dentro de unos años, cuando yo no esté, él permanecerá ahí, quieto, helado. De vez en cuando le llevarán flores y leerán discursos en su pedestal. Pero nadie podrá recordar el calor de sus brazos, la intensidad de su mirada, la ternura de sus palabras. No, no quiero verlo convertido en bronce...". Carta de Aurelia Vélez, desde Europa, en circunstancias del homenaje a Sarmiento.

18. Aurelia Vélez Sarsfield murió el 6 de diciembre de 1924 a los 88 años, acompañada por algunos familiares, casi en soledad y olvidada porque, tal vez, siempre la porteñada quiso olvidarla.

19. Aurelia no fue sepultada en la bóveda de los Vélez Sarsfield. Muchos años más tarde, en 1964, los herederos decidieron que sus restos fueran cremados y depositados en un nicho del que ni siquiera se anotaron los datos exactos de su ubicación. Finalmente, en el 2000, por obrar la fecha de vencimiento administrativo del sepulcro y desconocerse quién había sido esta tal Aurelia Vélez, el destino de sus cenizas fue el osario común del Cementerio de la Recoleta. Y, hoy mismo, ya nadie o casi nadie la recuerda y ya nadie o casi nadie la nombra.

20. Aurelia. Aurelia Vélez. Aurelia Vélez Sarsfield. Más allá de tus huesos, tus cenizas, yo te nombro Aurelia Vélez. Más allá del destierro dentro de estas tierras tan tuyas, yo te nombro Aurelia Vélez, hija de Dalmacio Vélez Sarsfield y Manuela Velázquez Piñero. Más allá de los tiempos, del olvido y la memoria, más allá de la vida y para la eternidad, yo te nombro Aurelia Vélez. Aurelia Vélez Sarsfield, mujer que, enamorada, apoyaste tu cabeza sobre el pecho de Domingo Faustino Sarmiento, el hombre que tanto te amó.

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