Cultura y Libros

Dos rosarinos en las grandes ligas de la música clásica

José Antonio Bottiroli, que murió en 1990, dejó una profusa obra pianística que será registrada íntegramente para un gran sello internacional por otro talentoso instrumentista nacido en la ciudad, Fabio Banegas. El disco se lanza el próximo viernes 13 de marzo, en simultáneo con otro dedicado a trabajos inéditos de Debussy.

Domingo 08 de Marzo de 2020

El pianista rosarino Fabio Banegas está entusiasmado. Los ojos le brillan y se mueve con excitación sobre la silla del café céntrico en el que dialoga con Cultura y Libros. No es para menos: lo que en un principio era para él un sencillo intento de homenaje a su querido profesor José Antonio Bottiroli se ha convertido, de pronto, en un ambicioso proyecto de grabación para uno de los sellos más importantes del globo en el ámbito de la música clásica, Naxos. Mientras sorbe su cortado en jarrita, Banegas —que reside en los Estados Unidos— cuenta la grata historia, cuya primera etapa se concreta este viernes, cuando se lance el primer disco de la que será una continuidad.

¿Qué fue lo que te llevó a interesarte en la obra de Bottiroli?

—Comencé a estudiar piano con José Antonio Bottiroli en marzo o abril de 1984. No mucho después, cuando llego un día a mi lección, lo escucho tocando una composición que me gustó y le digo: "Qué linda música maestro, quién es él es compositor?", y me responde: "Soy yo, si te gusta te hago una copia". Así fue como comenzó mi interés y lo bueno fue que se fue creando un vínculo con el compositor que iba más allá de aprender a tocar el piano, fue aprender a tocar las obras con su propio creador, teniendo a mi disposición al referente absoluto de la obra, al compositor que me exponía lo que quiso expresar con su música. Desde entonces y hasta hoy siempre la música de Bottiroli ha estado presente en mi actividad musical. Recientemente, tuve un replanteo en lo profesional en el que decidí apartarme del repertorio tradicional, primero ofreciendo programas de autores checos menos conocidos como Jríí Benda y Jan Ladislav Dussek —esa fue una suerte de tributo a mi ascendencia checa— para luego dedicarme en forma integral a la obra pianística de Bottiroli, lo que ahora se ha extendido a un repertorio importante que no solo incluye obras suyas sino de otros compositores argentinos como Alessio, Grau, Pallemaerts y Ficher. En tres años ya tengo en repertorio cinco conciertos para piano de autores nacionales.

Contanos algo de tu formación pianística...

— Tengo el recuerdo, siendo muy chiquito, esto es antes de ir al preescolar, de que con insistencia quería escuchar los LP y casetes de música clásica que tenía mi papá y también casi en simultáneo empecé a pedir que me llevaran a estudiar violín. Pero mi abuela Ángela aconsejaba no enviarme a estudiar música hasta que no supiera leer. Como encontrar un maestro de violín no era fácil, un 1º de septiembre, después de haber cumplimentado casi el primer grado —me reservo el año por vanidad—, un mes antes de mi cumpleaños, mis padres me llevaron, en un día de lluvia, a mi primera lección de piano con Norita Irene Rasori que era vecina del barrio y llevaba a sus alumnos a rendir a fin de año al Conservatorio Chopin del profesor Mario Miglietta.

Norita fue mi primera maestra. Bottiroli fue mi primer maestro con formación académica. Era un músico multifacético, era compositor, pianista, director de orquesta y de coros que se había graduado como el mejor alumno de música de su promoción del Profesorado de Música de la Universidad del Litoral. Al terminar el secundario ingresé a la Escuela Universitaria de Música de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. Mi primera maestra fue la profesora Nelly Gabús, que era muy amiga de Bottiroli, y a su vez era asistente del profesor Aldo Antognazzi; de esta forma, aunque era alumno de Nelly, también ocasionalmente me supervisaba el maestro Antognazzi. Nelly Gabús me aportó algo valiosísimo en la formación musical: el rigor y meticulosidad germánica al momento de estudiar una obra. Luego continué los siguientes tres años y terminé mis estudios con Ana María Cué, que me sumó un gran caudal artístico creativo no sólo en lo que se refiere a la interpretación como exploración sonora sino que además me abrió un panorama infinito en la ciencia de la digitación de la obra, enseñanzas que ella misma recibió como discípula de Antonio de Raco; así que podría decir que mi escuela pianística deriva del propio De Raco.

Me siento muy orgulloso de mis profesores de la Universidad de Rosario, creo haber tenido las más destacadas maestras de piano de ese tiempo, pues eran muy competentes por su conocimiento pero también porque demostraban su profesionalismo como intérpretes, ya sea en recitales, en recitales de música de cámara y conciertos como solistas con la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario. Para mí esta es una condición sine qua non para formar alumnos intérpretes. Como la formación musical académica no se limita sólo al instrumento, un gran maestro que aportó muchísimo a mi formación fue el profesor Luis Ángel Machado, que estaba a cargo de la catedra de Análisis Musical. Machado había sido el único alumno argentino del gran compositor francés Olivier Messiaen. En su cátedra se nos enseñaba a disgregar, desmenuzar cada elemento de una partitura y entender la función precisa de cada nota y cada acorde, su constitución y función dentro de la armonía. Esto me sirvió enormemente en mi trabajo como editor musical. También debo reconocer el aporte del profesor Ricardo Vidal, que impartía la catedra de música de cámara, con quien trabajé en dúo con la soprano rosarina Alicia Caruso.

De la UNR me gradué con dos títulos: como licenciado en música en ejecución pianística y como profesor nacional en música. Mi último examen de piano duró casi tres horas, toqué todo el programa de memoria. En realidad el plan de estudio de estas dos carreras era de lo más exigente. Apenas graduado de la UNR viajé a Estados Unidos en una gira de concierto colaborando con la destacada soprano, compañera y amiga Alicia Caruso, que había sido invitada a actuar en el Schubert Club de Saint Paul, Minnesota. Ya en California, ingresé a la Universidad del Estado de California de Fullerton (CSUF) donde obtuve mi Maestría en Música (MM) estudiando piano con Susan Svrček, uno de los proponentes más importantes en Estados Unidos de la interpretación de música

—¿Cómo fue que se produjo el contacto con el prestigioso sello de música clásica que es Naxos?

— Fue por iniciativa del musicólogo argentino residente en Bélgica Diego Orellana, que tomó la decisión de escribirle al representante de Naxos en Alemania, a quien no conocía, con una breve descripción del material. Naxos se interesó y pidió que se le enviaran tres pistas, que fueron también seleccionadas por el mismo Orellana. Diego es un destacadísimo musicólogo argentino que obtuvo la maestría en musicología de la Universidad de Colonia en Alemania, y es un gran defensor de la música académica argentina. Ha publicado recientemente en la Editorial Golden River Music, de Bélgica, una antología de veinticuatro obras maestras del repertorio musical argentino académico, todas obras inéditas y nunca grabadas, que comprende obras sinfónicas, un ballet, música de cámara, música vocal, y también incluye los dos volúmenes de la obra integral para piano de Bottiroli. Diego sabía que yo había grabado dieciséis obras de Bottiroli: los quince valses para piano más una obra titulada Papirola, que lleva la indicación Tempo di Valzer y que Bottiroli dedicó a don Alberto Muzzio, pero como es muy común en mí no la promocioné ni busqué representación de un sello discográfico. Entonces fue Diego el que se ocupó, porque anhela que las partituras que él publica reciban su debido estreno en el escenario y lleguen a ser grabadas.

Entonces, después de que Diego elige y envía las tres pistas solicitadas por Naxos Alemania, desde Alemania son enviadas a Hong Kong, en donde está la casa matriz de Naxos. Todo esto ocurió en febrero de 2019. En julio Naxos le notificó a Diego que querían lanzar el álbum de los valses de Bottiroli, pero que además querían lanzar en subsecuentes discos la obra completa. Yo estaba desbordado de felicidad y no lo pude creer hasta que llegó el contrato y se firmó. Naxos designó este proyecto para su división Grand Piano, que se especializa en repertorio inédito. El sello posteriormente quiso que el disco alcanzara una hora de duración, tenía solo cincuenta minutos; así que me pidieron que agregara al menos otros diez minutos de música, pero terminé agregando quince con un sentido curatorial, complementando los valses con otras obras en las que Bottiroli se inspiró en el vals, tales como la colección de diez microvalses y la Paráfrasis sobre el tema de un vals de Antón Arensky. Este primer disco se lanza internacionalmente el próximo 13 de marzo y en simultáneo con un álbum de obras inéditas e inconclusas de Claude Debussy titulado The Unknown Debussy (El Debussy desconocido) interpretadas por el gran pianista francés Nicolas Horvath. Me emociona que nuestro querido Bottiroli saldrá en Naxos Grand Piano de la mano de Debussy. Es realmente increíble. Él, por supuesto, nunca se hubiera imaginado una cosa así.

—¿Cuáles son tu expectativas en relación con el disco?

—Mi mayor deseo es que todo este trabajo realizado con la obra de Bottiroli trascienda y que inspire a otros pianistas a estudiarla presentándola en recitales. Con el lanzamiento internacional de este primer disco y con la disponibilidad de las partituras a través de la editorial Golden River Music en Bélgica estoy seguro de que lo vamos a conseguir. Si logramos que esto ocurra sabremos por cierto que la obra de nuestro querido maestro seguirá resonando para siempre y que ya no necesita de mí. Al margen de esto, para mí en lo profesional es un aliciente para continuar con mi trabajo en la senda que me he trazado: estoy haciendo lo que debo hacer.

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