Cultura y Libros

América Latina, bajo la mirada lúcida e implacable de un gran historiador

En ¡Viva la revolución!, editado por Crítica, Eric Hobsbawm vuelve a dar pruebas de su perspicacia y hondura a la hora del análisis político desde una perspectiva de izquierda.

Domingo 03 de Febrero de 2019

El británico Eric Hobsbawm (1917-2012) fue uno de los grandes historiadores del siglo pasado. Sin embargo, este reconocimiento de su valor debe incluir, además, una aclaración fundamental: sus enormes aportes no se limitaron a un ámbito al que podríamos denominar "académico", ya que Hobsbawm fue y continúa siendo leído por un público amplísimo, que desborda con largueza los límites de su especialidad e incluye, en algunos casos, a aquel a quien suele denominarse —erróneo desprecio de por medio— el "lector común".


!Viva la revolución!, recientemente editado por Crítica en la Argentina EM_DASHdato ciertamente valiosoEM_DASH, consiste en una compilación de los mejores textos que Hobsbawm dedicó a América Latina. Esta remota región del globo captó su atención desde su llegada a Cuba en 1960, en pleno período de enamoramiento de la izquierda mundial con la revolución liderada por Fidel Castro y el Che Guevara. Desde entonces, y hasta 2002, el historiador le dedicó su atención a ese enorme espacio geográfico, prácticamente unificado por la lengua española, que nace al sur del río Grande y llega hasta Tierra del Fuego.

Después de recorrer estos ensayos, mayoritariamente publicados en revistas, difícilmente pueda evitarse la melancólica sensación de que el siempre lúcido Hobsbawm tuvo razón en la inmensa mayoría de los casos. Por ejemplo, cuando en 1973 lanza una sombría advertencia acerca de "la subestimación (por parte de la izquierda latinoamericana, sobre todo la guerrilla) de los poderes del gobierno, una vez que decide movilizarse plenamente contra los grupos armados, abandonando las limitaciones parlamentarias y legales". No hace falta aclarar, acaso, que parece estar describiendo el panorama de la Argentina después del 24 de marzo de 1976.

Ferozmente crítico del foquismo guevarista (al cual tilda, sin medias tintas, de "lunático"), Hobsbawm vuelca la mayor parte de sus esperanzas sobre el campesinado latinoamericano, al cual ve con un potencial revolucionario superior al del proletariado urbano. Así, los casos de México, Colombia, Perú y el nordeste brasileño son desmenuzados con una mezcla de rigor y perspicacia, no ajena a una saludable dosis de escepticismo. El Chile de Allende también es objeto de un análisis tan certero como, en última instancia, arrasadoramente triste. En 1971, Hobsbawm fue claro al anunciar que las posibilidades de construir el socialismo en ese país por la vía democrática eran escasas.

"Los grandes cambios sociales no se pueden imponer desde arriba. La gente para la cual se ponen en marcha los debe hacer propios", dispara en cierto momento, con su habitual sencillez, antes de advertir: "La izquierda marxista en América Latina nunca ha estado en condiciones de apostar por el favorito. En todos los países, menos en uno o dos, sus fuerzas y apoyo de masas han sido relativamente insignificantes, y raramente, incluso en situaciones revolucionarias, ha podido establecer la iniciativa, y mucho menos la hegemonía, como un movimiento organizado. Por lo tanto, en general se ha visto obligada a mantenerse pura y no muy efectiva, y unirse a grandes movimientos políticos en los que no tomó la delantera y cuya forma no pudo determinar".

En el cierre del libro, por fortuna, Hobsbawm contempla las supuestas ventajas de vivir en este rincón del globo: "La xenofobia popular generalizada de Europa y América del Norte parece ausente en América Latina", escribió en 1985. La pregunta que queda flotando es: ¿lo hubiera hecho cambiar de opinión el triunfo de Bolsonaro?


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